Donde algunos ven una pared desnuda y fría ella propone una cascada de vegetación, a los tejados les ve posibilidades como jardines e incluso las isletas de tráfico la seducen como espacios para acoger flores o arbustos. Diana Balmori, reconocida paisajista internacional, se encuentra en Bilbao como invitada del Certamen de Jardines Urbanos, que desde hoy convertirá la villa en el escaparate de una treintena de instalaciones naturales durante tres meses. Ayer, ensimismada en su creación -una cascada de cañas y flores que trepa por las escaleras de las Torres de Isozaki- insistía en la necesidad de ganar terreno al cemento.
-Quienes viven en Bilbao tienen la obsesión de que hay pocas zonas verdes. ¿Usted comparte esta percepción?
-Sí, relativamente, tiene pocos espacios verdes. Y eso que la ría, con árboles plantados a ambos lados ha ayudado mucho. Es necesario que la naturaleza esté en la ciudad. En el siglo XIX se creaban parques como el de Doña Casilda, grandes, pero concebidos como un recinto cerrado dentro de la ciudad, no en diálogo con ella. Hoy en día, la filosofía es otra: ya no existen esos terrenos inmensos y hay que hacer cosas más modestas, pero en más sitios, aprovechando todos los espacios disponibles, como las isletas del tráfico, por ejemplo.
-Usted aboga por convertir hasta los tejados en zonas verdes...
-¡Sí! ¡Y las paredes también sirven!
-Por lo que se ve, la falta de espacio no es excusa para usted.
-No, al contrario. Fíjese en el certamen de Jardines Urbanos que se celebra ahora en Bilbao. Son instalaciones muy modestas, pero su efecto es muy grande.
-El suyo le ha dado un toque de color y vida a las escaleras de las Torres Isozaki.
-Sí, forma parte de la propia escalera, no es sólo mero adorno. Es una acción, un activismo.
-Los paisajistas trabajan mano a mano con arquitectos y urbanistas. Pero, ¿no hay una pelea entre el ladrillo y la vegetación?
-Siempre estamos en esas riñas, ja, ja. Esencialmente, el paisajismo siempre se ha concebido como algo para decorar un edificio, como un agregado, pero ya se empieza a aceptar como elemento con importancia. ¡Un jardín es una necesidad, no un adorno! Los espacios verdes limpian el agua y el aire, purifican el entorno.
Enamorada del agua
-¿Cuál es el mayor obstáculo que encuentra para desarrollar su trabajo?
-El presupuesto. El paisajismo es la 'cenicienta' de los proyectos urbanísticos, sólo le toca el dinero que sobra.
-¿Bilbao es un buen sitio para desarrollar su profesión?
-¡Bilbao me encanta! Aquí hay mucho interés por hacer las cosas bien y a una velocidad increíble, además.
-¿Cuáles son sus rincones favoritos?
-La ría, los Jardines de Albia, el tranvía, el Guggenheim... ¡tantas cosas! Además, la ciudad ha tenido la gran suerte de que muchos grandes arquitectos le han dado prestancia.
-¿No le ve nada de malo?
-Creo que tiene que prestar más atención a los peatones, que están muy abandonados. Bilbao necesita más zonas peatonales para dar grandes caminatas.
-Usted nació en Gijón, se crió en Inglaterra y Buenos Aires, tiene su estudio en New York y debido a su trabajo ha visto mucho mundo. ¿Cuál es su paisaje favorito?
-Cualquiera que tenga agua, el mar, un río... da igual.
-¿Y el lugar más desolador que ha conocido?
-Los paisajes más desolados siempre son los urbanos.
-¿Tienen remedio?
-En una ocasión hice un libro sobre jardines que gente desamparada, sin hogar, creaban en Nueve York, en sitios abandonados. Cogían un rincón y lo transformaban en un espacio que invitaba a estar.
-Sin saberlo, eran paisajistas aficionados.
-¡Claro! Fue precioso ver la fuerza de aquellos jardines y cómo les aportaban felicidad.