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Armstrong, Sastre y Basso inician hoy en Venecia la edición centenaria de la 'corsa rosa', que rueda desde 1909

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La gestación del Giro comenzó con el tamborileo de un telégrafo. Cuando Tullo Morgagni alertó el 5 de agosto de 1908 a Armando Cougnet, su jefe en el periódico 'La Gazzetta dello Sport': «Improrrogable. La 'Gazzetta' tiene que lanzar cuanto antes el Giro de Italia». Ahí empezó todo. Por una cuestión de espionaje periodístico. Otro diario, el 'Corriere della Sera', andaba detrás de un proyecto similar, en colaboración con la firma de bicicletas Bianchi. La 'Gazzetta', aliada a Atala, otra marca de bicis, lo anunció antes: telégrafo al sprint. El 13 de mayo de 1909, a las tres de la madrugada, 127 corredores se reunieron en la plaza di Loreto, en Milán. Les esperaban los 397 kilómetros de aquel primer día. Casi quince horas de pedaleo hasta Bolonia. El 30 de mayo, cuando a Luigi Ganna le preguntaron qué sentía al ser el primer ganador del Giro, respondió: «Me duele el culo».
Hoy, sobre la pecera de Venecia, el Giro cumple cien años. En lugar de velas, habrá veinte kilómetros contrarreloj por escuadras en la ciudad sumergida. En el agua y en el tiempo. Armstrong, Sastre, Basso, Cunego, Leipheimer, Di Luca, Menchov y Simoni seguirán hasta el 31 de mayo la rodada que allí dejaron Ganna, Binda, Bartali, Coppi, Anquetil, Merckx, Hinault, Induráin, Pantani y Contador, el último vencedor.
A este Giro del Centenario le ha tocado cambiar: el final será en Roma, no en Milán. Tendrá pronto, en la cuarta y la quinta etapas, dos finales en alto (San Martino di Castrozza y Alpe di Siusi). Habrá mil emboscadas. También un guiño al pasado: la decimoprimera etapa, entre Cuneo y Pinerolo, de 262 kilómetros. Recorrido con talla de blanco y negro. Recuerdo de 1949, de aquella aventura de Coppi, escapado durante 192 kilómetros. Solo frente a la cimas de Vars, Izoard y Note Genevre. Vencedor con doce minutos sobre su rival íntimo, Bartali.
Tremenda contrarreloj
De esa época parece la contrarreloj de la decimosegunda etapa: 60 kilómetros y dos puertos. Para el final del Giro quedarán tres metas en alto: Monte Petrano, Blockhaus (uno de los puertos de José Manuel Fuente) y la ascensión al Vesubio. Roma dejará 14 kilómetros contrarreloj para el último día. La ciudad monumental recogerá a su gran carrera. La Italia del Giro de Italia. Dice Bruyneel, mánager del Astana, que «es imposible» que gane Armstrong. Sastre, la baza española, anuncia que acude motivado. «Porque es la única 'grande' en la que no me he hecho podio». Palabra de dueño del Tour.
También es la primera ocasión para ver a Sastre líder en Italia. Debutó en el Giro como gregario de Jalabert. Luego escudó a Hamilton y más tarde a Basso. «El Giro es una carrera de supervivencia, con maratones de más de 250 kilómetros, con muchos traslados, con contrarrelojs como la de este año y con la manera de correr de los italianos: se sale deprisa, se hace la escapada y al final las dos últimas horas son vertiginosas». Es su radiografía. Con el abulense del Cervélo estarán el Caisse d'Epargne, el Fuji y el Xacobeo Galicia. Sobre la huella que en 1931 dejaron los primeros españoles, Cardona y Montero. O de Fuente. El mito del cigarrillo en los labios. El fumador asturiano que zarandeó a Merckx en cada puerto, en el Blockhaus, en el Stelvio; que ganó cinco etapas en 1974 y lo perdió todo por una 'pájara'... O de Induráin, claro, el primero en ganarlo. O de Contador, el último. Cabe tanto en cien años de Giro.
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