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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 22 septiembre 2014

Política

DESPEDIDA EN EL PARLAMENTO

Se retira para «descansar» durante un tiempo y deja al PNV la complicada papeleta de remontar su liderazgo
06.05.09 - 09:35 -

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Ibarretxe dice adiós a la política
Ibarretxe, durante la sesión. /El Correo
Fiel a su estilo hasta el final, Juan José Ibarretxe se sacó de la manga la carta que guardaba oculta desde las pasadas elecciones del 1 de marzo, la de su propia despedida, en el Pleno en el que teóricamente defendía su candidatura a lehendakari. La cuadratura del círculo para el adiós del ya ex jefe del Ejecutivo de Vitoria, que, en una de esas clásicas paradojas vascas, escenificó su retirada de la primera línea política poco menos de una hora antes de que el Parlamento votase, sobre el papel, su programa de Gobierno. «Les quiero decir que voy a iniciar una nueva etapa en mi vida. No me va a ser difícil, no me he olvidado de que a los lehendakaris les da el mismo sol y la misma lluvia que al resto. Deben saber ustedes que aquí es donde empecé a hacer política y aquí es donde voy a dejar de hacerla».
Y en ese momento, pasadas las siete y cinco de la tarde, se acabó la "era Ibarretxe". Una etapa política que ha durado algo más de una década y que será recordada por el empeño de su protagonista en avanzar en la senda del soberanismo a costa de la confrontación con los sucesivos Gobiernos centrales. Diez años dan para mucho y se notó: Ibarretxe demostró que ha mantenido el carisma y el tirón entre los suyos hasta el último momento. Joseba Egibar, uno de los más cercanos a él desde siempre, recomendó incluso a los que ahora «lloran» por él que se empleen a fondo para devolver al PNV la hegemonía perdida. Se vieron atisbos de lágrimas en los rostros de la bancada peneuvista. Su mano derecha, Idoia Zenarruzabeitia, abandonó el hemiciclo quizás para ocultar la emoción. Joseba Azkarraga apretó su mano y el otro miembro de su consejo político, Javier Madrazo, se sentó a su lado. Sus compañeros de filas y los socios del tripartito le despidieron con una ovación cerrada y en pie; los parlamentarios de PSE y PP permanecieron impávidos en sus escaños, fiel reflejo de lo que ha sido la trayectoria de quien eligió el día histórico de López para escenificar su adiós y eclipsar, hasta cierto punto, el cambio en Euskadi.
El guión de su marcha lo tenía escrito desde hace tiempo -lo conocían los máximos dirigentes del partido y su entorno más próximo- pero siguió la que ha sido una de sus pautas de comportamiento, la de dosificar al milímetro los tiempos y guardar bajo siete llaves sus planes para revelarlos con golpes de efecto de última hora. En todo caso, ni la decisión ni el momento elegido para hacerla pública resultaron excesivamente sorpresivos. El rumor de que haría coincidir su adiós con la investidura de López circulaba desde hace días y ayer a primera hora de la tarde era ya un secreto a voces. En lo que a algunos parlamentarios no nacionalistas les pareció una «tomadura de pelo» a la Cámara registró su candidatura sólo para reivindicar el triunfo nacionalista y dar realce a su adiós y provocó una votación kafkiana, la de un candidato que acababa de despedirse.
El rumbo emprendido también resultó el esperado. El EBB dejó la pelota en su tejado desde el mismo momento en que quedó claro que no repetiría como lehendakari. No le pidió que se marchara pero tampoco que se quedase, consciente de que su permanencia como referente de la oposición en el Parlamento no sólo condicionaría la línea política del partido y daría bazas a sus oponentes para echarle en cara su pasado, sino que interferiría también en la búsqueda de un nuevo candidato para dentro de cuatro años. Certificados sus buenos resultados electorales, si se quedaba sólo podía ser para intentar la reconquista.
La mayoría de los burukides y cargos peneuvistas daban por sentado, de hecho, desde hace semanas que Ibarretxe vería a partir de ahora los toros desde la barrera y así se constató ayer. Ibarretxe anunció antes de las elecciones, tras el fracaso de su consulta, que si la sociedad le daba la espalda se iría «a Llodio con Begotxu (su esposa)». Ahora, aunque ha reivindicado hasta la saciedad el mayoritario apoyo al PNV, ha decidido retirarse de igual forma y ayer mismo regresó a su localidad natal. Anoche ya no durmió en su residencia de Ajuria Enea, donde sólo ha dejado algunos objetos personales pendientes de recoger.
«Increíble apoyo»
Eso sí, el aludido, que agradeció uno por uno el trabajo a sus consejeros y el «increíble apoyo» de sus socios de EA y EB , no desveló ni el más mínimo detalle sobre su ocupación en el futuro inmediato. Fuentes peneuvistas y de su entorno explicaron que no tiene previsto emprender ningún proyecto laboral de forma inminente y que, por el momento, se tomará una temporada sabática «para descansar», aunque algunos medios apuntaron que no le faltan ofertas. Queda por saber si continuará acudiendo a las reuniones semanales del EBB por algún tiempo como en su día hizo Ardanza, aunque parece poco probable, y si, concluido el período de relax, se decantará por la empresa privada, la universidad o alguna otra actividad. Hace ocho años comentó que le gustaría pasar una temporada en el ámbito académico en Estados Unidos aunque hoy por hoy parece más factible que sus circunstancias personales le retengan en Euskadi.
Es el PNV el que afronta ahora la tarea de remontar el liderazgo carismático de Ibarretxe, designar a un nuevo candidato para dentro de cuatro años sin reabrir heridas internas y emprender una nueva etapa en la que podrá ir modulando su enojo postelectoral. Desde el partido se sostiene que la línea política no sufrirá cambios pero ya ayer Iñigo Urkullu dejó entrever a su llegada a la sesión que, una vez asentada la nueva etapa, la formación jeltzale moderará sus posiciones tras su «lógica» respuesta a una «clara agresión». «La postura del PNV llega hasta aquí. A partir de hoy comienza otra historia».
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