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Política

TOMA DE POSESIÓN | EL AMBIENTE

La entrada de invitados a la Casa de Juntas fue seguida por un público numeroso y expectante, que acompañó con aplausos y algún abucheo el desfile socialista

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El público que aguardaba a las puertas de la Casa de Juntas de Gernika hizo de termómetro. En función del invitado, aplaudían más o menos. Silbaban más o menos. O, simplemente, seguían con expectación el pasacalles porque tampoco es que fuera una tribuna especialmente ruidosa. No había hooligans, aunque se escuchó algún 'kanpora'. Y entre autoridad y autoridad se guardaba un respetuoso silencio, para lo que quizá contribuía la presencia de antidisturbios de la Ertzaintza en la acera. Con mayoría de simpatizantes socialistas, los más aplaudidos fueron Patxi López, que entró en el recinto de la mano de su mujer, Begoña Gil. Los vicepresidentes María Teresa Fernández de la Vega y Manuel Chaves también recibieron palmas. Y algún pito. Pero por encima de todos ellos surgió la figura de un invitado que se llevó la ovación más unánime: Miguel Ángel Revilla, el simpático presidente de Cantabria.
Precedido por cargos institucionales del PNV, Revilla llegó en coche oficial, no en taxi. Entró solo, con gesto distendido, con la intención de dar un abrazo a Patxi López. Se declaró «feliz» por el cambio político en el País Vasco, del que destacó «la mayor beligerancia contra ETA», y aseguró que la toma de posesión del líder del PSE era el acto de este tipo «más importante» al que ha acudido en su vida, «quitando» su propia investidura.
La primera medida que planteará al lehendakari será la celebración de un encuentro «bilateral Cantabria-Euskadi». «Somos comunidades autónomas hermanas que tenemos problemas comunes: Educación, Sanidad, la anchoa, la leche...». Ayer no vino con su tradicional regalo, pero ya le tiene preparada a López la consabida bolsa con anchoas de Santoña y queso picón de Tresviso, «mezcla de oveja, cabra y vaca al 33%, el mejor queso azul del mundo», aclara. ¿Dónde podría celebrarse la cumbre? En un sitio «intermedio». El líder del partido regionalista confesó que le gusta la playa de Noja: «Como sólo hay vascos, los cántabros no me piden carreteras ni otras cosas».
Otros presidentes autonómicos que acudieron a la cita fueron Pedro Sanz (La Rioja), Juan Vicente Herrera (Castilla y León), Marcelino Iglesias (Aragón), José María Barreda (Castilla-La Mancha) y Vicente Álvarez Areces (Asturias).
En la entrada, la presidenta de las Juntas Generales de Vizcaya, Ana Madariaga, recibía a las principales autoridades, mientras que el próximo consejero de Interior, Rodolfo Ares, daba la bienvenida poco antes del acceso al salón de plenos. A su lado, de manera discreta, aguardaba emocionado Roberto Álvarez, tío de Patxi López -es hermano de su madre-. El hombre estaba hecho un flan, con el lagrimal encendido. Terminado el acontecimiento no podía evitar que se le escurrieran las lágrimas. «Es que esto es un orgullo para la familia». Fue el único pariente directo del nuevo lehendakari que acudió al acontecimiento. Su madre lo siguió de nuevo por televisión, desde el domicilio de Portugalete. Roberto Álvarez se acordaba de cuando un joven López cogía las vacaciones en el instituto y viajaban juntos para visitar a sus padres, desterrados en Almería y Cáceres.
Patxi López llegó puntual acompañado por Begoña Gil, que lucía un elegante abrigo azul. Los aplausos no se hicieron esperar. Sin embargo, no todo fueron palabras de ánimo. Junto al «ari, ari, ari, Patxi lehendakari», acuñado en la campaña electoral, se escucharon los abucheos de sus detractores. López, sonriente, no lo dudó. Se aproximó hasta el cordón policial para dar la mano a varias personas. «Este sí que es nuestro lehendakari», comentaba un gernikarra.
Vecinos de otros pueblos
También se acercaron numerosas personas de municipios colindantes. «No queríamos perdernos esta oportunidad», señalaba Maite, natural de Lekeitio. Muchos creían que nunca vivirían un momento así. «Hemos esperado treinta años para ver por fin a un lehendakari que apuesta por la paz y la libertad en Euskadi. Y eso es decir mucho», añadía. Para Julio, un vecino de la villa foral, el nombramiento de un lehendakari que no sea nacionalista es «algo que debería ser un ejercicio normal de alternancia, en lugar de suponer un 'funeral' para algunos». «Hacía falta un cambio, un cambio para mejor», sostenía. Está claro que la casa del pueblo era el hogar de la mayoría del público.
No así los batzokis, pues Ibarretxe entró de forma discreta, sin aplausos ni reproches. Por parte del PNV acudió el grupo parlamentario, los tres diputados generales -José Luis Bilbao (Vizcaya), Markel Olano (Guipúzcoa) y Xabier Agirre (Álava)- y los consejeros salientes. Lógicamente, la parte más bulliciosa estuvo en el PSE, que convirtió el momento de las fotos de recuerdo con el nuevo lehendakari en una ceremonia típica de las bodas. Posando con unos y con otros, incluida la delegación del PP. Los populares repitieron con Mari Mar Blanco la fotografía que inmortalizó junto al viejo roble en 1995 a su hermano Miguel Ángel y los jóvenes que ahora dirigen el partido.
También asistieron los parlamentarios de Aralar, EA y EB; los ex lehendakaris José Antonio Ardanza y Carlos Garaikoetxea; asociaciones de víctimas del terrorismo; el Ararteko, Íñigo Lamarca; el rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia; y el presidente en funciones del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Fernando Ruiz Piñeiro, entre otros. Por primera vez acudieron la patronal y sindicatos, representados por los secretarios generales de Confebask, José Guillermo Zubia, y de CC OO, Unai Sordo.
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