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La moda condimenta una ensalada de 'prendas-joya' rematada de lentejuelas, piedras semipreciosas, brillos metalizados... El glamour se reviste de quilates
26.04.09 -

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Definitivamente, la moda se enfrenta a la temporada más brillante de los últimos años. En tiempos proclives a un consumo más sensato que derrochador, los fondos de armario se trabajan el glamour a base de quilates y parecen cofres del tesoro. Piedra a piedra, los modistos realzan su imagen más luminosa y consiguen el efecto deseado: deslumbrar. Es verdad que no descubren nada. O muy poco. Existen patrones que se repiten año tras año y en la capacidad del creador está reinterpretar esas piezas y hacer que parezcan nuevas.
De la cabeza a los pies, las lentejuelas, piedras semipreciosas, joyas y millones de cristales se incrustan en toda clase de prendas y recorren casi toda la geografía femenina provocando fogonazos y destellos. «Juegos de fantasía», proclama la diseñadora vizcaína Miriam Ocariz, a los que se engancha todo el batallón de la moda para ensalzar una tendencia que exhibe una absoluta dualidad. Se muestra en versión alta costura/sport y brilla por el día igual que por la noche.
Las pasarelas imponen los drapeados y rastrean todos los códigos del erotismo. Son vestidos que transmiten optimismo al complementarse con exuberantes encajes que destapan todo su potencial a través de sus lujuriosas rejillas. Irradian una naturaleza metalizada. Destilan un aire inequívocamente sexy. Es un homenaje a la ciencia-ficción con colores psicodélicos y pailletes centelleantes. ¿Serán capaces de levantar el ánimo en tiempos tan confusos?
La opulencia deshecha
Ese frío brillo se ablanda al contacto con la piel humana pese a tratarse de modelos excesivamente ostentosos. Las agujas más finas se dejan llevar por este sugerente juego ignorando la conjunción de las seis letras más temibles: c-r-i-s-i-s. Los ricos bordados metálicos decoran mangas, botones y cuellos y colonizan bolsos, blazers de aire masculino, blusas, vestidos camiseros... Dior rebosa exclusividad con sus pantalones de lentejuelas (6.450 euros), Giorgio Armani afloja algo la chequera con sus chaquetas negras con hombreras y pailletes (1.100 euros) y Etro reviste de aires étnicos el lujo más extremo con un chaleco de seda, hecho a mano en tonos crudos y aplicaciones de strass de diferentes tamaños. Es, sin duda, el invento más lujoso de los últimos años: la 'prenda-joya'. Su precio: 12.150 euros. Quizá concienciada por estos excesos, Verónica Etro, alma de la firma italiana, rebaja de forma deliberada la elegancia de estas glamurosas piedras sacando partido de los «'dettagli poveri'» o telas inesperadas -arpilleras, algodón de lienzo, y sedas empobrecidas cuyo brillo elegante ha sido literalmente eliminado- para construir un nuevo concepto: «La opulencia deshecha».
Tampoco se quedan atrás Alexander McQueen, experto en el lenguaje del diseño más provocador. Echa a andar a sus clientas con botines con cristales de Swarovski, los mismos con los que Valentino adorna sus sujetadores, Gianna Meliani remata de tachuelas doradas sus botas-sandalias gladiadoras, Versace se sostiene sobre zapatos con vertiginosos tacones de brillantes y Sonia Rykiel recubre los suyos de satén con perlas. El día y la noche tienen un nuevo uniforme: el brillo del lujo. Con él, Gwyneth Paltrow, Nicole Kidman o Kylie Minogue parecen estrellas de otra galaxia.
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