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el avispero afgano

Clinton expresa su pesar por la muerte de cien civiles en un bombardeo de EE UU durante su reunión con Karzai y el presidente paquistaní

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Era una imagen inusual, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pidiendo perdón por la masacre de civiles que dejaron el lunes las fuerzas estadounidenses en Afganistán. Disculpas que no oirán los cien muertos, pero que calmaron el ánimo del primer encuentro tripartito entre EE UU, Pakistán y Afganistán.
«Quiero expresar mi pesar a nivel personal y ciertamente las condolencias de nuestro Gobierno por la pérdida de vidas civiles en Afganistán. Lo lamentamos muchísimo», entonó Clinton. «No conocemos todas las circunstancias o las causas, así que habrá una investigación conjunta entre ambos gobiernos. Pero cualquier pérdida de vidas humanas, cualquier pérdida de vidas inocentes es particularmente dolorosa. Quiero decir a los pueblos de Afganistán y Pakistán que trabajaremos muy duro con sus gobiernos y sus líderes para evitar la muerte de inocentes. Y lamentamos profundamente, muy profundamente esas pérdidas», reiteró.
El propósito de enmienda manifestado por Clinton fue corroborado horas después por el propio Barack Obama. Tras la reunión con los líderes de Afganistán y Pakistán, Hamid Karzai y Asif Ali Zardari, el presidente estadounidense se comprometió a adoptar «todos los esfuerzos posibles para evitar bajas civiles» en la lucha contra los grupos extremistas.
Su postura refleja sin duda un cambio de actitud frente a la Administración Bush, aunque en la práctica ésta pueda ser la mayor masacre de civiles en Afganistán. Al menos desde agosto del año pasado, cuando la ONU contó noventa muertos en Azizabad, si bien EE UU sólo admitió una treintena.
La masacre de Granai, en el distrito de Bala Baluk, a lo largo de 12 horas de bombardeos, ha sido documentada por la Cruz Roja, que tiene a un voluntario y a trece miembros de su familia entre las víctimas que se refugiaban en una casa. «Lo que nuestro equipo vio fueron docenas de cuerpos, fosas y gente preparando los funerales», dijo en entrevista telefónica con 'The New York Times' Jessica Barry, portavoz de la organización desde Ginebra. «No es la primera vez que pasa esto, pero ciertamente es uno de los incidentes mayores y más serios que hemos visto en mucho tiempo».
Furiosos, los supervivientes llevaron hasta las oficinas del gobernador de la provincia de Farah un camión con una veintena de cadáveres, la mayoría mujeres y niños, para probar ante él las acusaciones. Según los vecinos, la cuenta de muertos oscilaba entre setenta y cien pero, como siguen apareciendo cuerpos entre los escombros, ayer se calculaban ya 130. Así lo contó el gobernador al Parlamento afgano en una llamada telefónica conectada a los altavoces del hemiciclo.
La versión del general David McKiernan es que el dirigente afgano llamó a la aviación americana después de que los talibanes llegaran al pueblo, decapitaran a tres civiles y atacaran un puesto policial. Los lugareños dicen que se instó a mujeres, ancianos y niños a refugiarse en casas de seguridad que luego bombardearon los aliados.
Acuerdo a tres bandas
Fue la sombra que sobrevoló ayer sobre los acuerdos tripartitos entre EE UU, Pakistán y Afganistán. Por primera vez los líderes de estos dos últimos países se dieron la mano en la Casa Blanca y se llamaron «hermano» el uno al otro. Clinton, involucrada personalmente con Asif Ali Zardari por la relación que tenía con su viuda Benazir Bhutto, se congratuló por este importante paso de reconciliación que a, su juicio, facilitará la cooperación entre ambos países para combatir la amenaza común de los talibanes.
Sólo en las últimas 24 horas 40.000 personas han huido del valle de Swat, de donde ya se habían ido 50.000 la semana pasada. Para cuando los combates lleguen a su eclosión, el Gobierno paquistaní calcula que habrá medio millón de desplazados. Pero con los talibanes imponiendo la ley islámica a latigazos a sólo cien kilómetros de Islamabad, los tres gobiernos coinciden en que hay que detenerlos. El presidente Barack Obama no dudó en recibir personalmente a ambos líderes y ofrecerles toda su ayuda.
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