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Los vecinos, que no olvidan a las víctimas, celebran que la calle sea «más segura»
02.05.09 -

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Los accidentes mortales son una página oscura de la Avenida Zumalacárregui. El recuerdo de aquellos momentos negros sigue vivo en forma de ramos de flores en los márgenes de la carretera y también en la memoria de los vecinos de la zona. «Aquí cayeron unos cuantos», lamenta Luis Marina. Desde su balcón, que se asoma a la rotonda en la que confluyen Zumalacárregui y Zabalbide ha visto muchas pifias al volante. Ahora celebra que la calle «es más segura» y que, por fin, se ha conseguido «que los coches circulen más despacio desde que pusieron los semáforos».
Pero toda moneda tiene su cruz. A cambio de ganar en seguridad, los residentes han visto incrementada la contaminación acústica. «Con el 'arranca-para' se nota mucho más el ruido de motores», explican Luis y su esposa, casi los únicos que no han sucumbido al cerramiento de balcones. Las quejas no quedan ahí. Teresa Crespo y su marido critican que «pasear es mucho más incómodo que antes y ya han cambiado tres o cuatro veces los adoquines». Desde el coche tampoco ven mejor la vía. «Es muy lenta, los resaltes te hacen casi parar el coche y los carriles son tan estrechos que es fácil darse un toque».
No todos los conductores protestan. Según Ainhoa García Iturregui, «ahora se circula mucho mejor. hay menos atascos, el tráfico es más fluido y ya casi no se ven accidentes». Ella da por bueno uno de los cambios que más críticas despierta: los nuevos semáforos y su temporización. Los conductores censuran que, además de ir despacio, los discos estén «descoordinados» y «siempre te pillen en rojo».
Abaunza aclara que se trata de algo absolutamente premeditado. «Es lo que llamamos 'onda verde', la planificación semafórica de calles largas. Marcas una velocidad para la vía y, sabiendo la distancia que hay entre un semáforo, planificas el ciclo para que los conductores que vayan a una velocidad constante se lo encuentren en verde y los que vayan más rápido, en rojo».
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