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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Bilbao Basket

iurbentia 91 - 84 cb murcia

La victoria del iurbentia se decide en un pulso de tiros libres y en una selección de arrebatos de casta

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No es el camino más corto, pero sirve de igual modo para la causa. En este bendito baloncesto en el que la clave es sumar un punto más que el adversario, cualquier método es válido. Ayer, el iurbentia utilizó todo su repertorio y acabó quedándose con la fórmula menos explosiva. Pero el tornasol mostró el color esperado y el experimento fue dado por válido. Comenzó de tres en tres, con cinco triples en siete intentos en el primer cuarto. Restringió su generador en el segundo, lo mantuvo al ralentí en el tercero y cambio de manivela en la recta final para poder dar más vueltas, aunque ello repercutiera en el trecho avanzado. Los dieciséis tiros anotados desde la marca de castigo fueron su salvoconducto al triunfo, a la docena de muescas que garantizan la permanencia -para los incrédulos que siempre ven la botella medio vacía- por quinta temporada consecutiva en la ACB y cimentan el firme sobre el que se eleva el andamiaje previsto para alcanzar la novena planta.
Valentí Junyent, director de arbitraje de la ACB, vino a Bilbao a lo que debe, proponer con su presencia una tregua, un alto el fuego que permita que le bajen las pulsaciones a todo el mundo. Nada que objetar. Al contrario. Estos gestos son los que sirven para algo. Para mucho si se tiene en consideración la buena voluntad que persiguen. Y quizá no fue de su agrado lo que vio en la cancha. Un encuentro atropellado por una vara de medir de postguerra, en la que no se dejaba pasar por alto ni lo que no existía. Cincuenta y cuatro faltas son una barbaridad. Suponen un atentado a la lógica, a la comprensión del juego, al margen de maniobra que reposa en esa alegoría conocida como criterio. Que dos equipos que flirtean con la centena de puntos presenten en la tarjeta de su recorrido un 31 por ciento de los mismos consumados al margen de la pureza del juego convierte en atípico todo lo vivido en el parqué.
Despejar dudas
En su haber, el iurbentia anotó buenos porcentajes, dureza en el rebote, momentos espasmódicos de casta que enorgullecieron al aficionado y sirvieron para despejar dudas y comprimir el resultado cuando amagaba con volverse más en contra de lo debido. Blums creció como lo viene haciendo durante toda la segunda vuelta. Lo suyo es anotar y ofrecerse para lo que sea menester. Lo mismo cuando enlaza dos fallos consecutivos que cuando lanza un contragolpe con un pase concebido con veneno o llega hasta los confines del aro para depositar la bomba en el nido rival. Fue el desatascador de los hombres de negro, que ayer tuvieron que esperar hasta la segunda parte para recibir lo mejor de Banic, Markota, Salgado o Lewis.
Aunque los guarismos hablan de un partido en el que la nota defensiva debería ser bastate rácana, hubo una mención especial vital para los locales. Taquan Dean era la gran amenaza, el jugador que fabrica triples a troquel, inmune a la presión. Enchufó los dos primeros que lanzó y ahí se quedó. Paco Vázquez fue el primer emisario de lo que acabrían siendo pesadillas para el escolta de un Murcia que, pese a estar metido en faena hasta la estúpida antideportiva de Opacak en el último aliento, sinceramente no tiene muy buen aspecto.
Para respiro vizcaíno, Markota no se unió a Pasalic entre los vestidos de calle. Sus problemas de espalda no le impidieron entrar como primera rotación interior, alterando el orden visto el sábado en Valencia. Tampoco se repitió la secuencia por la que Savovic hacía un interior a Lewis. No hubo tarta ayer, de nuevo, para el montenegrino. Nueve hombres utilizados, abarcando entre los 11 minutos de Recker y los 30 de Blums. Es lo que hay.
También para alivio de quien había dejado de creer, resulta que Javi Salgado no ha perdido el duende desde la línea de tiros libres. Sus trece puntos de ayer llevaron esa marca de autenticidad. El día que recogió su merecida insignia de oro, el capitán se quedó solo lanzando tiros libres. Como un autómata. Él, Banic, Seibutis, Lewis, Markota... la lista es global, pagaron con uno de los módulos de publicidad a pie de pista la rabia que les sobrevino por este fallo o aquel cambio. Son competidores. Y lo seguirán siendo hasta la primera semana de mayo.
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