Todos los analistas políticos auguran que Msholozi, el nombre tribal de Jacob Zuma, había vencido. A falta de los primeros escrutinios oficiales, la enorme afluencia de votantes en las elecciones parlamentarias sudafricanas anticipa un nuevo éxito del Congreso Nacional Africano (CNA) y, por tanto, de su controvertido líder. Ante la gran afluencia, la Comisión Electoral Independiente decidió que todos aquellos que, a la hora del cierre de las urnas, aún aguardaban para cumplir con el derecho democrático podían ejercer tal facultad. Helen Zille, líder de la opositora Alianza Democrática, ya ha expresado su protesta por la desorganización de los comicios, también manifestada por la falta de material electoral.
El nuevo presidente sustituirá a Kgalema Motlanthe, la autoridad interina desde la destitución de Thabo Mbeki por supuestas prácticas conspiratorias contra el nuevo líder. Además de revelar su falta de entusiasmo por el resultado sugerido por los sondeos, el arzobispo Desmond Tutu, una de los hombres de opinión más valorados en el país, lamentó ayer que no se haya producido un enjuiciamiento previo del candidato que habría disipado todas las dudas sobre su honorabilidad.
En cualquier caso, la falta de incidentes graves puede evitar cualquier intento de impedir la cuarta legislatura de Sudáfrica como país democrático. Al cierre de las urnas, las mayores dudas recaían en torno la magnitud del triunfo del CNA, es decir, si podría revalidar su mayoría de dos tercios capaz de impulsar reformas constitucionales, y alrededor de la identidad del jefe de la oposición, disputada por Zille y el prácticamente desconocido Mvume Dandala, máximo representante del Congreso del Pueblo, nuevo partido surgido de una escisión de la formación gubernamental.
La victoria del impredecible Jacob Zuma genera incertidumbre sobre el próximo rumbo de la mayor potencia africana y, a corto plazo, expectación en torno a la respuesta de los mercados de todo el continente. El ascenso al poder de Sudáfrica de un político de discurso populista, aunque atemperado a lo largo de los últimos meses, y que ha reunido múltiples acusaciones por chantaje, corrupción e, incluso, violación, genera inevitablemente inquietud en los círculos financieros locales e internacionales.
Sin cambios radicales
Sin embargo, los expertos no auguran radicales cambios inmediatos que podrían desestabilizar aún más la economía local e incentivar la huida de capitales. A ese respecto, se espera con expectación el nombramiento de sus colaboradores más próximos para conocer la orientación de la nueva Administración y, por tanto, descubrir el peso real de los sectores más radicales del partido, principales aliados en su consecución de la candidatura del CNA el pasado de septiembre.
Sin duda, la permanencia en el Gabinete de Trevor Manuel, el veterano ministro de Finanzas y una de las figuras más reputadas del escenario político local, es una de las cuestiones clave para aventurar la dirección del futuro Gobierno. Este ingeniero de origen judío con un pasado en la lucha anti-apartheid, ha formado parte de todo los ejecutivos democráticos y se le considera un hombre cercano a Mbeki.
Regreso de Manuel
Ministro de Finanzas desde hace diez años, el anuncio de su dimisión tras la caída del dirigente sacudió las bolsas locales, argumento que parece explicar el regreso al Gobierno. En opinión de los expertos locales, su permanencia serviría de contrapeso a las tendencias izquierdistas propugnadas por la central sindical Cosatu y sus aliados comunistas.
Los retos a los que se enfrenta la economía sudafricana son de gran magnitud. Tras una década de moderado crecimiento, el país entró en recesión en el último trimestre de 2008 con una tasa negativa del 1,8% y las previsiones no apuntan una recuperación cercana. Este nuevo escenario se suma a los grandes problemas derivados de la liberalización de su economía, proceso paralelo al de la democratización de sus instituciones.
Aunque las estimaciones fluctúan, se calcula que casi la mitad de los sudafricanos sobrevive por debajo del umbral de la pobreza y el paro alcanza a un porcentaje superior al 30% de su población activa. Además, 5,4 millones de sus ciudadanos son seropositivos y las desigualdades sociales son muy acusadas. A pesar de las estrategias de discriminación positiva puestas en marcha por la Administración, la minoría blanca sigue detentando el poder económico a través del control de las grandes empresas y la propiedad del 80% de las tierras productivas.