Hombres en traje de aislamiento biológico han tomado las calles de Bilbao. La gripe porcina añade un inesperado plus de verosimilitud al cartel de Fant, el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, que celebra su decimoquinta edición hasta el próximo domingo. 'Absurdistan', el filme inaugural, no derrocha sangre, vísceras ni sustos. Su halo fantástico va por otro lado. El humor surrealista, frenesí balcánico y candidez naïf remite a toda una escuela de comedias lindantes con el realismo mágico, surgidas al calor de los filmes de Emir Kusturica. Como la obra del yugoslavo, no admite términos medios: deleita o agota.
Veit Helmer (Hannover, 1968) sitúa su tercer largometraje en un país imaginario, «en algún sitio entre Asia y Europa». Catorce familias en plena estepa sin una gota de agua. Así que las mujeres deciden presionar a los vagos de sus maridos con una huelga de piernas cruzadas: sin agua no hay sexo. Sólo el soñador del pueblo, enamorado desde niño de la única chica, tomará cartas en el asunto con inventos dignos del profesor Franz de Copenhague. Amélie se encuentra con Javier Fesser.
Hace siete años, Helmer leyó en un periódico la noticia de un pueblecito turco donde las mujeres se negaron a acostarse con los hombres hasta que estos no arreglaran el suministro de agua. «Era una anécdota divertida con un trasfondo serio. Yo vivo en Berlín, y no me atrevía a retratar una aldea turca. Por eso me inventé un país imaginario, como surgido de 'Las mil y una noches'».
Porno en Azerbaiyán
Tras dos años en busca de localizaciones, el director encontró su Absurdistán en las montañas de Azerbaiyán. «Lloré cuando descubrí lo bonito que era». Los habitantes del pueblo surgieron de un 'casting' en infinidad de países. El plató se convirtió en una Torre de Babel con actores de 16 países. «Una locura mayor que la propia historia que contábamos. Azerbaiyán es un país musulmán, y se pensaban que estábamos rodando una película porno. La única escena de desnudo la filmamos de noche para que nadie se diera cuenta».
Formado junto a Wim Wenders, de quien fue ayudante de dirección, Helmer ha recorrido cincuenta festivales con este cuento de hadas sin apenas diálogos, protagonizado por un alemán y una checa que hablan en ruso. «Es el idioma común desde el Cáucaso a Asia Central. Además, suena muy bonito». En Sundance, la meca del cine independiente, fue asaltado en la calle por una enfervorecida admiradora. «Me decía que le había encantado. Le di las gracias sin darme cuenta de que era Glenn Close».
'Absurdistán' no cuenta con distribución en España: el simpático Helmer ofrecía ayer comisión a quien le pusiera en contacto con alguna distribuidora. Cuando le agota la ficción, el realizador agarra una cámara y se lanza a rodar documentales, como el que le ha mantenido dos meses en Tokio. «Resulta un alivio no tener que tirarte dos años en busca de financiación».