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Política

CAMBIO HISTÓRICO EN EUSKADI

Begoña Gil estuvo en un segundo plano y sólo evidenció su emoción tras la investidura de su marido
06.05.09 - 08:36 -

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La discreta presidenta
La concejal bilbaína y esposa del nuevo lehendakari sonríe desde la tribuna de invitados del Parlamento. / EFE
La política causa grandes mutaciones. Y desde tiempos pretéritos se sabe que es un oficio voluble. Ayer, sin ir más lejos, Ibarretxe entró por la mañana en el Parlamento vasco como lehendakari y salió a la noche como desempleado (de la política, se entiende). Begoña Gil, en cambio, llegó a la Cámara en calidad de concejal de Bilbao y la abandonó convertida en primera dama vasca. Para que esto sucediera tuvo que producirse a su vez una tercera transformación: la de su marido, Patxi López, que se levantó de la cama con el sueño de ser el primer lehendakari socialista de la reciente democracia y se acostó con él hecho realidad.
A Obama le ocurrió hace poco algo parecido, pero que nadie haga comparaciones. En Vitoria, por ejemplo, no hubo entre la pareja presidencial un flagrante intercambio de miradas cómplices a lo largo de la jornada colmatadas por un gran beso conyugal al final de la sesión de investidura; sí, hubo un ósculo emocionado, pero no de esa clase que el espectador espera justo antes de los créditos. Los vascos son otra cosa en esto del trabajo. Al Parlamento se va a currar y punto. Hubo quien en los pasillos apostaba por una más contemporánea versión Sarkozy-Carla Bruni. Tampoco. López es de Coscojales, Portugalete, y Begoña, más que dejarse querer por las cámaras, las rehuía. Tampoco deja de tener su glamour, políticamente hablando, que unos López-Gil ocupen Ajuria Enea.
«Me abruma tanta atención». Fue una de las escasas confesiones que la edil bilbaína se permitió durante la sesión de investidura de su pareja, a la que asistió impertérrita desde la tribuna de invitados rodeada de cargos socialistas. Y eso que no resultaba nada sencillo descubrirla. Ataviada con un vestido oscuro, se fundió con el sobrio decorado del hemiciclo -el color de la ropa ayudó- y logró mantenerse en un muy discreto segundo plano en las casi doce horas de tramitación parlamentaria. «Intentaremos llevar las cosas con calma; diferenciar cada esfera aunque es difícil», admitió en "petit comite" en un receso. Begoña Gil ha rehusado las ofertas de varios medios para relatar su nueva vida como consorte del lehendakari. «No queremos entrar en ese círculo».
Ella y Melchor Gil, su hermano, acompañaron familiarmente al líder del PSE en la investidura. La concejal salió a fumar un par de veces durante la tarde -no a la calle, donde estaba la Prensa, sino a los despachos del PSE-, abandonó el Parlamento a la hora de comer minutos antes que su marido, sólo gesticuló mientras el peneuvista Joseba Egibar tronaba desde el estrado y en algunos momentos de la mañana se la vio enfrascada en la lectura de una copia del discurso de Patxi López (¿es que este hombre no ensaya delante del espejo en casa?).
Atenta a su intervención, sólo le pudo distraer en contadas ocasiones su compañera de sillón, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín. Las dos parecían relajadas. Si quitabas el hemiciclo y a los políticos trajeados, aquello podía pasar por un café irlandés. «Él lo lleva con tranquilidad. Patxi sabe no ponerse nervioso en los momentos de mayor nerviosismo», confesaba Begoña a este periódico. «Yo tengo una contradicción de sentimientos; emoción, calma, respeto... Ahora es cuando todos nos iremos dando cuenta de la dimensión política del cambio. Después de treinta años se produce la alternancia, va a airearse el país». Está convencida de que la sociedad «ya ha empezado a percibir el cambio y lo notará más cuando ahora vea que el Gobierno se ocupa de los problemas cotidianos y el país funciona con normalidad».
La cuestión es con cúal de las dos "begoñas" se siente más cómoda Begoña Gil. Decidida a mantener su cargo en el Ayuntamiento, reconoce que «he notado la presión en los últimos tiempos, pero quedan dos años por delante en la Corporación y es imposible mantener un perfil plano en ese tiempo. Además, se trata de diferenciar las dos cosas».
Ayer, la edil era sin dudas la orgullosa esposa del jefe del Ejecutivo. Pudo visualizarse cuando éste fue investido y a ella se le desbordó la emoción. Su beso fue también el de todo El Batán extremeño, donde viven varios de sus ascendientes y consideran al lehendakari un hombre enamorado del pollo frito que recoge la mesa después de comer.
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