Por mucha cara de optimismo que ponga el Gobierno de EE UU, la crisis será «inusualmente larga y profunda», sentenció ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe de primavera. «La coincidencia de una crisis financiera con una recesión mundial probablemente provoque una caída de la producción de una gravedad y de una duración excepcional», subrayó el organismo. Y su director gerente, Dominique Strauss-Kahn, le puso a la situación aún más adjetivos al pronosticar que 2009 «será un año horrible» en un contexto de recesión «en el que nadie se escapa», con consecuencias que pueden ser «absolutamente devastadoras» en los países pobres. El FMI, que pronosticó en marzo una contracción mundial de entre el 0,5% y el 1%, actualizará sus cálculos la próxima semana.
Nadie quiere arriesgarse a decir cuándo se verá la recuperación, sólo que será una crisis más larga que las anteriores. Y aún peor para los países emergentes, donde puede ser «prolongada». Las economías más vulnerables están en el Este, donde predominan entidades financieras de Europa Occidental, demasiado escasas de solvencia como para transferirles nuevas inversiones. «En vista de su fuerte exposición, los emergentes de Europa podrían resultar profundamente afectados», advierte el informe. Recuerda al respecto que tras la crisis de la deuda de América Latina de los años 80 y de Asia de los 90, hubo entre siete y ocho años de huida de capitales de ambas regiones, lo que redujo el crecimiento en varios puntos.
Crisis «rara»
Para los analistas del FMI esta «rara» crisis marca un hito digno de estudio. «Con el paso del tiempo las recesiones y las expansiones en las economías avanzadas han cambiado». Desde mediados de los ochenta habían sido menos frecuentes y más suaves, con expansiones prolongadas. Ahora llega ésta, inusualmente virulenta, donde la debilidad de EE UU, motor importador del mercado, impedirá la mejora del comercio internacional que suele darse con las depreciaciones cambiarias y las caídas de costos.
Según la comparación histórica del FMI, «las recesiones suelen ser breves y las recuperaciones fuertes». Una recesión promedio suele durar un año y da lugar a un repunte sólido de al menos cinco, pero no esta vez. El año que viene habrá un tímido repunte, «débil y lento». Y eso siempre que los países adopten ahora «las medidas correctas», advirtió Strauss-Kahn tras reconocer que la «caída libre» de la economía puede haber comenzado a remitir.
La institución internacional tiene también algunas opiniones sobre las recetas aplicadas para salir de la crisis. Las bajadas de los tipos de interés ayudan, como han hecho en otras recesiones, pero en la actual, de marcado carácter financiero, su eficacia es más débil. Serán más importantes de cara a la recuperación, y especialmente en aquellos países cuyos gobiernos apuesten por la expansión fiscal.
Hacen falta «acciones enérgicas» destinadas a «restablecer la confianza del sector financiero para que las políticas macroeconómicas sean eficaces y la recuperación se consolide». Sobre todo en las economías «que se puedan permitir» esa actuación fiscal recomendada para apuntalar la demanda en el corto plazo.
El acento llega también en la recuperación de la confianza en el sistema bancario, lo que ha provocado que la crisis se transmita tan rápido a las economías emergentes.