Con una apasionado discurso-relato en torno a las «trampas de la memoria», la débil línea que separa la ficción de la realidad y su «experiencia de imaginador», el escritor José María Merino (Coruña, 1941) se convirtió ayer en miembro de pleno derecho de la Real Academia Española (RAE). El literato leyó su discurso de ingreso titulado 'Ficción de verdad' en el que presentó la ficción como «una forma exclusiva de verdad» y ofreció algunas claves para moverse por el movedizo territorio de la imaginación. Una ficción que, según sostuvo, «es la que inventó al ser humano, y no al revés». Aseguró Merino que el hombre «se convirtió en sapiens desde el instante en que inventó al palabra y la ordeno en ficciones».
Nacido en Galicia, pero leonés de adopción, el autor fue contestado por su paisano, colega y valedor Luis Mateo Díez, que se refirió a él como «un auténtico maestro» y un denodado trabajador que realizará decisivas aportaciones a la RAE. El nuevo académico expresó su orgullo por sumarse al organismo que Galdós denominó «la orden suprema de las Letras». La docta institución que 'Limpia, fija y da esplendor' y en la que Merino ocupa el sillón 'm' «identificado con la inicial de mi apellido».
Ataviado con el preceptivo chaqué, Merino llegó al estrado del salón de actos del caserón neoclásico del la RAE flanqueado por sus valedores, Arturo Pérez Reverte y Álvaro Pombo, quienes propusieron su candidatura junto a Mateo Díez. Les agradeció su respaldo y recordó a sus antecesores en su sillón: el biólogo Rafael Alvarado y el gran lingüista y filólogo Claudio Guillén, fallecido en 2007. Entre los presentes en la sala, el nuevo ministro de Educación, Ángel Gabilondo y numerosos escritores, críticos y editores.
Se remontó Merino a sus primeras lecturas para describir la pasión lectora que le sedujo desde la infancia. Esa magia de las palabras que lo convirtió en un asiduo visitante del diccionario que ahora contribuirá a mejorar. Consultarlo le deparaba «un viaje mental, una aventura interior que me iba haciendo fondear de palabra e palabra, como un bergantín en las islas del más denso archipiélago», rememoró el autor de 'Los trenes de verano'.
«En la narrativa corta alargar significa debilita», dijo Merino durante su intervención. Lo ratificó poco después su gran amigo y colega Mateo Díez, que lo presentó como «incuestionable maestro del género breve» porque en el mundillo «hay unanimidad» en definirlo así. Repasó el autor las raíces vitales y literarias de Merino, desde Verne hasta Stevenson. Unos intereses literarios «ilustrativos del gusto ecléctico que nutre la obra de Merino», en la que cabe «el realismo y lo fantástico, lo lírico y lo narrativo».