Acaban de cumplir 10 años y todavía andan con pañales. Es lo que dicen en Hirukide (Federación de Familias Numerosas de Euskadi), «porque cualquier ONG necesita más tiempo para curtirse». Y aún así, han sabido estar al quite: van de aquí para allá, tocando en todas las puertas, ya sea en el Gobierno vasco, las Diputaciones o los ayuntamientos. De esa manera, se hacen notar los portavoces de una entidad que engloba a 4.737 hogares, es decir, cerca del 30% de las 16.231 familias que poseen la acreditación de numerosa en el País Vasco. Datos muy reveladores, pues en 1999 apenas 2.759 habían solicitado ese título que expiden las instituciones forales. En una década, se han multiplicado casi por seis.
«Ahí se ve lo mucho que hemos mejorado. Antes, muy poca gente con tres hijos o más se animaba a registrarse. Pensaban que no merecía la pena...», reflexionan en Hirukide. Una indiferencia que se ha superado en gran parte gracias a las reivindicaciones de la Federación vasca. Sus esfuerzos se han visto compensados en varios frentes, bien sea en las ayudas económicas, descuentos en la matrícula de las universidades privadas, transporte... El salto ha sido importante pero, insisten, «queda mucho por hacer en favor de la familia, sea o no numerosa».
Que sean los primeros
De entrada, las cifras no invitan al optimismo: España destina un 0,7% de su PIB a su bienestar, cuando la media europea asciende al 2,1%. Y en cuanto a Euskadi, llevamos siete años con Planes de Apoyo a la Familia. Eso sí, muchas no han visto ni un solo euro de las ayudas económicas directas. ¿La razón? Pues haber tenido sus hijos antes de 2002. Como pasó con las prestaciones por nacimiento que autorizó Zapatero en 2007, no hay efectos retroactivos. Los padres con críos de siete, doce, quince años... se han quedado sin el dinero (en la actualidad, 400 euros) que el Gobierno vasco otorga hasta que el tercer hijo cumple siete. La suerte les ha dado esquinazo, pero Hirukide no se da por vencida.
La Federación de Euskadi reclama la prioridad de las familias numerosas a la hora de disfrutar de la ampliación de ese apoyo, que progresivamente se irá alargando hasta los 18 años. «Lo justo sería que ellos fueran los primeros. Así podrán recibir ese dinero cuando más falta les hace, o sea, en la época de estudio de los chavales». Cuando cursan el Bachillerato o la Universidad los gastos se disparan, por lo que toca apretarse el cinturón sin miramientos. El recurso habitual de heredar ropa y libros de texto ya no vale.
Con la prórroga paulatina de esa ayuda, los hogares que no han percibido ni un euro pueden tener su oportunidad. Está previsto que la ampliación arranque en 2011, con el III Plan de Apoyo. Los próximos diez años serán decisivos: el pasado mes de diciembre, se aprobó en el Parlamento vasco una ley de respaldo a la familia que recoge el compromiso de converger con la UE en 2020. Un largo camino que Hirukide piensa recorrer sin dormirse en los laureles.
Los plazos son necesarios pero también juegan malas pasadas. Véase, si no, lo que les ocurre a los benjamines: los dos pequeños pierden automáticamente todos los derechos que disfrutaron sus otros hermanos cuando el inmediatamente mayor que ellos cumple 21 años (ó 26 si ha seguido estudiando). La ley estatal lo regula de esa manera, no hay vuelta de hoja. La familia pierde su condición de numerosa y se queda sin descuentos en educación, transporte, impuestos... Una medida que responde a una lógica de otros tiempos: se supone que, con 21 años, el joven ya no acarrea gastos a los padres y, por otra parte, como los más pequeños se limitan a dos ya no existe propiamente un clan numeroso.
