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Cultura

LUIS FRANCISCO ESPLÁ TORERO

Es un torero ilustrado y pasa por ser el único que ha dado una conferencia en el Museo del Prado. Esplá deja el capote este año, pero coge los pinceles
03.05.09 -

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Lo deja a los 51 años. Uno de los toreros más mediáticos de las tres últimas décadas se cortará la coleta cuando acabe la temporada. Luis Francisco Esplá se jubila con el orgullo de pasarle los trastos a su hijo Alejandro, que después de estudiar cuatro años en el extranjero ha vuelto a casa para trabajar en el oficio de su padre. Díficil tiene hacer historia como él, dentro y fuera de las plazas. Esplá ha sido un referente sobre el ruedo a la hora de interpretar suertes y gestos ya olvidados. Vestido de calle pasa por torero ilustrado, calificativo que no abunda en la Fiesta. Será recordado como el primer matador que dio una conferencia en el Museo del Prado. Hace apenas siete años de eso.
-¿La irrupción de su hijo en el escalafón de novilleros propició que usted retrasara su despedida?
-Sí. Posiblemente me hubiera ido hace un par de años, de hecho era lo que pretendía al celebrar mi trigésimo aniversario de alternativa, pero la decisión de mi hijo alteró el orden de los factores. Era incapaz de irme, para después vestirme una sola tarde [la de la alternativa de su hijo].
-¿Puede que muchos piensen que usted se va a dedicar esta temporada a 'pasar el cepillo'?
-Podría ser ¿no? No tengo nada que decir. Habrá que verlo en las plazas.
-Lleva enclaustrado en el campo desde octubre, ¿tan dura presume la campaña?
-Sin lugar a dudas. Voy a despedirme en carteles comprometidos, con toreros de primera fila. No es fácil. Lo último que quisiera es hacer el ridículo. Tengo que dar el do de pecho y vencer todas las suspicacias que se han levantado en torno a mi adiós de los ruedos. La única ventaja es que voy a perder de vista las ganaderías 'toristas', que han sido en pan mío de cada día.
-¿Lidiar con toros difíciles fue el pago que tuvo que afrontar por su abandono del cartel de banderilleros...?
-(Interrumpe) ¡En absoluto! Fui yo quien decidió ir a las grandes ferias matando la corrida buena y la dura. Ahí están las hemerotecas. Recuerdo que Paquirri me avisó de que me arrepentiría de mi decisión. Él me advirtió: 'Si conviertes en norma matar ese tipo de corridas, las empresas terminarán convirtiéndolo en tu rutina'. No se equivocó. También es cierto que cuando vinieron mal dadas, para que no me tocasen el dinero continué aceptando matar las corridas duras. Era un tema de dignidad, cuando te quieren tocar el dinero, mal asunto, es un claro síntoma de declive.
-¿La importancia de un torero se demuestra por lo que cobra?
-Exacto. La categoría de un torero está en sus honorarios, en lo que cobra cuando sale a la plaza. El dinero y el control de todo lo que pasa por tus manos. Lo del control siempre me ha preocupado un pepino, ¡pero los dineros...!
-¿Le costó mucho aprender a decir 'no' y a quedarse sentado en su casa?
-El toreo es el negocio del no. Sucede que cada vez que decía que no, acertaba en el 99% de las ocasiones, por lo que cada vez que daba una respuesta positiva por lo menos jugaba al 50%: rojo o negro, par o impar... las probabilidades son muy superiores.
-¿Se considera un provocador del público?
-Al tratarse de un espectáculo en directo, muchos momentos, a veces décimas de segundo, se tergiversan, se confunden. Un torero lo que nunca debe hacer es esconder el rabo como un perro, ser dócil. En ese sentido puede que haya sido un provocador, aunque prefiero decir que no he sido dócil y que he destacado por mi atrevimiento.
-¿Joselito El Gallo (torero de principios del siglo XX) es el soporte fundamental de su tauromaquia?
-Por supuesto. A veces de tanto ir a él para beber de sus fuentes y reflexionar sobre la Tauromaquia, creo que lo he visto. Es más, juraría que lo vi torear anteayer (risas).
-'Tomasista' declarado, ¿el toreo es entrega plena, que no inmolación?
-Exacto. La razón, ya sea estética, escénica o ética, no puede convertir el toreo en un acto de inmolación.
-¿Los aficionados a los toros son unos bárbaros?
