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Vizcaya

17.04.09 -

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A unque la Diputación todavía no ha entrado en detalles, da la sensación de que el relevo de Pilar Mur al frente de la sala Rekalde puede implicar más que un simple cambio de nombres. Quizá seamos demasiado optimistas, pero cuando la diputada de Cultura ha pedido comparecer en Juntas para aclarar lo sucedido y explicar el nuevo rumbo de la sala, hemos comenzado a imaginar alguna suerte de renacer para un centro de exposiciones que cuesta una montaña de dinero público y cada vez interesa a menos gente.
Oficialmente, en 2008 la sala recibió 15.000 visitantes. Es curioso: son pocos y, aún así, parecen muchos. No descarten que los asistentes a alguna exposición -'Aproximaciones al irrintzi cósmico: metáfora y vacío en los espacios transferenciales 2'- fuesen contados dos veces cuando salieron a la calle para hablar por el móvil.
Más allá de las cifras, parece claro que hoy la sala Rekalde no tiene ninguna presencia en la ciudad. Poco a poco, el personal le ha ido dando la espalda, quizá cansados de que tantas veces se les intente dar el gato de la futilidad y la prosopopeya por la liebre del verdadero talento. Es triste, pero si exceptuamos a pequeños círculos de gente con fular y nombres tuneados, la mayoría de nosotros pasamos frente a la sala Rekalde como quien pasa frente a un bazar lleno de cosas raras y desvaríos localistas. Y nos falta valor para entrar.
Algo habrá que hacer para que esto cambie. Unas instalaciones tan magníficas no pueden agonizar entre temblores post-oteizanos y churumbelerías de parque temático. Quizá fuese buena idea combinar exposiciones atractivas para el gran público con otras de mayor audacia. Tal vez no estaría mal que, a la hora de promocionar a los jóvenes artistas vascos, se premiase antes la capacidad que la extravagancia. Es hora de que la sala se incorpore al circuito cultural de la ciudad y consiga seducir a bilbaínos y forasteros. De seguir con su decadencia, convendría al menos que todo resultase algunos cientos de miles de euros menos doloroso para los bolsillos de la Diputación, que son los bolsillos de todos: nuestros bolsillos pasados de moda y adscritos a la escuela realista.
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