«¡Es otro de nuestros caballos de batalla! Lo más normal sería mantener la titularidad de familia numerosa hasta que el menor cumpla 21 años», razonan en Hirukide. Son combativos y no tiran la toalla; en más de una ocasión, han recurrido a la vía judicial. Y con gran éxito por cierto: «El año pasado, el Tribunal Supremo nos dio la razón al reconocer que el reglamento que desarrollaba la ley estatal contradecía la norma porque no permitía la acumulación de descuentos en el transporte». Dicho y hecho: en Euskadi, bien sea por carretera o ferrocarril, las compañías admiten ese derecho en todas las tarifas.
El avión es otro cantar. En este caso, se ha ido para atrás. En 1999, las reducciones oscilaban entre el 20% y 50% en los billetes ocasionales; actualmente son del 5% para la categoría general (con tres o más hijos) y 10% para la especial (cinco o más). «¿A qué se debe? A que entra en juego Iberia, que es el Estado... Sea como sea, el transporte aéreo es prohibitivo para nosotros. Aunque, hombre, alguna vez no hay más remedio... ¿Qué pasa si vives en las islas y tienes cinco hijos?». La pregunta queda en el aire.
Otra cuestión pendiente pero con mejores perspectivas son las tarifas eléctricas. Están hartos de exigir que se valore el gasto 'per capita' y no por hogar. Y como su paciencia tiene un límite, ya tienen abierta una demanda ante la Audiencia Nacional que exige la tarifación en función del número de miembros de la familia. «No es lógico que nos penalicen sin más ni más. Nuestro consumo, por fuerza, es mucho mayor. Se hacen más pucheros, se usa más el lavavajillas... ¡Es de cajón!».
Reclaman un trato acorde con su situación. Las normas deben ajustarse a la realidad y no a la inversa. «¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está la equidad?», echan en cara a la Administración. Ese mismo sentido común les lleva a proponer «una rotación en el parque de viviendas de protección oficial». La idea es que haya un abanico amplio de pisos entre 30 y 150 metros cuadrados, para que puedan adjudicarse de acuerdo con las necesidades de espacio. Así se evitaría que muchas familias se hacinen como sardinas en lata, con los niños durmiendo en la sala de estar. Visto este panorama, no sorprenden los resultados de un estudio de Hirukide que desvela algo sangrante: alrededor del 30% de los pisos de familias numerosas no se ajustan a los parámetros de habitabilidad, o sea, no se respeta la ratio de quince metros cuadrados por persona.
Rentas demasiado bajas
Queda claro que sus niveles de bienestar dejan bastante que desear. Y, por si fuera poco, tampoco lo tienen fácil para acceder a las ayudas públicas. Se imponen unos topes de renta muy bajos y sin unidad de criterio. En Etxebide, los ingresos máximos anuales de una familia de cinco miembros que aspire a una VPO deben bascular entre 44.000 y 51.765 euros; y cuando se trata de una persona, ese límite llega hasta los 33.000. «¿Hay proporción en eso? ¿Cuántos de nosotros vamos a poder acceder a una VPO con esos baremos tan sumamente irreales?». Cuando se trata de becas universitarias, el listón cae aún más: los padres con tres hijos sólo pueden solicitarla cuando su renta se sitúa entre los 26.823 y 37.628 euros.
La disparidad también se refleja a nivel municipal y foral. Hay 167 ayuntamientos en el País Vasco que aplican descuentos a su libre albedrío. Y en cuanto al IRPF, en 2008 la deducción por tres hijos fue de 2.275 euros en Álava, o sea, 175 más que en los otros dos territorios. No es una gran diferencia pero suficiente para que la Federación de Euskadi recuerde lo obvio: debería de dar lo mismo criar a los hijos en Basauri, Kripa o Astigarraga.
En definitiva, no pretenden gozar de la calidad de vida de Luxemburgo -que concede un total de 833 euros mensuales a las familias con tres hijos de menos de 17 años-, pero sí piden voluntad política para poner orden y concierto en la legislación. Dicen que por ahí se empieza.