Cambiaron las tornas. Por primera vez en público, Juan José Ibarretxe se dirigió ayer a Patxi López por el nombre del cargo que él ha ejercido durante los últimos diez años. «Lehendakari, egunon», le dijo a la entrada de la Casa de Juntas de Gernika poco antes de las once de la mañana. Del «señor López» con el que se refería al candidato socialista en el agrio debate de investidura celebrado hace tres días, el representante del PNV pasó a la cortesía parlamentaria en la política de gestos.
Makila en mano, Ibarretxe entró solo en el emblemático recinto que cobija los árboles de Gernika y fue directo a su sucesor, que le esperaba en compañía de la presidenta de la Cámara, Arantza Quiroga. «Lehendakari, egunon. Zelan?». «Ondo», le respondió su sustituto. Tras saludar a Quiroga, caminaron juntos por la vereda que conduce al salón de plenos para pronunciar la promesa. Protocolo obliga.
Fin de un ciclo. En apenas tres días de escenificaciones, Ibarretxe se ha despedido del Parlamento, de Ajuria Enea y de la makila; en suma, de una década de liderazgo al frente del Gobierno vasco. En el interior del hemiciclo, protagonizó el poderoso símbolo de la cesión del bastón de mando e intercambió unas breves palabras con Patxi López, quien saludó a la concurrencia desde el centro de la 'arena', apoyado en la vara de madera de níspero. Como el resto de sus compañeros, el ya ex lehendakari siguió con gesto serio y sin palmas de reconocimiento el desarrollo de la sesión. Cortés, pero distante.
Fuera, bajo un retoño del viejo roble, Ibarretxe, siempre rodeado por la delegación parlamentaria del PNV y los consejeros que han formado su último Ejecutivo, vio cómo López cambiaba algunas de las simbologías más arraigadas en el universo nacionalista. Sustituyó el txistu del aurresku por el oboe. El gerriko del dantzari por una camisa holgada. Las expresiones religiosas por las citas literarias. La jura 'Ante Dios humillado' por una promesa de respeto a la ciudadanía vasca. La Biblia por un ejemplar especial del Estatuto de 1979, de portada en chapa de acero en homenaje a la era industrial, especialmente notoria en la margen izquierda.
Lágrimas
Tampoco es que fuera una ceremonia transgresora por mucho que al político de Portugalete le gusten Los Punsetes y se despierte con la canción de Bob Dylan 'Knocking on Heaven's Door' -'Llamando a las puertas del cielo'-, ya que el acto respetó otras tradiciones. De todas formas, para transgresor, los pelucones, plumas y capas decoloradas de los seis maceros reales, dos por cada territorio histórico.
López, asesorado por el artista José Ibarrola, renovó la simbología que acompaña la toma de posesión. Un ejemplo fue el tomo del Estatuto. El lomo del libro, con la costura vista, recuerda la posibilidad «siempre abierta» de transformación y cambio. El ejemplar ha quedado a recaudo del Parlamento.
Al término de estas novedades, volvieron las costumbres. Se cantó el 'Gernikako Arbola', con reparto incluido de 'chuletas' en las filas del PSE. Y luego sonó el himno de Euskadi, el 'Gora Ta Gora'. Pese a la frialdad con la que la delegación nacionalista asistió al acontecimiento, algunos cargos como Idoia Zenarruzabeitia entonaron tímidamente una canción a la que Sabino Arana había incorporado letra en su día. Hubo llantos, no de alegría, como ocurría en las filas del PSE durante toda la jornada, sino más de tristeza en el entorno del PNV. A varios simpatizantes jeltzales que acompañaban a Ibarretxe en su despedida se les saltaban las lágrimas. Día de emociones en los dos casos. Alguien las ocultó con unas gafas,
Tras esta pieza, la comitiva del PNV, siempre haciendo piña, rompió filas discretamente. No tardó mucho. En cuanto el lehendakari saliente acabó de saludar a los ertzainas que forman la banda de música, cosa que también hizo Javier Balza, el grupo enfiló la salida. Ibarretxe se despidió de varias personas por la vereda de la Casa de Juntas, flanqueado por Joseba Egibar y Andoni Ortuzar. Se fue y López se quedó.