El régimen de seguridad antiterrorista vigente en Chechenia desde 1999 fue levantado ayer por el Comité Nacional Antiterrorista (NAK en sus siglas en ruso), cuyo presidente, Alexander Bórtnikov, es también director de los servicios secretos rusos, el FSB (antiguo KGB). El presidente checheno, Ramzán Kadírov, pidió ya el mes pasado aplicar la medida al considerar que la situación en la república norcaucásica está normalizada.
El régimen especial que acaba de ser abolido imponía severas limitaciones en la libertad de movimientos de los habitantes de Chechenia y concedía a las Fuerzas de Seguridad y el Ejército carta blanca para actuar a su antojo. Podían efectuar registros domiciliarios sin orden judicial, pinchar teléfonos y mantener a los detenidos indefinidamente bajo custodia sin presentar cargos. Las medidas incluían además el toque de queda y la instalación de puestos de control en cualquier carretera o población.
La prensa ha tenido limitado el acceso a la zona y los periodistas extranjeros no han podido ni siquiera aparecer, a menos que estuvieran incluidos en grupos organizados por el Ministerio del Interior para visitas ocasionales, en las que no se mostraba nada que pudiera ser comprometedor para las autoridades rusas. El portavoz de Exteriores, Andréi Nesterenko, afirmó ayer, sin precisar fechas, que los corresponsales extranjeros podrán pronto viajar a Chechenia sin cortapisas.
Como denunciaron en su día periodistas como Anna Politkóvskaya, asesinada en octubre de 2006, el régimen antiterrorista ha servido para cometer todo tipo de abusos y atrocidades, incluyendo secuestros por parte de policías y militares rusos, torturas o arrestos de personas inocentes. Temerosos de que las víctimas o sus familiares traten de vengarse, la cúpula militar se ha resistido hasta el último momento al levantamiento de las restricciones. Se habla ahora de una «optimización» en la composición de las unidades militares destacadas en la república. Los puestos de control en la frontera con las vecinas Ingushetia y Daguestán no serán todavía desmantelados, según señaló el líder ingush, Yunusbek Evkúrov.
Pero las tropas no permanentes del Ministerio de Interior, una especie de Policía militarizada, en total unos 20.000 efectivos, deberán ser retiradas. El número total de fuerzas rusas desplegadas en Chechenia supera los 40.000 soldados.
Satisfacción de Kadírov
Kadírov, que se ha congratulado de la decisión del NAK y que ha convertido el 16 de abril en fiesta nacional, quiere lograr que el aeropuerto de Grozni, la capital chechena, adquiera estatus internacional. El polémico líder, célebre por la brutalidad de sus métodos, tendrá ahora más poder. «El Gobierno ruso ha confirmado que el nido terrorista ha sido destruido, las bandas armadas liquidadas y los jefes guerrilleros, causantes del dolor y el sufrimiento de miles de personas, aniquilados o capturados para ser sometidos a juicio», declaró eufórico.
Pero el activista pro derechos humanos Lev Ponomariov no cree que la Policía y el Ejército vayan a ser ahora más escrupulosos en el respeto a la población. Considera que seguirán repitiéndose todo tipo de atropellos. Chechenia ha sido escenario de dos cruentas guerras, la primera entre 1994 y 1996 y la segunda a partir de 1999. El final de ésta última se ha anunciado ya varias veces, pero las emboscadas, atentados y escaramuzas de la guerrilla separatista, aunque cada vez de menor intensidad, no se han interrumpido ni parece que vayan a cesar a corto plazo. No existen cifras fiables, pero la cantidad de muertos y desaparecidos podría llegar a los 100.000.
La medida adoptada ayer se asemeja más a un intento de lavado de imagen del presidente ruso, Dmitri Medvédev, cansado ya de oír reproches de sus interlocutores estadounidenses y europeos.