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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Bilbao Basket

cai zaragoza 69 - 70 Bilbao basket

Un triple de Salgadoa tres décimas delfinal aniquila al CAI y hace soñar a los hombres de negro

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Con la imagen altiva de un gondolero veneciano clavando la pértiga. De tal guisa se elevó Javi Salgado intuyendo que era entonces o nunca. Recibió la bola de manos de Blums, cuando el letón se vio atrapado entre una maraña de manos, y el 'crack' de Santutxu hizo una de las cosas que su currículo dice que mejor sabe: ajustar las cuentas; enviar la mota negra al receptor de turno. Con el ambiente en contra en lo personal tras una tangana en la que compartió técnica con Matías Lescano, el capitán de los hombres de negro no se arrugó. Pidió la vez, concitó la atención. Diez mil aficionados suspiraban por ver el cuadro de su canasta iluminado antes de que el bilbaíno disparara la ballesta. Algo más de doscientos, ubicados sobre el aro de la verdad, ni respiraban para evitar corrientes que pudieran desviar el lanzamiento. Triplazo. Sello de partido despachado y 'fair play' para no ampliar el 'shock' en el que quedó sumido el CAI.
Porque el retorno del Bilbao Basket a Zaragoza quedó reducido a los catorce segundos finales. En ellos se dirimió el desenlace, la suerte que sonrió a los foráneos. El mal fario que dejó chipiados a los maños, que han acuñado tal palabra para reflejar caladuras. No se llevaron un buen remojo en lo deportivo, pero sí recibieron una lección de operatividad. Perdió el CAI un partido que sólo dejó de dominar en un manojo de suspiros. Tres empates (a 45, 52 y 59 puntos), y otras tantas ventajas visitantes (59-62, 61-62 y el definitivo 69-70). Quedaron Alberto Angulo y sus hombres tan atónitos como los visitantes de 'El Plata', un cabaret con el que Bigas Luna trata de 'canallear' la tarde-noche zaragozana. Surrealista situación. Perder un encuentro que concluyó con una valoración ACB de 90-66 favorable a los inquilinos del Príncipe Felipe.
Pero no alcanzaron el grado de compromiso necesario. Que un equipo se juegue el ser o no ser en la ACB y pierda la atención con las musarañas de jalear a Colom, un base local al que las ganas de agradar le impiden tensar sus riendas mentales, o que el futuro pase porque Woods o Phillip monten el numerito de desplantes, incitaciones populares y demás parafernalia, parece desvelar que su implicación no es la idónea. Frente a ellos se plantó un equipo que convirtió un partido sin mucha chicha en una victoria buscada con inteligencia. Como si se la robara al sprinter de turno que se alisa el maillot y eleva los brazos al aire cincuenta metros antes de la meta, mientras las pirañas reaccionan a su estela hasta birlarle el momento de gloria.
Encerar el tobogán
¿Se confió el CAI? Tampoco es eso, aunque tuvo el triunfo en su mano y fue el principal culpable de prolongar su agonía hasta la jornada final, en la que recibirá al Murcia en un partido que puede saldarse con infartados. Los aragoneses tienen un serio problema. Están muy justitos. Sin Quinteros y pese a que Cvetkovic cuajó un buen estreno, malviven a la sombra de Loren Woods. Vamos que ellos mismos enceran el tobogán por el que nadie quiere bajar.
Para paliar los efectos de un mal inicio, el iurbentia apeló a Salva Guardia como sacacorchos. Sin el lesionado Pasalic y con Hampl vivo no más de dos minutos por las faltas, había que plantear alguna trampa para no perecer en la inferioridad del juego interior. Los triples tardaron medio partido en entrar con asiduidad, pese a ser fabricados con buenos materiales, pero los del pívot valenciano eran los más certeros. La opción de abrir el campo en torno a su amenaza surtió efecto y el protagonismo corrió turno. Buen segundo cuarto de Salgado, no peor el tercero de Blums... y con la defensa funcionando a toda máquina tras el descanso. Sólo tres canastas de dos puntos del CAI en el tercer parcial provocaron la preocupación entre quienes ven el baloncesto más allá de destellos flamígeros.
Los triples que se le habían negado antes al iurbentia llegaron en el momento oportuno. Uno de Markota, dos de Paco Vázquez, otro, el cuarto de Guardia. Y, por supuesto, el que más tardó. Pero mereció la pena esperar tanto. Javi Salgado, por los pelos, acudió a tiempo a su cita.
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