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Cultura

03.05.09 -

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Los planes para una ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao sólo existen en la cabeza del alcalde Iñaki Azkuna y del director de la pinacoteca, Javier Viar. Pero existen. Y además, con cierto punto de maduración. «Llevamos mucho tiempo hablando de esto. El anuncio del alcalde el martes no fue una ocurrencia, aunque esté todo por concretar: la ubicación, el contenido del nuevo espacio, el momento de empezar...», explica Viar.
Para el director del museo, el proyecto sería viable y necesario desde el punto de vista artístico. «¿Tenemos en los almacenes obra de calidad para ocupar un espacio de dos mil o tres mil metros? La respuesta es sí. Y si existiera, nos permitiría exponer nuestra colección de manera más holgada y más completa, porque todo el arte desde los ochenta, con las instalaciones y piezas similares, no lo podemos exponer por falta de sitio, y eso nos impide terminar el recorrido o discurso de nuestros propios fondos», añade Viar.
La colección del museo consta de 8.800 piezas, divididas en 368 esculturas e instalaciones y 1.449 pinturas. Las artes decorativas -porcelanas, muebles, etc.- y la abundante obra gráfica -grabados en distintas técnicas- suman el resto. De ellas se exponen 650, alrededor de un 8%, algunas más en este momento, porque la exposición temporal sobre los movimientos pictóricos de principios del siglo XX hay unas 80 piezas de los fondos.
La última remodelación de la histórica pinacoteca, que el pasado año celebró su centenario, se realizó en 2001 bajo la dirección de Miguel Zugaza, hoy máximo responsable del Prado. Con un presupuesto de 15 millones de euros, entonces se ganaron 6.500 metros cuadrados, la mayor parte para los servicios de cafetería, restaurante, librería, biblioteca y auditorio, y sólo mil para exposición.
A poco que se mire en los almacenes del museo, se encuentra un cuadro de Miquel Barceló, trece lienzos de Darío de Regoyos, varias piezas de Chillida, una escultura de Cristina Iglesias, un grabado de gran formato de Francis Bacon, colecciones gráficas de Cy Twombly, Joseph Beuys, David Hockney, Jim Dine y Allen Jones. Incluso alguna obra de El Greco estuvo a oscuras durante algunos años, aunque ahora se exponen todas las que llevan la firma del pintor del siglo XVII.
Compras en los ochenta
La colección creció de manera significativa con la entrada como director de Leopoldo Zugaza -padre de Miguel Zugaza- a principios de los ochenta, y continuó con Jorge Barandiarán. «En aquella época, en la que yo estaba en la junta del museo, era más caro un bacon que un greco. Fue un buen momento, porque aún no había estallado el 'boom' de los precios de finales de la década, y se compró un retrato de Felipe II de Antonio Moro (pintor flamenco), y obras de Pantoja de la Cruz, de Sánchez Coello... También de los contemporáneos italianos, como Mimmo Paladino», recuerda Viar.
Por su misma condición de museo, el de Bilbao está obligado a seguir comprando. «Hace poco adquirimos una obra de Karel Appel del año 56 que estaba en un rincón de una galería belga en Arco. Costó 300.000 euros, un precio muy bueno, y es un cuadro muy necesario para nuestros fondos, ya que la influencia del artista fue muy grande en los abstractos españoles y en informalistas como Antonio Saura, del que también tenemos obra».
El presupuesto para adquisiciones ha sido desde 2001 de seis millones de euros para diez años, más 180.000 euros anuales que aporta el BBVA, mientras el Guggenheim gasta seis millones al año. A las compras hay que añadir las donaciones de coleccionistas y de los familiares de los artistas, como la de Remigio Mendiburu, cuya hija depositó quince obras hace un par de semanas. Viar, como la mayoría de los directores de museo, opta por las rotaciones -cambios de determinadas obras en la exposición de la colección permanente-, pero aún así los fondos crecen y, en consecuencia, el espacio se queda más pequeño.
Él insiste en que le ha dado muchas vueltas a una posible solución, aunque de momento son especulaciones; eso sí, compartidas con el alcalde Azkuna, presidente del patronato de la pinacoteca.
Sobre la posibilidad de ampliar el edificio existente o de construir uno nuevo en otro lugar de Bilbao, Viar prefiere esta última opción, para llegar a otras partes de la ciudad y quizá para regenerar una zona de la misma.
-¿Zorrozaurre?
-Podría ser. Lo importante, en todo caso, es formar un circuito con los museos de Bilbao.
Para dar contenido al nuevo espacio, el director del museo se enfrenta a una alternativa, especializarlo en arte vasco o dedicarlo a las corrientes artísticas desde el pop (años sesenta), de las que el Bellas Artes posee una buena colección. «El arte clásico -añade- no se puede mover».
«Yo me inclino por la segunda propuesta. Si aíslas el arte vasco, lo puedes desnaturalizar. Guiard y Guinea fueron a París y Roma, Chillida y en menor medida Oteiza han tenido una carrera internacional, y las generaciones más jóvenes han aprendido mucho de Londres y Nueva York. Esa manera de ver la empezó Jorge Barandiarán, la continuó Miguel Zugaza y yo la he seguido y la he intensificado», reflexiona Viar.
250 piezas
Si se adoptara esta perspectiva, el edificio actual albergaría como límite el arte abstracto e informal de los cincuenta, y el nuevo comenzaría con los fondos pop de David Hockney, R.B. Kitaj, Peter Blake, Eduardo Arroyo, Equipo Crónica y Alfredo Alcaín, para seguir con las obras de Luis Gordillo y de sus discípulos, como Guillermo Pérez-Villalta, hasta finalizar con las obras actuales como las instalaciones de Txomin Badiola y Peio Irazu, y las composiciones de Darío Urzay, entre otros. De este periodo se conservan 250 obras «de calidad» en los almacenes.
«Otra cosa es que nos paremos en un punto determinado -incide Viar-. Porque la Ley de Museos de Euskadi contempla la complementariedad entre los centros y yo no tengo ningún problema en parar en el arte de principios del siglo XXI, ya que el Guggenheim ha empezado a comprar a los jóvenes, aunque si lo hiciéramos romperíamos con la vocación de este museo de coleccionar arte vasco».
Todos los proyectos pasan por un periodo de reflexión y el del nuevo museo de Bellas Artes está en él. La crisis, como recordó Azkuna, retrasará los planes, pero cuando se supere habrá un sólido punto de partida desde el que empezar a trabajar.
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