El crimen de Zierbena, que costó la vida a José Antonio G., de 45 años, el pasado 31 de marzo en la localidad pesquera vizcaína, empieza a esclarecerse. La Ertzaintza, en colaboración con agentes del Cuerpo Nacional de Policía, detuvo el pasado jueves día 9 de abril en la ciudad de Valencia a uno de los presuntos autores del homicidio. Se trata de un hombre de 51 años y nacionalidad española, con domicilio en un municipio de la Margen Izquierda del Nervión. Precisamente, lo que puso a los investigadores sobre su pista fue el sospechoso abandono de su vivienda justo después del asesinato, además de su relación con la víctima.
El individuo, que cuenta con antecedentes policiales por robos con intimidación, huyó de la provincia y desde entonces, a lo largo de nueve días, había recorrido distintos puntos de la geografía española. Su último destino fue Valencia, donde finalmente le arrestaron, y donde en la actualidad se encuentra ingresado en prisión provisional por orden del juez.
El móvil del crimen sería, según indicaron fuentes de la investigación, una «deuda» que la víctima mantenía con el o los autores del crimen vinculada con el «entorno de trapicheo de drogas», en el que tanto el fallecido como el detenido «andaban mezclados», añadieron.
15 puñaladas y golpes
La investigación iniciada por los agentes de la comisaría de la Ertzaintza en Muskiz, demarcación a la que pertenece Zierbena, continúa abierta bajo secreto de sumario, decretado por el Juzgado número 2 de Barakaldo. La Policía autonómica no descarta que en los próximos días pueda haber alguna otra detención, ya que desde un principio sospechó que en la agresión participó más de una persona.
El cuerpo de José Antonio G. fue encontrado alrededor de las dos y media de la tarde por los sanitarios que acudían a diario a atender a su padre impedido, de 80 años, en la vivienda que ambos compartían en el barrio Kardeo de Zierbena, aunque probablemente fuera asesinado horas antes, de madrugada. El anciano, que el día de los hechos escuchó algún ruido extraño pero no pudo averiguar qué ocurría, vivía en la planta superior y su hijo en la baja, donde los policías encontraron distintas cantidades de cocaína y hachís, una importante suma de dinero supuestamente procedente de su venta y una balanza de precisión de las que se emplean para pesar las dosis.
José Antonio yacía sobre un charco de sangre en el vestíbulo. Su cuerpo fue arrastrado hasta allí por sus asesinos -había marcas en el suelo-, ya que la primera acometida la recibió cuando se encontraba en el interior de la casa. El cadáver presentaba 15 heridas de arma blanca, tanto en la parte frontal del cuerpo como en la espalda. Según las conclusiones de la autopsia, los cortes tenían una morfología variada, por lo que podían haber sido realizados con dos armas blancas diferentes. Ambos datos llevaron a los investigadores a concluir que podía haber en la escena al menos dos homicidas. La víctima también sufrió varios golpes en la cabeza, uno de ellos con especial fuerza, según el resultado de la necropsia.