Doce aficionados de la mano de cada jugador y de Txus Vidorreta. Una camiseta conmemorativa en la que se plasmará el agradecimiento del club a su masa social, a la marea negra que impresionó a Europa en la disputa de la pasada Final a Ocho de la Eurocup. Esta noche, el Bilbao Basket devolverá la moneda y será quien active el homenaje a los quinientos aficionados que se enfrentaron a la crisis, a las malas fechas, a cuantos inconvenientes debieron superar para no dejar solo al equipo de La Casilla en sus primeros pasos continentales. El reconocimiento no es exclusivo. También abarca a los que no pudieron ir pese a desearlo con toda su alma. Será un acto emotivo, sencillo, en el que estarán representadas todas las peñas oficiales del club, el seguidor más joven y los más veteranos de cuantos viajaron a la capital piamontesa, con la comodidad del vuelo junto al equipo o tras tragarse más de 1.200 kilómetros por carretera y su correspondiente vuelta.
No es baladí este sentido homenaje. Primero, porque es el refrendo de lo mucho y bien que ha tirado de este proyecto una parte fundamental del mismo: el público. Su vocación, dedicación y cantidad han servido para derribar barreras de desconfianza, para que la provincia se sienta orgullosa de lo que en baloncesto ya posee, una franquicia reconocida y respetada en la que nadie es más que nadie. Y quien piense lo contrario acabará descabalgado por la propia inercia del crecimiento del club.
Además, lo que no se consiguió en la cancha podría saldarse gracias a lo vivido en Turín. La competición tiene un alto componente de negocio y por esa vía la holgura del vizcainismo dejó el pabellón colocado en lo más alto de la aguja de la Mole Antonelliana. Por cantidad y calidad, la marea negra podría ser la llave que abra la siguiente puerta de Europa. La Euroliga se ha quedado prendada de los centenares de seguidores que habían hecho el juramento de sangre para fundirse con su equipo. Ha felicitado públicamente al Bilbao Basket por el comportamiento y deportividad mostradas, así como por la extraordinaria cobertura mediática que recibió la Final a Ocho. Incluso el club podría ver premiado su buen trabajo con un galardón que en breve será fallado por la Eurocup.
Si se merece todo esta afición, se puede extender el sentimiento a un icono como Javi Salgado, que antes del partido frente al Murcia recibirá la insignia de oro del club por sus 300 partidos oficiales con la camiseta del Bilbao Basket, marca que logró en Badalona, antes de viajar a Turín. Es el fruto de ocho años de fidelidad a la marea negra.