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Vizcaya

02.05.09 -

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Hace dos años, el Ayuntamiento puso en marcha el Plan de Movilidad Segura de Bilbao con un reto en el horizonte: reducir a la mitad la siniestralidad de la villa para 2013. «Se analizaron todos los partes de accidente emitidos por la Policía Municipal, desde siniestros de chapa hasta atropellos, incidentes con el tranvía, el entorno de los centros escolares y todas las sugerencias de asociaciones y particulares», explica el concejal de Circulación y Transportes, Asier Abaunza.
Con estos mimbres, se elaboró un mapa con las zonas que acaparaban una especial concentración de accidentes de tráfico. «Una vez detectados se analizó cuál era la mejor solución para cada caso, en función del tipo de infracción», precisa Abaunza. Por ejemplo, se decidió la instalación de detectores de paso en rojo en varios cruces de la villa -que ya están en funcionamiento-, de un balizamiento luminoso para advertir del paso del tranvía en la calle Ribera y subsanar así los problemas de visibilidad -actualmente se está acometiendo este proyecto-, así como pequeñas intervenciones como la creación de isletas refugio, orejetas y peraltes. Actualmente, los puntos negros de Bilbao, donde se concentra la mayor parte de siniestros, son los cruces de General Concha con Autonomía, Avenida del Ferrocarril con Autonomía, Urquijo con Sabino Arana, Mazarredo con Colón de Larreátegui, Mazarredo con Gran Vía, así como la calle Ribera y María Díaz de Haro.
Desde 2007, el Consistorio ejecuta toda una batería de medidas en estos puntos críticos. Las obras que conforman esta primera fase del plan de movilidad «concluirán en noviembre». Una operación, puntualiza Abaunza, en la que se han invertido 3 millones de euros. «Una vez concluidos estos trabajos, habrá que comprobar si las soluciones aportadas son efectivas. Al menos hasta 2010 no tendremos elementos de juicio para saberlo», añade el concejal.
A partir de ahí, no renuncian a seguir implantando nuevas medidas correctoras, pero radares como los de Zumalacárregui no parecen entrar en sus planes. «Somos más partidarios de aplicar sistemas pasivos de reducción de la velocidad como el anchado de aceras, semaforizaciones y peraltados. Cuando el conductor ve una calzada estrecha, tiende a levantar el pie».
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