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Cultura

CON PERMISO

03.05.09 -

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Consejos vendo...
Azkarate, en una de sus últimas comparecencias. / EL CORREO
...que para mí no tengo. Tiene mucha gracia que el personal cesante de la consejería vasca de Cultura se dedique ahora a pedir un nuevo responsable con un perfil a base de «interés, sensibilidad, conocimiento, buen trato y nulas obsesiones identitarias, ni españolizadoras ni de las otras».
¡Toma castaña! Como si ese hubiese sido el perfil mirífico y angelical de la consejera y sus asesores cesantes, a los cuales ya no es elegante criticar, porque afortunadamente ya sólo son el pasado inmediato. Pero la cita es interesante, a pesar de que Sigmund Freud hubiera pagado por tener al cesante de paciente, ya que ese debería ser precisamente el objetivo de quien asume la responsabilidad de la cultura pública vasca. Un objetivo de respeto, sensibilidad, respaldo y protección a la cultura vasca, sin obsesiones identitarias, sin intentos de ideologización, sin imposiciones y sin la voluntad de menoscabar ni a la cultura española, que también es asumida como propia por los vascos, ni a la cultura en general, que es ya universal por la globalización, al margen de provincianismos catetos. Un objetivo de tolerancia, sin sectarismos que empobrezcan la comprensión o la difusión cultural y sin partidismos que acaban primando con sus subvenciones la mediocridad y la ramplonería.
Y un objetivo de eficiencia y transparencia, ya que la mayor atención al gasto en patrimonio y difusión cultural debería primar la excelencia, la profesionalización y la independencia en la gestión cultural, además de la claridad y la racionalidad en ese gasto público.
SUBASTAS
Nostalgia y fetichismo
Está claro que la nostalgia y el fetichismo se han convertido en las mejores armas defensivas del mercado del arte y las antigüedades. De hecho, es seguro que la venta de la colección Saint Laurent no hubiera logrado un éxito tan extraordinario, de no ser por la nostalgia vinculada a un mito. Algo parecido a lo ocurrido la semana pasada en el Hotel Druot de París, donde salió a subasta la colección del actor Jean Marais, el amigo y amante de Jean Cocteau, cuya herencia había estado bloqueada por disputas testamentarias. Es más, de una estimación prudente que situaba el total de la venta entre los 500.000 y los 700.000 euros, se pasó a un remate cercano a los dos millones de euros. Entre los lotes vendidos figuran las cartas de Cocteau a Marais, con declaraciones de amor, cuyo precio al martillo ascendió a 240.000 euros.
Otro lote importante, cuyo precio multiplicó por diez la estimación, fue el integrado por los dibujos de Cocteau. Lo mismo que un retrato a lápiz de Marais dibujado por Picasso (45.000 euros) o algunos objetos personales como una pluma de oro Boucheron o un reloj Patek Philippe. Visto el éxito de estas ventas, también se ha anunciado en París para los días 16 y 17 de junio la subasta de la colección perteneciente al modisto retirado Kenzo Takada, una vez que éste ha vendido su mítica casa de madera. En este caso saldrán a la venta maderas y bronces orientales de mucha antigüedad, esculturas, kimonos y hasta un biombo de Baccarat. Todo ello por un precio estimado de 1,5 a 1,8 millones de euros. Pura nostalgia o puro fetichismo, insisto.
POLÍTICA CULTURAL
Dinero extra
Todavía hay quien piensa que la cultura puede ser un activo importante para remontar la crisis económica. Evidentemente, esta teoría nace y se desarrolla en el ámbito de la cultura anglosajona, donde no hay política cultural en sentido estricto, sino más bien industria cultural. Es el caso de Inglaterra, donde la presidenta del Arts Council, que es el órgano público encargado de subvencionar las instituciones culturales, acaba de declarar su intención de emular a Franklin D. Roosevelt, cuyo New Deal situó a la cultura como elemento clave para sacar a los Estados Unidos de la Gran Depresión en los años 30. Pues del dicho al hecho, ya que el Arts Council acaba de lanzar un fondo de emergencia que asciende a 40 millones de libras, destinado a las instituciones que vean mermados sus ingresos en los patrocinios o en las ventas de entradas. Es el caso de algunas grandes instituciones como la Royal Opera House, la Royal Philarmonic Orchestra o la Serpentine Gallery. Cada una de ellas podrá solicitar una subvención de hasta 3 millones de libras, obligándose en contraprestación a ofrecer prácticas o trabajo permanente a jóvenes desempleados.
Aparte de ese fondo de emergencia, el Arts Council también va a lanzar un paquete de préstamos menores para artistas o emprendedores que quieran establecer talleres o galerías de arte en edificios abandonados. En España la política cultural cubre muchos frentes, pero ni tiene la sensibilidad ante la crisis que demuestra el Arts Council británico, ni tampoco considera a la cultura como un activo para salir de la recesión. Una pena, sí.
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