Los efectos de la crisis ya se dejan sentir en el sector español del crédito. El grupo Banco Popular ha puesto en marcha un plan para cerrar en dos años 300 oficinas en seguimiento de las recomendaciones del Banco de España al sector para capear mejor la crisis. La entidad ganó 224,76 millones de euros en el primer trimestre, en el que realizó una dotación voluntaria y adicional de provisiones por importe de 175 millones, por lo que pueda ocurrir en meses sucesivos, tras registrar un repunte de la morosidad en el último año desde el 0,98% al 3,82%. Una tasa que se dispara al 4,75% en el segmento de promotores, pero se reduce al 2,52% en las hipotecas concedidas a particulares.
El beneficio atribuido al grupo es inferior en un 30,7% al conseguido entre enero y marzo de 2008, pero el consejero delegado de la entidad, Roberto Higuera, explicó que la evolución obedece a la aplicación del principio de máxima cautela. Sin las provisiones voluntarias, las ganancias se hubieran repetido.
Higuera destacó las fortalezas del negocio: en el Popular, los ingresos están creciendo a un ritmo del 16,4%, mientras los costes operativos caen un 2% en comparación anual. Todos los márgenes muestran un avance significativo, y entre ellos destaca el resultado antes de provisiones, indicador de la capacidad de generar recursos, con un incremento interanual del 19,1%. También brilla con luz propia un coeficiente de eficiencia (porcentaje de costes totales sobre ingresos) que rompe los esquemas, al colocarse en el 28,34%. Y el banco se defiende ante quienes hablan de cierre del grifo del crédito, con una tasa del 5,2% de avance interanual, que se eleva hasta el 7,2% cuando se limita al colectivo de empresas. Pero lo cierto es que el pasivo aportado por los clientes aumenta nada menos que el 23%.
Impagados a la baja
El consejero delegado del grupo también anticipó unas 70 sucursales han cerrado ya sus puertas en el primer trimestre, y se clausurarán otras 90 a lo largo del año. En 2010 serán clausuradas hasta 150 más, lo que sumará en total más del 10% de su red de sucursales. Higuera aseguró que estos cierres no se traducirán en despidos. El ajuste de plantillas se llevará a cabo a través de bajas vegetativas no cubiertas o contratos temporales no renovados.
El ejecutivo del banco consideró la evolución de las nuevas entradas de impagados -857 millones en enero, 417 millones en febrero, 228 millones en marzo- para precisar que, si bien no se ha «salido por completo de la zona de peligro», la trayectoria de los próximos trimestres irá en línea con los más recientes datos.