La posibilidad de que la desconocida mutación de la gripe porcina se haya introducido en España, al infectar a siete jóvenes de Valencia, Bilbao, Albacete, Gerona, Barcelona y Teruel que habían viajado a México, ha obligado al Gobierno a activar los protocolos de respuesta junto a las comunidades autónomas para aislar los casos detectados y desplegar las labores de prevención. La constatación de que los mecanismos de alerta han funcionado ante los síntomas que presentaban los pasajeros afectados y la positiva evolución de los mismos constituyen motivos de tranquilidad para una ciudadanía que, sin caer en un alarmismo contraproducente, necesita de una información transparente y de indicaciones claras ante el riesgo de pandemia del que ha advertido la Organización Mundial de la Salud. Los casos detectados en nuestro país, unidos a otros que se analizan en lugares tan distantes como Francia, Nueva Zelanda o Israel, han acreditado la capacidad de esta variante rara del virus A/H1N1 para propagarse de un país a otro, tras verificarse su impacto en México y en EE UU. La evidencia de que la gripe ha superado ya fronteras se anticipó ayer a la confirmación oficial de la OMS. Lo que demuestra hasta qué punto las epidemias sanitarias pueden transformarse en una amenaza de difícil control en un mundo de puertas abiertas.
Es ese mundo global el que obliga a actuar a los organismos internacionales y a los gobiernos nacionales de manera rigurosa y coordinada, pero también con una diligencia que dé garantías reales de prevención. De poco sirve intentar rebajar con meras apelaciones a la calma el riesgo de una alerta epidemiológica como ésta, cuando la percepción social puede verse alterada tras la aparición de los primeros casos en un ámbito geográfico próximo y ante las continuadas noticias, de alcance planetario, sobre el desarrollo del virus. Tanto la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, como los responsables autonómicos están obligados a combinar los llamamientos a la tranquilidad con datos precisos sobre las investigaciones, las iniciativas que se han puesto en marcha para contener el virus, las recetas aplicables para prevenirlo y los medios de que se disponen -entre ellos, las vacunas- para combatir sus efectos. Es prudente que las autoridades españolas aguarden a las recomendaciones de la OMS, pero la decisión sobre viajar o no a las zonas más afectadas no debería quedar sometida sólo al criterio individual de los ciudadanos. Especialmente, cuando aún reinan tantas incertidumbres en torno a un virus que se cobró su primer fallecimiento el 13 de abril en México, sin que se sepa todavía con exactitud cuál es su potencial real de contagio entre humanos y si la detección precoz evitará totalmente la mortalidad que ha provocado hasta ahora.