Apenas doce horas después de la investidura del socialista Patxi Lopez como lehendakari, ETA quiso ayer dar muestras de su actividad terrorista. Reapareció en Castro Urdiales con un atentado contra un repetidor de telefonía móvil situado en el monte La Granja, entre esta localidad cántabra -fronteriza con Vizcaya- y Guriezo. La explosión de un artefacto provocó daños de escasa cuantía en uno de los pilares de la estructura metálica que sujeta la antena y no llegó a interrumpir el servicio telefónico en la zona.
La bomba estalló alrededor de las siete de la mañana, aunque el ataque no fue detectado hasta la una de la tarde, cuando un vecino que paseaba por el monte encontró un cartel junto al vallado de la antena con la frase: 'Peligro. Bomba. ETA'. Esta persona telefoneó a los servicios de urgencia y a continuación la Guardia Civil envió un equipo de desactivadores pare examinar el repetidor.
Según las primeras indagaciones, los terroristas cortaron con cizallas la tela mecánica que rodea la instalación. Una vez dentro, dejaron la bomba en una de las patas metálicas que soportan la antena. El lugar del atentado es una zona aislada, utilizada habitualmente por senderistas, por lo que los etarras no tuvieron ningún problema para acercarse hasta allí de noche y colocar los explosivos. La detonación pasó desapercibida, ya que no hay viviendas en las inmediaciones.
La Guardia Civil calcula, en una primera estimación, que la bomba podía estar cargada con entre tres y cinco kilos de un explosivo aún por determinar. La detonación destrozó la pata metálica y causó daños en el muro exterior del edificio que cobija la maquinaria del repetidor.
Alerta policial
En la confusión de los primeros momentos se creyó que existía otra bomba en un segundo repetidor. No obstante, la delegación del Gobierno en Cantabria descartó la existencia de un artefacto distinto al de Castro Urdiales.
El ataque guarda similitudes con la última acción terrorista cometida por la banda, registrada el 26 de marzo. En esa ocasión, los etarras colocaron una pequeña bomba junto a la vivienda de un empresario de Amorebieta. Los terroristas aprovecharon la noche para llevar a cabo su ataque y la explosión fue tan pequeña que los inquilinos no se percataron de ella. Tan sólo algunos residentes de las inmediaciones escuharon la detonación.
Esta acción evidenció que la banda contaba con infraestructura activa en Vizcaya, pese a la presión policial llevada a cabo desde comienzos de año en el territorio histórico.
Las fuerzas de seguridad se encuentran en alerta ante la posibilidad de que los terroristas intenten cometer un atentado con motivo de la investidura de Patxi López como lehendakari. En su último comunicado, la banda ya colocó en su diana a todo el Ejecutivo socialista. La primera valoración de los expertos antiterroristas se centra en que ETA podría intentar atentar en esta semana -tanto por la votación anteayer en el Parlamento como por la ceremonia de promesa del cargo, hoy, en Gernika- para hacerse presente en unos días claves de la política vasca.
La confirmación de las intenciones etarras se obtuvo el 18 de abril, cuando una operación del Cuerpo Nacional de Policía permitió detener en Francia al jefe militar de la banda, Jurdan Martitegi, durante una reunión con un miembro 'legal' en la que planeaban comenzar una campaña de atentados. Según las diligencias judiciales, el jefe del talde, el joven vitoriano Alex Uriarte, iba a recibir una furgoneta bomba en los primeros días de mayo con la que debía cometer un ataque en el País Vasco. La documentación incautada no permitió establecer con precisión cuál iba a ser el objetivo de los terroristas, aunque el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró que las evidencias apuntaban a que podrían intentar utilizar el vehículo en las fechas próximas a la investidura de Patxi López.
El atentado de ayer en Castro es el segundo que se produce en Cantabria desde que ETA hiciera estallar un coche bomba en el edificio del Patronato Militar de Santoña, en septiembre de 2008, causando la muerte del brigada Luis Conde de la Cruz.