Cuenta la leyenda que Jenson Button se acicala como David Beckham cada vez que tiene que aparecer en público. Sin llegar al estereotipo del más célebre metrosexual, el piloto de Brawn gasta la mitad de su tiempo en una laboriosa puesta en escena, el pelo meticulosamente desordenado, la barba de tres días sin que se mueva un pelo de su sitio, ese estilo de lo más 'cool' que encandila al público femenino... Es la nueva imagen en este prólogo del Mundial allende los lindes continentales. Regresa a Europa la Fórmula 1 desde Australia, Malasia, China y Bahrein, y lo hace al mando de Button, líder sólido que ayer ganó en el desierto con brillantez personal y un punto de aburrimiento para la concurrencia. Y eso sí, se miró al espejo, seductor él, antes de escalar al podio.
El Mundial pertenece a los pequeños, esa cartera de coches cliente que atisbó resquicios en el reglamento para llegar hasta donde no lo hicieron Ferrari, McLaren, BMW y Renault. Bahrein decretó un orden de prioridades: Brawn, Red Bull y Toyota han adelantado el paso y, sobre todos, Button vuela hacia el título sin perder de vista a Sebastien Vettel, una fuerza de la naturaleza que ya presenta credenciales con 21 años.
Ferrari y McLaren llaman a la puerta europea en espera de que su poderosa maquinaria financiera y logística entregue coches más veloces en Montmeló. Y luego está Alonso, sometido a una carrera de persecución en la que no se siente cómodo. Un punto y gracias en Bahrein. Y en el sofoco general, un desmayo al terminar la carrera. El asturiano, que perdió dos kilos por las altísimas temperaturas -38 grados en la pista, 51 dentro del R29-, ingresó en un túnel negro a eso de las cuatro de la tarde. Sufrió un mareo por una deshidratación y una bajada de tensión. Durante la carrera había fallado el conducto del agua de su Renault y no pudo beber en 57 vueltas. Concluido el turno de entrevistas, no aguantó más. «Lo más que recuerdo es que estaba sentado delante de un ventilador», contó el ovetense.
Fue el punto final a otra carrera invisible del doble campeón del mundo. Alonso salió mal, fue rebasado por los dos Ferrari y a partir de ahí condenó la tarde a un camino de obstáculos. «No hubiera cambiado nada si hago una buena salida porque el ritmo de los demás era superior», rebate el español, quien sorprendentemente aseguró que la ayer fue su «mejor carrera en los últimos dos años».
Alonso ya no sale en la tele desde que pelea por la franja del punto 1 o ninguno. El realizador de Ecclestone rescata su talento en cuestiones puntuales, como ese adelantamiento que realizó por fuera al Toyota de Trulli, uno de los momentos estelares de la tarde. Pero en el ritmo, en el vuelta a vuelta, en la trazada constante donde se separa la paja del grano, el Renault de Fernando Alonso no alienta expectativas de poder luchar por los triunfos. De momento.
Nostalgia
En otro escalafón se alzan Brawn, Red Bull y Toyota. Y ahí es donde los pilotos marcan la diferencia. Gana Button, pero no Barrichello. Suma puntos Vettel por encima del solvente Webber. Y Trulli es capaz de hacer 'poles', pero no de resistir la tensión competitiva del cuerpo a cuerpo. Ayer, en cuanto Button apretó las tuercas del Brawn y las clavijas al italiano, éste se derritió. Muy ligeros de gasolina, tampoco Glock resistió al empuje de Raikkonen, que salvó los muebles en Ferrari. Tarde tostón en el desierto, carrera tediosa para rellenar el formulario que provocó nostalgia de lluvias tropicales en Malasia o China.