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El presunto cerebro del 11-S, Khalid Shaikh, fue sometido 183 veces en un mes al método del 'waterboarding'

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La CIA desconfía de la promesa de Obama de no perseguir a los autores de torturas
Obama gesticula durante su visita, ayer, a la sede de la CIA. / EFE
Ahora que la política exterior hacia Europa y Latinoamérica ha recibido su dosis de atención, es hora de mirar a casa. Barack Obama dirigió ayer sus pasos hacia el cuartel general de la CIA, embargado por el temor a una caza de brujas contra los torturadores. «Sabed que teneis todo mi apoyo», les prometió ayer Obama.
No es el que presidente amenace con depurar responsabilidades. Todo lo contrario. Cuando la semana pasada autorizó la difusión de cuatro memorandos internos en los que el Gobierno de George W. Bush permitía explícitamente técnicas de tortura, Obama fue muy claro. «Nuestra intención es asegurar a todos los que cumplieron con sus obligaciones confiando de buena fe en el consejo legal del Departamento de Justicia que no serán perseguidos legalmente», dijo en un comunicado.
Para algunos eso no es suficiente. Quienes están acostumbrados a que el Gobierno coja las palabras por los pelos para burlar el espíritu de la ley ven sus declaraciones demasiado vagas. ¿Cómo se decidirá quién actuaba «de buena fe»? Esa inquietud se ha hecho más fuerte a medida que el análisis de esos informes multiplica el horror de los estadounidenses ante las brutales prácticas de tortura que se han estado aplicando.
Ayer 'The New York Times' publicaba en su portada algo que los blogs habían difundido durante el fin de semana. El hombre considerado como el cerebro del 11-S, Khalid Shaikh Mohammed, fue torturado con el método conocido como 'waterboarding' nada más ni nada menos que 183 veces en un mes. Nadie le creyó cuando lo dijo.
Desear la pena de muerte
Un ex agente de la CIA llamado John Kiriakou declaró en 2007 a la cadena ABC que Shaikh Mohammed lo había cantado todo a los 35 segundos de derramarle agua sobre el rostro para hacerle pensar que moriría ahogado. Khalid prácticamente se ha declarado culpable de todos los grandes atentados terroristas atribuidos a Al-Qaida desde 1993 hasta su detención en 2003. Su deseo es que se le condene a pena de muerte.
Pero si en el caso de Khalid su papel en el atentado más brutal que haya sufrido EE UU despierta pocas simpatías, qué decir de Abu Zubaydah. Al principio se le consideraba un lugarteniente de Osama bin Laden. Ahora, poco más que un intermediario itinerante. La CIA le torturó en una cárcel secreta de Tailandia donde le sometió 83 veces a la técnica del 'waterboarding'. El número aparece editado en algunas copias del documento, lo que sugiere que intentaba ocultarse. «No os sintáis desanimados por lo que ha ocurrido en los últimos dos años», les alentó ayer Obama. «Que no os desaliente el que potencialmente tengamos que reconocer errores. Así aprendemos».
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