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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 abril 2014

Política

RELEVO EN AJURIA ENEA

El candidato del PSE se convierte, con el decisivo apoyo del PP, en el primer socialista que accede a la Presidencia del Gobierno vasco
06.05.09 - 10:10 -

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El lehendakari López certifica el adiós de Ibarretxe
EMOCIÓN. Patxi López no puede ocultar sus sentimientos tras ser elegido nuevo lehendakari. Detrás, Isabel Celaá y Rodolfo Ares aplauden. /Ignacio Pérez
El reloj del Parlamento marcaba las 20 horas, 15 minutos y 23 segundos. Arantza Quiroga, presidenta de la Cámara autónoma, anunciaba que Patxi López era investido lehendakari. El líder del PSE descendió de su escaño. Lo mismo hizo Juan José Ibarretxe. Situados uno frente al otro, ambos se encontraron justo en mitad del salón de Plenos. Se abrazaron marcando las distancias mientras mantenían una breve conversación de apenas diez segundos. Fría cordialidad. López volvió a su escaño. Con efusividad se abrazó a Jesús Eguiguren, Rodolfo Ares y José Antonio Pastor. Luego estrechó la mano del resto de parlamentarios. Subió al despacho de su grupo. La emotividad se desbordó. Mikel Torres, alcalde de Portugalete y uno de sus hombres de confianza, estalló en lágrimas, lo mismo que Eider Gardeazabal, nieta de Ramón Rubial; lo mismo que Aitor Casado, líder de Juventudes. Entre la multitud apareció Begoña Gil. Un beso. Faltó poco, pero no lloraron.
La escena duró poco más de quince minutos y fue el colofón a una jornada que pasará a la historia. La primera vez que un socialista es nombrado lehendakari tras pasar por las urnas y la primera en que otro lehendakari, el saliente, anuncia en una sesión de investidura su marcha. Porque esa fue la sorpresa que tenía guardada Ibarretxe. Las especulaciones terminaron. No será jefe de la oposición. «Mis últimas palabras son para despedirme. Voy a iniciar una nueva etapa en mi vida. Aquí empecé a hacer política y aquí voy a dejar de hacer política», proclamó poco después de las siete de la tarde en su última intervención.
Fueron los dos momentos de mayor carga emotiva de un Pleno cargado de expectación -500 invitados y 300 periodistas acreditados-, simbolismo y tensión. La Cámara de Vitoria fue el escenario donde se vivió el ocaso de una época y la apertura de una nueva. La resignación, y por momentos enfado no contenido del PNV, y el alborozo socialista. Una sesión de palabras ásperas, en la que se vieron pocas señales que auguren un acercamiento entre los socialistas y jeltzales. A día de hoy, la sima que los separa es ancha y profunda. Imposible construir puentes.
El final era de sobra conocido. Hacía semanas que todos los partidos se habían retratado. El sentido del voto de cada grupo era público y la firma del acuerdo entre el PSE y el PP había allanado a López el camino a Ajuria Enea desde hacía más de un mes. Se sabía que, salvo sorpresa mayúscula, el líder del PSE iba a ser nombrado lehendakari con el apoyo de su partido, los populares y UPD. En total, 39 votos. Mayoría absoluta. Y así fue. Ibarretxe sumó los del PNV, Aralar y Eusko Alkartasuna. Se quedó en 35. El representante de Ezker Batua, Mikel Arana, se abstuvo.
Sobre el papel había dos candidatos a ocupar la Lehendakaritza. Pero la estructura de sus discursos dejó claro que ambos eran conscientes de que sólo había un ganador posible. Durante hora y media -el tope que tenía asignado-, López desgranó el programa de su futuro Gobierno, aunque, bien es cierto, ofreció pocas novedades sobre lo ya anunciado en campaña electoral.