-No. Desde fuera se piensan que lo que nos hace disfrutar a los aficionados es el regodeo en la muerte y en el dolor del toro. No es cierto. Nosotros hacemos abstracción de todas esas cosas porque sabemos que es un animal destinado a ello. La situación agónica del toro sólo la toleramos porque está preparado para ello; repito, el toro no es obra del azar, la mano del hombre ha intervenido durante siglos.
-¿Estamos ante la Fiesta 'nacional'?
-No. ¡por Dios! Afirmar que la fiesta de los toros es la Fiesta nacional es obsceno. Pertenece al mal uso que se ha hecho del espectáculo taurino y de otros muchos eventos artísticos y culturales. La apropiación política de los toros y su vinculación a una determinada España fue nefasto para la tauromaquia. Catalogar el arte por ideologías es una aberración. El arte es universal, es amoral, no tiene bandera ni pertenece a nadie.
-Los toreros dicen que la mirada del toro dice muchas cosas. Usted añade que no hay que perder de vista las orejas.
-Por supuesto. Las orejas muestran las intenciones del toro antes incluso de que desarrollen las acciones. Son como radares que te avisan.
-¿No tiene miedo a perder la vida?
-La vida me importa un pepino. No somos nada. Le doy la misma importancia que a la de un gato.
-¿Es la actitud ante las cornadas lo que distingue a los toreros del resto de los mortales?
-No, su actitud frente a la muerte y el dolor. Cuando un torero es herido por un toro, no hace de ello un acontecimiento. Las cornadas van, de forma natural, en el presupuesto de su profesión. Lo que sí sorprende a todo el mundo es la rápida recuperación de los toreros, pero es que quienes nos vestimos de luces tenemos dos urgencias: volvernos a poner delante del toro para valorar si existen grietas en nuestro ánimo, y que la temporada se va en un suspiro. Esas dos urgencias varían nuestros umbrales del dolor.
-¿Qué es la vergüenza torera?
-Por ejemplificarlo: ahora el paradigma de la vergüenza torera es José Tomás.
-¿La crisis económica ha llegado a los toros?
-Imagino, no lo sé. Lo que sí ocurre es que yo, que he sido testigo de algunas crisis, puedo decirle que no he visto ninguna como ésta, que nos tiene con los ijares encogidos.
-Muchos carteles han excluido a matadores 'caros'. ¿Hay dinero para todos?
-Claro que lo hay. Este es un pastel que da para todos. También es cierto que en ocasiones hay que reorganizar el reparto, pero en estos momentos los que han puesto caro el toreo, los que han obligado a un nuevo reparto de los dineros, son los propietarios de las plazas: llámense diputaciones, ayuntamientos, como quiera. Salvo la Comunidad de Madrid, preocupada por el precio de las entradas y la calidad de los espectáculos, al resto les importan un pepino. Los pliegos de condiciones para la concesión de la gestión de las plazas de toros sólo quieren la cabeza del león, la pasta. El dinero que debía repartirse entre toreros, ganaderos y empresarios, en buena parte se lo llevan los propietarios de los cosos.
-¿Acabaremos la temporada con todos los toreros sindicados en una misma agrupación?
-¡Es más fácil que los almendros den higos!
-Pero, recientemente los matadores de toros se han unido para plantarse frente a la nueva redacción del Reglamento Taurino del País Vasco
-¡Usted tire de la cuerda! (risas). Ya verá qué resistencia oponen los toreros.
-O sea, que no cree que ese plante se lleve a efecto.
-Se lo repito, antes florecen higos en los almendros.
-¿La desunión es consustancial a la profesión de matador de toros?
-Sí, por muchos motivos. En primer lugar porque no tenemos necesidad gremial, y tampoco tenemos sentido corporativo... nada tienen que ver los problemas del chaval que va a Madrid a matar una corrida de toros descalabrada, con los problemas de El Juli o José Tomás. Es esa diferencia la que crea un abismo entre los toreros.
-¿Qué es lo que más le molesta de la redacción de nuevos reglamentos taurinos?
-Que se restrinja la patria potestad de los ciudadanos. Que me demuestren que el hecho de que un menor asista a un espectáculo taurino puede ser pernicioso para su educación, para su formación intelectual. De verdad, ¿por qué no se preocupan por lo que se difunde en Internet? Esa sí que es la mayor amenaza que tienen nuestros hijos. Por no hablar de lo que sucede en los campos de fútbol, donde se fomenta el fanatismo y la violencia. Estamos desbordados por tanta hipocresía.
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