José Antonio Pastor critica con dureza la actitud mantenida durante las últimas semanas por el PNV. El secretario general del PSE vizcaíno y portavoz parlamentario espera que la formación jeltzale «reflexione» e insiste en que el acuerdo de los socialistas con el PP no es frentista.
-Apenas ha arrancado la legislatura y ya parece evidenciarse que va a ser especialmente crispada.
-Creo que hay señales de que habrá conflictos, pero también de lo contrario. También es verdad que la primera imagen del Parlamento vasco ha sido una condena unánime del comunicado de ETA. Y eso es un elemento positivo.
-Parece que, por lo menos a corto plazo, el PNV cumplirá lo de que no piensa dar «ni agua» al Gobierno de Patxi López.
-Eso parece. Le está costando digerir el resultado electoral mucho más de lo que sería razonable. Entiendo que quiera hacer una oposición dura, contundente y sin fisuras. Lo que ya no es comprensible y sí poco responsable democráticamente es que ponga en duda la legitimidad del Gobierno y del sistema democrático porque acaba dando argumentos a quienes pretenden usar la violencia.
-¿Qué le preocupa más? ¿Que se hable de «pacto español» entre el PSE y el PP dudando de su carácter de partidos vascos o lo de colocar la legitimidad de Patxi López frente a una supuesta mayoría social abertzale?
-Lo segundo es más peligroso. Puedo entender que, de un modo partidista, se utilicen esas expresiones trasnochadas de llamarnos «españolazos» que ya utilizaba Arzalluz. Pero lo que me parece más preocupante es que se dude de las reglas de juego porque eso es campo abonado para que otra gente tome esos argumentos para justificar acciones violentas. Hay que huir de esas expresiones como de la peste.
-¿Cree que la actitud beligerante del PNV se mantendrá en el tiempo?
-Tendrán que hacer alguna reflexión; supongo que es una cuestión de tiempo. Y también deben resolver sus problemas internos. Creo que tienen una crisis interna larvada que tratan de disimular y que estallará con más virulencia tras la pérdida del Gobierno. Sigue dando la impresión de que es Ibarretxe el que marca los tiempos y de que se refugian en el ataque a un tercero, como es el partido socialista, para mantener prietas sus filas.
-¿Pero puede haber un acercamiento con el PNV?
-No lo sé. Esa pregunta habría que hacérsela al PNV. Creo que todavía está demasiado caliente como para hacer una reflexión serena. Estoy seguro de que, pasados unos meses, cuando las cosas se vayan tranquilizando, ellos desistirán de su actitud. Si no, se van a quedar aislados. Y vivir en una burbuja permanente conduce a la melancolía y la tristeza. Claro que habrá un momento para el entendimiento. Me niego a creer que todos los puentes están absolutamente rotos con un partido democrático como el PNV. Pero depende de ellos: cuando quieran cambiar de estrategia, estaremos con las manos abiertas.
Hacer trampas
-¿A qué se refiere cuando habla de «campañas de difamación»?
-Pues a la que ha puesto en marcha el PNV desde el primer día: lo de restar legitimidad electoral o cuestionar los resultados. Que el PNV nos quiera convertir en una especie de delegación de Gobierno enviada desde Madrid para destruir la autonomía vasca es algo injusto y malicioso. Una cosa es que tengamos la mano tendida y otra que estemos dispuestos a aguantar sin contestar determinadas campañas que buscan generar angustia.
-El PNV denuncia que su pacto con el PP está basado en la «mentira» porque ustedes aseguraron en campaña que no se aliarían con los populares.
-No hay ninguna mentira. Patxi López ha dicho en muchas ocasiones que no iba a gobernar con el PP. Ahora bien, cualquier Gobierno necesita un cierto criterio de estabilidad, que es lo que proporciona este acuerdo. Lo que no se puede decir es que hacemos trampas por firmar un pacto con el PP y, por otro lado, acusarnos de que va a ser un Gobierno débil e inestable. Es verdad que el PNV tiene 30 escaños y eso es más que 25, pero 38 es más que 30 y gobierna quien tiene mayoría parlamentaria.
