En los últimos tiempos, más que por el interés despertado por sus exposiciones, la sala Rekalde había cobrado protagonismo por otro tipo de asuntos cargados de polémica. El pasado año, la céntrica galería bilbaína sufrió el robo de una obra del artista vasco David Cívico. El ladrón sólo tuvo que desclavar unas chinchetas y esconder el dibujo en una carpeta. Poco después, el recinto volvió a estar en boca de todos cuando la Diputación decidió retirar a última hora una de las creaciones seleccionadas para el certamen 'Ertibil 2008'. El vídeo de Khuruts Begoña mostraba a una patrulla de la Guardia Civil y a la sede del Gobierno Civil encuadrados en una diana.
En este contexto, el tercer equipamiento cultural de la provincia no ha sobresalido precisamente por conseguir atraer al gran público. En 2008, hasta las dependencias del recinto foral se acercaron poco más de 15.000 visitantes, 4.000 menos que en 2004. Cifras, obviamente, incomparables con las que registran los grandes estandartes museísticos del territorio, que acreditan un interés popular por el arte del que la sala Rekalde no parece sacar beneficio.
El Guggenheim, por ejemplo, redujo ligeramente su afluencia de público el año pasado. Influenciado de forma directa por el número de pernoctaciones, el complejo de titanio pasó de 1.002.000 espectadores a 950.000, un 5% menos. El resto de pinacotecas del País Vasco no dependen tanto del turismo. La mayoría suben o bajan su afluencia de visitantes en función del atractivo que generan sus exposiciones.
Limitaciones
El Museo de Bellas Artes prevé cerrar 2009 con una reducción en el número de entradas, si bien el descenso se explica porque, el año anterior, el centenario de la institución atrajo a más de 220.000 personas. El recinto espera cerrar este ejercicio por encima de los 150.000 asistentes, un registro similar al de 2007. El Artium, por su parte, acaba de batir su récord anual con 104.000 usuarios y no prevé que estos números vayan a oscilar demasiado en los próximos meses.
Partiendo de que su férrea conexión con el arte experimental puede limitar su clientela, diversos círculos culturales del territorio vizcaíno subrayan la necesidad de que el recinto se vuelva a orientar hacia los ciudadanos. «El arte contemporáneo hay que acercarlo a las personas si queremos que se extienda», recalcan.