El primero de los seis jandillas no tuvo apenas fuerza. Tomó resignadamente dos varas de trámite, claudicó, se sentó en banderillas, desarmó a Juan Montiel, que lidiaba tan bien como suele, y lo hizo con una cabezazo de los de sacudirse el engaño. Ninguna gana de trabajar ni fuerza para hacerlo. En tablas, a la diez líneas de trasteo, el toro volvió a arrodillarse. Una pequeña bronca y Finito cortó por lo sano. Dos pinchazos y cinco descabellos.
El segundo cobró un primer puyazo trasero y duro que lo descompuso por eso: por trasero. No tuvo mal aire el toro, pero, más perezoso que noble, se fue encogiendo paulatinamente, no descolgó y pegó más de un trallazo. El trabajo de Morante anduvo en paralelo con el fondo del toro: de más a menos. Un garboso arranque a dos manos con dos remates cambiados de fina gracia; un cambio de mano para abrochar una tanda en redondo bien dibujada. Por la mano izquierda protestó el toro, que vino a frenarse. Morante optó por torear al hilo y provocar al cabo con zapatillazo. No fue la mejor idea. Media estocada atravesada bastó. Lo sacaron al tercio a saludar.
Luego, se tocó fondo. Terciadito, lustroso, acarnerado, el tercero, después de un brevísimo galope, se puso a escarbar. Castella, valiente en el recibo y saludo, quitó por chicuelinas, cinco, y remató con media. Castella abrió faena con templados muletazos de horma y castigo. En la primera tanda por derecho se rebrincó el toro, que se echó de pronto y en el suelo rodó muerto como si se hubiera reventado.
La corrida de Jandilla fue de cuatro negros y dos castaños. Los castaños salieron de otra manera. Las manos por delante el cuarto, de salida muy flojito. Trasteo menor de Finito, despegado, descargado, ligero, de desplazar al toro sin darle la menor opción ni consentirle nada. Por una mano y la otra. Por una de ellas adelantaba el toro, de flojo no de listo, y descubría a Finito pero lejos. Un pinchazo y media defectuosa.
La disposición de Morante desde el mismo recibo del quinto: dos lances buenos y otros dos más desairados. Un toro trotón, con menos caja y kilos pero más cara que cualquiera de los otros. Sólo un amago de raje de última hora. Morante hizo un saleroso quite por chicuelinas, se envolvió en un primer lance para rematar y abrochó con media de caro empaque y gran encaje. A Morante pareció gustarle el toro y cómodo con él estuvo: cuando la faena fue juego, primero, y cuando, parado y a punto de irse, el toro se prestó bastante menos.
Un raje en toda regla
Morante aguantó impávido dos o tres paradas del toro en embroques en falso. Y antes de eso dibujó con primor otras dos, tres tandas de gusto, con sus pequeñas filigranas de propina. El molinete de solución, un abanico, torería, remates inspirados por abajo o largando el toro por alto. Y firmeza, que fue la clave del asunto. Bastó media estocada. Una oreja.
Casi 600 kilos dio el sexto en básculas: enorme culatón, barrigudo y ancho, negro zaino, un tipo de toro que suele moverse bien en Jandilla. No éste, que, desganado, se empezó a abrir en seguida y a dar señales de lo que iba a terminar pasando: un raje en toda regla. De la muleta de un serio y seguro Castella se fue a tablas el toro unas cuantas veces. Castella abrió faena con estatuarios aplicados y enseguida se descaró y puso. Ofrecido al toro, que no aguantó tres muletazos seguidos. Bandera blanca sacó el toro, tumbado de gran estocada.