Xabier de Irala dio ayer la campanada. El presidente de la BBK anunció que abandonará el puesto el 31 de julio, el día de San Ignacio, tras seis años al frente de la caja. El origen de la decisión, que cogió por sorpresa a la clase política y empresarial y a sus propios colaboradores, radica en los problemas de salud que arrastra desde que en marzo de 2007 sufriera un infarto cerebral. Las secuelas del accidente vascular le impiden ejercer adecuadamente «el liderazgo de una entidad de la importancia y tamaño de BBK», según admitió al comunicar su retirada. Bajo esa premisa, garantizó que como el proceso de transición que ahora se abre se produce en un entorno de «tranquilidad institucional» en la Bilbao Bizkaia Kutxa, se llevará a cabo «sin sobresaltos».
«Mi prioridad es la salud y la familia», enfatizó Irala en el transcurso de una comparecencia pública en la que estuvo arropado por su equipo más cercano y en el que mostró su determinación de «salir del ruedo y no seguir en la trinchera».
El ejecutivo desvinculó radicalmente su marcha del fracaso -un termino que él rechaza de plano- de la fusión de las cajas vascas por motivos políticos, un fiasco que se ha producido en dos ocasiones durante su mandato. El primer intento fue protagonizado en 2005 por la BBK, la Vital y la Kutxa. El segundo, el pasado año, sólo por las entidades vizcaína y guipuzcoana. Son el único lunar de su exitosa gestión al frente de la institución. Desde 2003, Irala ha logrado que la caja duplique sus porcentajes de crecimiento, obtenga beneficios récord y aumente de forma muy notable su aportación a la Obra Social.
Con todo, y para tratar de eliminar definitivamente el fantasma de que la 'no fusión' está tras su marcha, fue categórico al explicar su retirada: aseguró que, aconsejado por todos los médicos que le atienden, tenía tomada la decisión «desde el momento» en el que sufrió el accidente vascular, ya que la situación provocada «ha exigido y exigirá» en el futuro una vigilancia «constante».
«Sólo mi sentido de la responsabilidad» y la inmediatez de la posible fusión, finalmente abortada, «me han mantenido en mis funciones hasta la fecha indicada», explicó. Un periodo -apostilló- que ha aprovechado para realizar los cambios preparatorios para su salida de la entidad, unas modificaciones que evitó concretar.
Pese a esas explicaciones, el hecho de que el anuncio de su salida se produzca a sólo 15 días de que el PNV dé el relevo a los socialistas en el Gobierno vasco multiplicó las especulaciones en torno a si su marcha esconde motivaciones políticas, como dejar expedito el paso a alguno de los futuros ex altos cargos nacionalistas, dado que la BBK está controlada por el PNV.
La decisión, rubricó Irala, no es nueva -«la vengo madurando desde hace tiempo»- y obedece a intereses exclusivamente personales. Según ha sabido EL CORREO, antes de la celebración de las elecciones autonómicas del pasado 1 de marzo, transmitió a la dirección del PNV que quería dejar sus responsabilidades en la caja para cuidar su salud. Inicialmente, sus planes pasaban por salir de la entidad incluso antes de los comicios, si bien accedió a la petición de la cúpula nacionalista de que esperara al menos hasta el verano.
Promesa cumplida
Otros signos deslizados por Irala en los últimos meses confirman que el aún presidente de la BBK ya tenía en mente la retirada. Antes de que el pasado noviembre fracasara el intento de fusión entre la BBK y la Kutxa por falta de apoyo en la entidad guipuzcoana, transmitió a varios colaboradores: «Si esto no sale adelante, el próximo año tendréis un nuevo presidente». Ayer cumplió su promesa.
Y aún en el supuesto de que esa integración hubiera llegado a buen puerto, sus planes eran, según su círculo más cercano, dejar la gran caja vasca cuando se cumpliera el periodo transitorio de seis meses durante los que iba a ocupar la presidencia. Ayer él mismo insistió en esa tesis al asegurar que su compromiso con ese proceso era «total», pero que estaba previsto que «no fuera más allá del periodo transitorio». Es decir, hasta julio.
Consciente de que se va de la entidad sin que su proyecto más codiciado, la fusión, haya visto la luz y persuadido de que, tarde o temprano, volverá a intentarse, Irala puso una vez más la pelota en el tejado de la política. «La fusión está hecha», recordó en alusión al consenso logrado en 2005 por los tres presidentes. «Ahí están los acuerdos que se alcanzaron desde el punto de vista técnico», añadió. Un trabajo que no dudó en calificar como «excelente, muy bueno» y que, a su juicio, facilitaría la integración de las cajas vascas «en poco tiempo» en caso de que los partidos así lo decidieran.
Eso sí: dejó claro que el proyecto está supeditado a que «los políticos decidan si están dispuestos a modificar la ley para hacer la fusión y en qué momento». Para lograrlo es imprescindible un acuerdo entre el PNV y el PSE. El mensaje final fue muy claro: «Los políticos tendrán que recoger la pelota» y mientras eso no se haga, «las cajas no perderán más el tiempo hablando de la fusión».