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El nuevo primer ministro, Gordon Bajnai, anuncia duras reformas para sacar al país del marasmo económico en un año
19.04.09 -

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El Parlamento de Hungría aprobó el pasado martes el nombramiento de Gordon Bajnai como nuevo primer ministro en sustitución del socialista Ferenc Gyurcsány, que tuvo que renunciar por los graves errores de su Gobierno en política económica que han llevado al país magiar al borde de la bancarrota. Bajnai obtuvo el apoyo de los socialistas (MSZP) y los liberales (SZDSZ), mientras que el centroderecha de Viktor Orban (FIDESZ) no participó en la votación y organizó una protesta delante de la sede parlamentaria, en Budapest.
Gordon Bajnai, 41 años y amigo de Gyurcsány, es un tecnócrata y hombre de negocios sin afiliación política que fue titular de Economía en el Ejecutivo dimisionario. Su objetivo es conseguir que en un año, cuando se celebren las próximas elecciones legislativas, Hungría haya salido del marasmo económico en que se encuentra. El nuevo 'premier' húngaro va a tener que enfrentarse a una tarea difícil: pedir «muchos sacrificios» a los húngaros, que son los ciudadanos del Este de Europa, junto con los letones, que más están sufriendo la crisis económica internacional. Bajnai ha anunciado reformas económicas de corte liberal, porque, a su juicio, «si no actuamos de inmediato y de manera drástica, no podremos evitar males mayores».
Salarios y pensiones
Hungría «podrá dentro de un año estar en mejor posición», asegura el joven primer ministro, si el nuevo Gobierno toma medidas como la congelación salarial y de las pensiones y la supresión de la paga extra a los funcionarios y de muchas ayudas sociales. La oposición de derechas rechaza las reformas y pide la convocatoria de elecciones anticipadas. Es bastante probable que el FIDESZ, que tiene una gran capacidad de convocatoria, utilice la calle para presionar al Ejecutivo entrante.
Bajnai tiene un margen de maniobra muy reducido, porque la situación económica húngara es delicada. La política de Gyurcsány condujo al país a un endeudamiento público superior al 8% del PIB y redujo su competitividad. Según el laboratorio de ideas húngaro GKI Economic Research, «el país depende de las inversiones extranjeras en un 70%. Estas inversiones han desaparecido, dejando a la economía sin liquidez y paralizada». Sin la ayuda financiera de 20.000 millones de euros de la UE y organismos internacionales como el FMI, Hungría estaría en quiebra económica. La recuperación no está a la vuelta de la esquina y el objetivo del nuevo jefe de Gobierno de transformar en un año una situación adversa en positiva parece más un ejercicio de voluntarismo que de realismo político. Ni siquiera el presidente húngaro, Laszlo Solyom, que hace poco pidió el adelanto de las legislativas de la primavera de 2010, para intentar frenar el deterioro económico y conseguir estabilidad política, participa del optimismo de Bajnai.
Ferenc Gyurcsány, el líder de la socialdemocracia húngara, entendió perfectamente que la crisis económica le estaba perjudicando y prefirió retirarse a sus cuarteles de invierno, o sus negocios, y pasar el testigo a Bajnai. Gyurcsány es un político con gran sentido de la oportunidad e instinto de supervivencia que empezó su carrera al calor de la nomenclatura comunista.
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