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Fondo de Inversión Local

Casi 300 operarios desembarcan en las calles para dar forma a los 59 proyectos

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Un reto: dar una vuelta por Bilbao sin toparse con alguna zona en obras. Será complicado en los próximos nueve meses. Ayer comenzó oficialmente el gran desembarco de operarios, materiales de trabajo y señalizaciones viarias, necesarios para completar a tiempo las 59 obras en las que el Ayuntamiento de Bilbao empleará los fondos del Plan de Inversión y Empleo del Gobierno central. De aquí a diciembre, alrededor de 300 operarios se echarán a la calle diariamente en alguno de los tajos que alterarán la rutina de la villa. Los peatones lo notarán, pero sobre todo serán los conductores los que más paciencia deberán derrochar ante la ristra de acotaciones de aparcamiento y estrechamientos de calzada que les acompañarán en sus trayectos por Bilbao.
El Consistorio empezó a prevenir a los vecinos a principios de semana de que el inicio de obra era inminente, con sus consiguientes trastornos. Ayer, el área de Obras y Servicios lanzó la primera gran tanda de trabajos. En total, a lo largo de la jornada, comenzaron 27 proyectos en distintos puntos de la villa. De momento, señalizaron cada zona, advirtieron de la necesaria retirada de coches estacionados y dispusieron los vallados, herramientas y materiales en cada punto de actuación.
Pocos pudieron empezar a levantar aceras y viales, a la espera de tener el escenario despejado. Hoy pondrán en marcha las máquinas y, «para finales de la semana que viene, estarán ya a pleno rendimiento, con la totalidad de obras iniciadas», concretó el concejal José Luis Sabas, que estuvo a pie de obra desde primera hora de la mañana. La sensación en el Consistorio y en la calle es la de estar calentando motores. «Siempre se empieza de forma sosegada. Las contratas tienen que tomar contacto con su zona de trabajo, realizar las últimas comprobaciones, aclimatarse, hasta que la obra coja ritmo y llegue a su cénit», describió Sabas en el tajo de la Gran Vía, uno de los principales de esta oleada, «porque estaremos trabajando en el corazón de Bilbao; la actividad aquí será enorme».
El trecho de esta arteria de la villa comprendido entre Moyúa y Gregorio de la Revilla adoptará una estética similar al resto de la calle, remodelada en el año 2000. «Para ello, trabajará aquí uno de los equipos más potentes», apuntó el responsable de Obras y Servicios. Pese a la envergadura de proyectos como el de la Gran Vía, la reurbanización de la avenida Madariaga de Deusto o la remodelación de Castaños, Sabas remarcó la importancia de «otro tipo de dimensión, la sensible, porque soluciona problemas a la gente». Se refería a las faenas en los barrios. «Por ejemplo, la adecuación del cruce del supermercado de Santutxu, porque las cosas pequeñas tienen mucha grandeza», explicó.
Ciudad «muy usada»
Las molestias serán el pan de cada día, pero en el Ayuntamiento quieren ser optimistas. «Trabajar en la calle siempre es complejo y Bilbao es una ciudad muy usada, pero en casi todos los casos se mantendrá el paso de vehículos y peatones. Sólo en Cortes hay que cerrar el tráfico para cambiar todo el saneamiento. Será la más incómoda». Según Sabas, durante los próximos nueve meses, «el área vivirá en un continuo estado de ansiedad». Más o menos el que sufre cualquiera que se atreva a meterse en obras en casa. Pero los peatones y conductores también tendrán lo suyo hasta que la ciudad cierre todas las zanjas.
Ayer, las palas de excavadora empezaban a tomar posiciones en Madariaga para deleite de no pocos mayores, que no tendrán que buscar mucho para seguir los pormenores de la faena. Desde una renovación de saneamiento a asfaltados, pasando por la instalación de nuevo alumbrado y hasta ensanchamientos de aceras. «Estaremos un poco incómodos una buena temporada, pero ya le iba haciendo falta un arreglito a esta zona», comentaba Rosalía Fernández, una vecina que, al conocer que el barrio va a renovarse desde las tripas, aprovechó para consultar: «¿Nos van a cortar el agua?». Pasará un tiempo hasta que ocurra.
Los de la calle Castaños eran los más adelantados. Las máquinas asfaltadoras ya trabajaban a la altura de la plaza del funicular. «Menos mal que además de poner bonita la ría han entrado un poco más adentro, que nos separa una manzana del Campo Volantín y parecemos de otro pueblo», protestaba una residente que, pese al alivio por las obras, cuestionaba: «¿Dónde se supone que vamos a aparcar?». Deberán echarle paciencia. La que le sobra a Margarita Gómez en Gregorio de la Revilla. Allí las vallas de obra aguardaban su turno apiladas junto al colegio Ikasbide y Margarita estaba encantada. «A ver si nos ponen bien guapa la calle. Si hay que aguantar un poco de ruido, se aguanta, pero que quede bonita y den trabajo a la gente». Los comerciantes, que además de las molestias suelen ver damnificada su caja, se reunirán mañana con el Consistorio para conocer los detalles y tiempos de esta avalancha de reformas.
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