«Todo empezó cuando me compré unas botas. Al poco rato de estrenarlas noté que me picaba el pie y al descalzarme comprobé que estaba rojo y algo hinchado. Al día siguiente los picores eran insoportables, me sentía fatal y tuve que ir a Urgencias. Me pusieron un tratamiento, pero no mejoraba: la fiebre me subió hasta los 40º y el pie se me puso como el de un elefante, cuatro tallas más de lo normal, lleno de ampollas. Casi no se me veían los dedos, todo era una masa negra y grande. Tuve que volver a Urgencias y casi me ingresan. Estuve tres meses de baja, dos de ellos sin salir de casa, tomando corticoides, antibióticos y pomadas. Lo pasé fatal».
Esta experiencia que relata Elena la han sufrido en mayor o menor medida cientos de personas que un día cometieron el 'error' de comprarse unos zapatos fabricados en China. La culpa es del dimetilfumarato, una sustancia calificada por el Ministerio de Sanidad como «nociva por vía dermal». Algunos fabricantes de calzado, de origen chino, la utilizan como agente antihumedad y fungicida, envasado en pequeñas bolsitas similares a las de sílice. La diferencia es que, mientras esta sustancia es inocua, el dimetilfumarato puede causar graves irritaciones cutáneas.
Desde que saltó la alarma, a finales de 2008, las autoridades de Consumo han introducido en la red de alerta un total de 82 marcas de calzado susceptibles de causar serias lesiones dermatológicas. El País Vasco es la segunda comunidad autónoma, por detrás de Andalucía, donde se han realizado más notificaciones de productos contaminados, en concreto 17. En toda España se han tramitado 119 alertas.
Hasta la fecha, el Gobierno vasco ha inmovilizado cerca de 600 pares de zapatos tras descubrir en su interior las peligrosas bolsitas. En un primer momento, Consumo intervino 1.400 productos pero, una vez analizados, más de la mitad fueron devueltos a la cadena comercial al no presentar rastro alguno de dimetilfumarato. En total, las autoridades vascas han tomado muestras de 35 modelos de calzado. Catorce de ellos estaban contaminados.
Este problema ha alcanzado tal magnitud que el Grupo Español de Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea (Geidac) ha realizado un protocolo de actuación dirigido a profesionales, dada la «dificultad» de diagnóstico de estas lesiones. Los dermatólogos advierten de que el dimetilfumarato es una sustancia «muy volátil» que impregna la piel del zapato, por lo que recomiendan evitar todo contacto con el calzado que haya contenido las bolsitas.
Tres tallas más
Lo grave, como señalan las asociaciones de consumidores, es que la lista de marcas contaminadas crece cada semana. Entre los productos retirados se encuentran botas, zapatos y zapatillas de adulto, pero también calzado infantil. La Asociación Nacional de Afectados por Dimetilfumarato (Andafed) ya ha anunciado la presentación, a principios de mayo, de una denuncia colectiva dirigida a reclamar a las autoridades que pongan en marcha una «investigación exhaustiva». Marga Santamaría, la presidenta del colectivo, fue la primera afectada que hizo saltar las alarmas en la opinión pública. Esta vecina de Vitoria sufrió en carne propia los efectos del dimetilfumarato y, desde entonces, se ha convertido en una activa militante contra esta sustancia. En noviembre del año pasado estrenó unas botas que había comprado en Valladolid y, a día de hoy, sigue recibiendo un tratamiento con corticoides porque «se trata de una alergia «muy resistente que no remite al 100%. Su pie le creció «tres tallas». Su web (www.andafed.com) se ha convertido en punto de referencia para los afectados.
Una treintena de casos
Según sus estimaciones, en el País Vasco hay una treintena de afectados con serias lesiones. «Sólo pedimos que se abra una investigación para esclarecer lo ocurrido. Yo tengo derecho a saber qué ha pasado, por qué han entrado estos productos contaminados en España», reclama. Santamaría lamenta que el Ministerio de Sanidad no haya emprendido aún una campaña informativa para alertar a los ciudadanos. «Todavía se sigue vendiendo calzado contaminado. Mucha gente desconoce qué es el dimetilfumarato y tampoco sabe cuáles son sus derechos si se convierte en una víctima más».
En la misma línea, FACUA-Consumidores en acción viene reclamando desde diciembre que el Instituto Nacional del Consumo (INC) emprenda acciones divulgativas ante la «gravedad del problema». «Se trata de que los consumidores no adquieran los modelos contaminados que sigan en el mercado y que quienes ya los hubiesen comprado, dejen de utilizarlos». La asociación recomienda a los afectados que reclamen «indemnizaciones a las marcas».
El Ministerio de Sanidad, entretanto, ha pedido a las comunidades autónomas que hagan seguimiento de los casos con el fin de poder determinar la «magnitud del problema». En España, el origen se la mayoría de los diagnósticos se debe a lesiones por el uso de zapatos pero en Europa los sofás contaminados por dimetilfumarato también han provocado multitud de denuncias, sobre todo en Francia. En este país, tres de los afectados -entre ellos, la presidenta de la asociación de víctimas- han iniciado hace unos días una huelga de hambre para conseguir que un laboratorio analice sus viviendas. Argumentan que están contaminadas: se deshicieron de los sofás, pero siguen notando dificultades para respirar, unos síntomas que sólo desaparecen cuando se ausentan unos días del domicilio.
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