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Su pueblo natal deGrantham apenas recuerda con una simple placa a su hija más ilustre
03.05.09 -

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La memoria olvidada de Margaret Thatcher
La 'Dama de Hierro' celebra la victoria electoral conservadora que la llevó al Gobierno. / AP
Si se le pidiese a Margaret Thatcher el balance de su liderazgo político cuando se cumplen hoy treinta años de su primera victoria en las elecciones británicas -el 3 de mayo de 1979-, es muy posible que utilizase las mismas palabras que escribió como epitafio a dos alcaldes de la ciudad en la que nació, su propio padre y un amigo de la familia: «Defendieron todo lo que es bueno y honorable».
Kathleen Porter, que lee esas palabras en la carta que la ex primera ministra escribió a su familia tras la muerte de su marido, cree también, como sus biógrafos, que el ejemplo de su padre, propietario de una tienda de comestibles en una calle céntrica de la pequeña ciudad inglesa de Grantham, fue decisivo en la formación de la personalidad y de las ideas políticas de la mujer que recibió el apodo de la 'Dama de Hierro'.
El padre, Alfred Roberts, fue alcalde de lo que era entonces una población con 10.000 habitantes. Y también fue predicador en la iglesia metodista y un empresario astuto en la gestión de su comercio. Inspiró a su hija mayor a trabajar con disciplina, a ser insistente y decidida. El señor Roberts era un hombre con modales rígidos, que se descubría para saludar incluso a las hijas jóvenes de sus conocidos.
Kathleen Porter, que fue al mismo colegio que Margaret Thatcher pero no coincidió con ella en clase por ser dos años más joven, señala que otra influencia decisiva en la formación de la hoy baronesa fue la señorita Williams, la profesora de ambas en la Escuela de Chicas de Kesteven y Grantham. «Animaba a todas a prepararse para profesiones, para no conformarse con trabajar en una tienda. De mi grupo de siete, todas ejercimos profesiones», recuerda Porter.
Thatcher estudió Químicas y Derecho y mostró ya en la Universidad de Oxford su interés por continuar la participación en la política que vio en su padre. Tras su matrimonio con el empresario Dennis Thatcher y tener dos hijos gemelos, su camino estaba despejado para emprender una carrera de parlamentaria en el Partido Conservador. Se convirtió finalmente en la primera mujer que se hizo cargo de la jefatura del Gobierno en un país desarrollado.
Ése es el único atributo de Margaret Thatcher que celebra su ciudad natal. Aunque hay un pequeño apartado de objetos diversos en el museo de historia local, la ciudad, donde también se crió el científico polifacético y parlamentario Isaac Newton, no la conmemora públicamente más que con una pequeña placa en el muro exterior de la vivienda, sobre la tienda de comestibles, donde nació, y que la recuerda como 'la primera mujer jefe de Gobierno de Gran Bretaña e Irlanda del Norte'. La tienda es ahora una clínica quiropráctica y retiro holístico.
Sin estatuas de vivos
A Kathleen Porter, que pertenece al Club Conservador de Grantham, le parece bien que no haya estatuas en la ciudad de personas que aún viven y describe cómo en estos momentos hay una cuestación popular para levantar un nuevo monumento a los vecinos muertos como soldados en guerras posteriores a 1945, porque ya existe uno dedicado a los caídos de las dos grandes guerras del siglo XX, pero ninguno a los fallecidos con posterioridad.
El monumento a Thatcher lo erige Porter en su memoria. «Creo que heredó de su padre una determinación que no le permitía regatear sobre las cosas que creía correctas. Y eso lo demostró en la guerra de las Malvinas y en la batalla con los sindicatos», las dos gestas que la correligionaria conservadora destaca de su mandato.
«Los militares argentinos creyeron que no nos iba a importar su invasión porque eran unas islas pequeñas y muy lejanas. Pero Margaret Thatcher les enseñó que no puedes retorcer la cola del león. Y la de los sindicatos fue una de sus mejores batallas», dice Porter. «Nadie les había elegido para decidir la política del país, pero decían al Partido Laborista lo que tenía que hacer».
Los 'tories' de Grantham tienen ahora en Quentin Davies un rival que les provoca la antipatía que antes sentían por el líder del sindicato de los mineros, Arthur Scargill. Era hasta hace dos años el diputado conservador por Grantham, pero, a pesar de que este banquero es uno de los parlamentarios más ricos en Westminster, decidió cambiar de bando y unirse al laborismo.
El enfermo de Europa
Gordon Brown le nombró secretario de Defensa con responsabilidad para el aprovisionamiento de las Fuerzas Armadas. Este político ambiguo cree que Thatcher «introdujo un nuevo concepto de gestión económica basado en la iniciativa empresarial, las privatizaciones, la disciplina monetaria... Reino Unido dejó de ser el enfermo de Europa, como en los años sesenta y setenta. Cambió la cultura de tal modo que la gente pasó a ver los negocios como algo positivo».
Davies cree que la herencia del padre y las ideas metodistas sobre la comunidad de los elegidos dejaron a Thatcher sin sentimientos de simpatía por los débiles y que su conducta de la política exterior fue a veces muy inepta. «No le gustaban los extranjeros, sólo los países de la Commonwealth... y eso tuvo algunos efectos desastrosos. Obtuvo resultados en las Malvinas y en la unión con Ronald Reagan frente a la URSS, pero calificó a Nelson Mandela de terrorista y su enfrentamiento con la UE finalmente la hundió».
No es extraño que Kathleen Porter y Quentin Davies tengan opiniones diferentes sobre la vigencia de su legado en estos tiempos. Según Porter, «Margaret llegó cuando teníamos una recesión y la remontó; ahora, si ganamos, estaremos en la misma situación, con una enorme deuda». Para Davies, «la agenda de hoy es diferente: no venimos de una época con excesivo papel del Estado, sino de excesos del capitalismo, la respuesta 'thatcherista' a esta situación sería equivocada en 180 grados».
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