-Poco antes de las elecciones, Patxi López dijo que no firmaría un acuerdo con un PP «antinacionalista».
-Cierto, pero el compromiso que hemos firmado con el PP no contradice en absoluto ninguno de los criterios políticos del PSE. No es lo mismo firmar un documento en el que uno renuncia a sus planteamientos ideológicos que uno equilibrado, como es el caso.
-¿No teme que haya generado malestar en parte de su electorado?
-Pues no demasiado. Dentro del partido, ninguno. Todo el mundo ha entendido a la perfección cuáles eran las posibilidades. El PNV nos lo ha puesto fácil con su comportamiento. Si te dicen que no te van a dar aire desde el minuto uno, pues en fin, te dejan pocas posibilidades. Entre la militancia no se han levantado ampollas. A una parte de nuestro electorado quizá le hubiesen gustado otros pactos, pero no ha habido ninguna desazón.
-Pero el PP no deja de ser su gran adversario en toda España e, ideológicamente, está en las antípodas. Ese acuerdo tiene que haber generado algún recelo.
-Lo importante es que no traicionamos a nuestro electorado porque vamos a cumplir nuestro programa. ¿A quién le puede preocupar que se diga que ETB tiene que respetar los valores democráticos o que es necesario revisar alguno de los planteamientos puestos en marcha por Tontxu Campos que incluso el PNV pensaba que iban más allá de lo razonable? No hay ninguna concesión a las políticas de derechas del PP en el documento. No estamos traicionando a nuestro electorado.
-¿Es tan importante el mapa del tiempo de ETB como para incluirlo en el acuerdo?
-Son símbolos. No estamos buscando revancha en los medios de comunicación. Pero se ha dado cobertura al mundo radical más allá de lo razonable. Lo del mapa no es lo más importante, pero tiene un trasfondo ideológico, el de transmitir una determinada concepción de país que no es el reflejo del marco que señala el Estatuto. Se ha querido magnificar, como si fuésemos a pasar por la piedra a los responsables de ETB o a poner la bandera española al empezar los informativos con la 'una, grande y libre'; pues no.
Sartén por el mango
-¿No se están cargando demasiado las tintas contra EiTB? ETA intentó volar su sede y varios profesionales están amenazados.
-Eso es cierto y tienen nuestro apoyo, pero la dirección política de ETB ha marcado un estilo de informativos muy poco plural, y eso hay que modificarlo. Hay muchísimos profesionales perfectamente válidos con los que hay que seguir trabajando. Sé que hay mucho miedo en determinada gente de ETB pensando que vamos a entrar con la guadaña en la mano para cortar cabezas y no es verdad.
-¿Qué diferencia este pacto del suscrito en 2001 entre Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, y que la actual dirección del PSE siempre ha censurado?
-Es que entonces hubo una estrategia diseñada antes de las elecciones que partía de mensajes coincidentes y que apostaba por un Gobierno de coalición. Y partía de unos presupuestos ideológicos de apartar al nacionalismo de todos los niveles de la política vasca que no son los que inspiran esta apuesta. Ahora hay coincidencias con el PP, pero no hay ninguna conspiración de la maquinaria del Estado para eliminar el hecho diferencial vasco. No tiene ánimo frentista. No se plantean políticas para machacar al enemigo.
-¿No van a estar atados al PP?
-El PP querrá marcar su propia línea, como es lógico. Pero también exploraremos acuerdos con el resto de fuerzas políticas.
-Pero el resto de fuerzas suman lo que suman. Da la impresión de que el PP es quien tiene la sartén por el mango. Para empezar, ya han conseguido la presidencia del Parlamento vasco.
-Pero eso es una contrapartida lógica para un partido que dará sus votos en apoyo a la elección del lehendakari sin entrar a formar parte del Gobierno. Eso no es tener la sartén por el mango. El PP no se puede permitir el lujo de que un Gobierno no nacionalista fracase por interés partidista. Confío en su responsabilidad.
-¿Será Álava la siguiente contrapartida? Eso sí que se podría entender como un «frente».
-Hay que dejar claro que frentistas son las políticas del PNV. Aunque la cuestión de Álava ni está en nuestra agenda ni en el acuerdo con el PP.