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Economía

24.04.09 -

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L a salida de Irala de la presidencia de la BBK ha sido una sorpresa general. Aunque eran conocidos los problemas de salud que había padecido en el pasado reciente, pocos sospechaban que incidirían de tal manera y con tanta rapidez en su devenir profesional. Irala se va sin aspavientos ni controversias y deja tras de sí una brillante carrera profesional que ha culminado con una gestión sobria y eficaz de la primera caja vasca. Sin duda alguna, el reiterado fracaso de su proyecto más querido -la fusión de las tres cajas vascas-, habrá influido fuertemente en su decisión, al aumentar su desánimo. Deja la BBK en momentos de extraordinaria virulencia financiera, pero la deja en una situación patrimonial y operativa excelente. Cualquiera que sea el ratio que se utilice, la situación de la BBK se compara con ventaja frente a la media de las cajas españolas y europeas y, en muchos de ellos, se sitúa en los lugares de cabeza.
Se abre ahora la incógnita de su relevo, que es un asunto de capital importancia por la relevancia objetiva de la institución y también porque el perfil de la persona elegida será el signo de la evolución que pretenden darle en el futuro los poderes que la controlan. La elección interna tendría todo el sentido, si de verdad se quiere convertir a las cajas en entidades profesionalizadas y asépticas. El actual director general cuenta para ello con el bagaje profesional y la experiencia necesarias para dirigir el proyecto. En el otro extremo, una solución externa y elaborada con criterios de conveniencia política sería legítima y, por supuesto, una práctica homologable con los usos y las costumbres habituales en el sector, pero sería también una oportunidad perdida para avanzar hacia un modelo más moderno y eficiente, que quizás tarde años en repetirse.
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