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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

VIZCAYA

Obligan a una jubilada que se cayó en una escalera en obras a devolver una indemnización de 14.000 euros y a pagar las costas del juicio: «He perdido 7.000 euros de mi bolsillo», lamenta

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Dos tropiezos seguidos
E. A. relee la sentencia en un banco del centro de Barakaldo. / PEDRO URRESTI
Dos tropiezos han amargado la plácida vida de jubilada de E. A., una vecina de Barakaldo de 73 años: uno fue en el portal de la casa de su hija y otro con la Justicia. Ambos dolorosos y con consecuencias para su salud y su bolsillo. Según explica la mujer, el 3 de diciembre de 2005 -que siempre estará marcado como un día fatídico en su biografía- ella se encontraba en casa de su hermana, en la Avenida Miranda del barrio baracaldés de San Vicente, cuando decidió bajarle a su hija -que vivía en el sexto, sólo un piso más abajo- una cazuelita de chipirones que había preparado. Así que, guiso en mano, se aventuró por la escalera, donde se estaban realizando obras para sustituir el ascensor.
Pero E. A. no pudo llegar a su destino: «Cuando iba bajando, se me enganchó el abrigo en unas tablas que habían puesto para tapar la puerta del ascensor y que nadie se cayese por el hueco... perdí el equilibrio y me caí». La mujer no puede reprimir un respingo cuando recuerda el episodio y el intenso dolor que sintió después. «Me había roto el tobillo, un vecino me auxilió y vino una ambulancia», detalla. Tuvo que ser operada para corregirle la fractura con seis tornillos y varias placas, pasó una semana en el hospital y tres meses en silla de ruedas. «Fue horrible, la recuperación resultó muy larga y gasté bastante dinero en un fisioterapeuta», señala.
Además, a su dolor y frustración por las secuelas de la caída se unió la indignación por el motivo de su tropiezo: «Las tablas con las que me enganché sobresalían 10 o 15 centímetros y ocupaban parte de la escalera. Estaban mal puestas y a mí me tocó la china, así que decidí denunciar a la empresa que estaba haciendo las obras».
Después de oír los testimonios de otros vecinos del portal que afirmaron que ellos mismos se habían dado «varios golpes» con las mismas tablas, por lo que «había que andar con mucho cuidado», y de leer el informe de Osalan , el Instituto Vasco de Seguridad Laboral y Salud, que indicaba que «la posición de los tablones impide el paso cómodo por los tramos de escalera y descansillo al tener salientes por las zonas de paso», a principios del año pasado la jueza de primera instancia de Barakaldo le dio la razón «al 100%» a E. A. y condenó a la empresa a pagarle más de 14.000 euros, además de los intereses y las costas del juicio. Una buena noticia para la mujer después de tanto varapalo. Pero todavía le faltaba otro batacazo.
La compañía recurrió la sentencia y hace dos meses la Audiencia Provincial de Vizcaya le dio la razón. Las juezas que revisaron el caso determinaron que «no estaba acreditado ningún nexo causal, desconociéndose en definitiva el porqué de la caída», según recoge su sentencia. Asimismo, apuntaron que la víctima «era conocedora de las obras» y que ella misma había admitido haberse caído por un enganchón, por lo que la causa del golpe «es sólo a ella imputable», ya que debió «extremar las precauciones», porque el obstáculo era «visible» y dejaba «espacio suficiente para evitar impactar con él».
«Depresión terrible»
E. A. repasa la sentencia y no oculta su estupefacción: «Me están diciendo que he sido torpe y que tenía que haber estado más espabilada. Además, da la sensación de que no han entendido nada, porque dicen que la caída ha sido en un local comercial... No lo comprendo. Lo único que sé es que las tablas estaban mal puestas. De hecho, después las cambiaron por otro tipo de protecciones». Ahora, según repasa, debe devolver la indemnización que le habían concedido más los intereses y pagar las costas del juicio, después de haberse dejado también dinero en abogados y en fisioterapia. «Calculo que, sin contar con los 14.000 euros, he perdido de mi bolsillo unos 7.000», comenta. Según indica, ha tenido que pedir ayuda a sus hijos para afrontar estos gastos, ya que ella vive «de una pensión muy pequeña». Por eso, aunque existe la posibilidad, ni ha pensado en recurrir al Tribunal Supremo. «No tengo dinero para seguir batallando, aunque sé que tengo razón. Esto sólo demuestra que la Justicia no es para los pobres», lamenta.
Ahora mismo, E. A., que ha pasado «una depresión terrible debido a todos los jaleos», se encuentra mejor y sólo quiere olvidar esta oscura parte de su vida. Sabe que, con el tiempo y la ayuda de sus hijos, su economía se repondrá, pero también tiene claro que cada vez que se mire las cicatrices de su maltrecho tobillo recordará «la sensación de indefensión».
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