Fue el discurso del que se sabe vencedor. Rememoró los orígenes obreros de su partido, apeló a la unidad de todos los vascos, recordó a las víctimas del terrorismo y sostuvo que su gabinete será «fuerte, sólido y estable». Aseguró que combatirá la crisis económica, enumeró sus propuestas para sanidad y educación, defendió la vigencia del Estatuto de Gernika e hizo especial hincapié en la deslegitimación del terrorismo. «El gran triunfo de los terroristas no se basa sólo en los asesinatos cometidos, sino en su intento de petrificar miles de corazones vascos», proclamó López, quien abogó por la «rehumanización» de la sociedad vasca frente al dolor generado por la violencia. Y aunque recordó el pasado, miró al futuro.
Al servicio de Madrid
El eje central de Ibarretxe fue otro: una retahíla de reproches de todo tipo hacia el candidato socialista y una deslegitimación radical de lo que estaba aconteciendo en la sede del Legislativo. Por momentos, de la Cámara en sí misma. Habló de Parlamento «recortado» por la ausencia de la izquierda abertzale afín a Batasuna, de «falsa mayoría absoluta» y vino a decir que, tras la investidura de López, las instituciones vascas se convertirán en «meros instrumentos de gestión» en manos de Madrid.
Pero, sobre todo, ahondó en un argumento que su partido viene subrayando desde el pasado 1 de marzo: contraponer la representación parlamentaria con la social. Hasta en cinco ocasiones insistió en que el Ejecutivo entrante nace de «espaldas a la mayoría sociológica y política de este país, que es abertzale». De la hora que estuvo subido en el estrado, el candidato del PNV dedicó la mitad de su tiempo a censurar la estrategia de López, a dibujar un escenario apocalíptico.
Tanto Ibarretxe como Joseba Egibar en sus turnos de réplica marcaron una línea. A un lado, los abertzales, los vascos; al otro, el «frente español» integrado por el PSE y el PP. A modo de reproche, el candidato del PNV se dirigió a López para decirle que la sociedad vasca le había otorgado 25 escaños, pero que los otros 13 se los concedía «Basagoiti y compañía». El portavoz jeltzale, en su última intervención, recordó a Lauaxeta, poeta al que había citado López en su discurso matinal, para recordar que fue fusilado por las tropas franquistas y preguntarse dónde están ahora «los sucesores del franquismo» mientras miraba a la bancada del PP.
La mano tendida
La fractura se evidenció en un gesto. Al final de su intervención, López dio las gracias a Ibarretxe por «el esfuerzo realizado por este país», agradeció su «trabajo» y le tendió la mano. «No voy a retirarla nunca», exclamó el nuevo lehendakari, quien extendió su ofrecimiento «a todos los grupos». «Lo importante en esta vida es tener buena educación. Le mostraré el respeto y la consideración que ustedes no han tenido conmigo tras las elecciones. Esto es lo que nos diferencia», respondió un visiblemente dolido Ibarretxe, molesto porque López no le llamase la noche de los comicios.
El resto de formaciones fueron conscientes del secundario papel que jugaban. Sólo el PP recogió algo de protagonismo cuando su presidente, Antonio Basagoiti, mostró su lealtad al PSE y ofreció diálogo al resto de grupos, en especial al PNV. De cumplirse, el Gobierno aguantará toda la legislatura. Algo que no vaticina Ibarretxe, para quien será un Ejecutivo «débil». El propio Egibar le contradijo sin querer minutos después al asegurar que sólo quedan 46 meses -cuatro años- para las próximas elecciones.
Ibarretxe anunció su marcha. Los miembros de su partido se pusieron en pie. Y en una anomalía igual de histórica que el resto del día, se votó su candidatura, la de un hombre que ya había dicho adiós. Uno a uno, los parlamentarios se pusieron de pie. Pronunciaron el nombre de su aspirante. López sumó 39; Ibarretxe, 35. López tomará mañana posesión de su cargo en la Casa de Juntas de Gernika y en breve dormirá en Ajuria Enea. Ibarretxe lo hizo ya anoche en Llodio.
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