Ataviada con unas elegantes gafas de Roberto Cavalli, en cuyos cristales se reflejó el titanio del Guggenheim, y ante la expectación de numerosos turistas, Lorena Vásquez apuró un vasito de 'su' ron -Zacapa- a las puertas del museo. Esta nicaragüense recaló ayer en Bilbao tras bajar, literalmente, de las nubes para promocionar una bebida que ha revolucionado Cuba al convertirse en uno de los rones preferidos del mismísimo Fidel Castro. «Sabemos que le gusta mucho porque le enviábamos cajas y más cajas», señaló. Acostumbrada a mandar en un mundo tradicionalmente de hombres, es una de las dos únicas mujeres que se dedica a la fabricación de un licor que busca ahora un sitio en el mercado vizcaíno.
Lorena controla todo el proceso de producción: desde el cultivo de la caña de azúcar, a la destilación y añejamiento. Paradojas de la vida, confiesa que descubrió el verdadero amor de su vida al divorciarse de su marido. Por amor, abandonó su país natal y emigró a Guatemala. Entre risas, esta especialista «chiquita e inquieta» comentó ayer que cambió la atracción carnal por su «gran y auténtica pasión»: el ron. Aunque antes trabajó en una empresa de cerveza. «Con el ron fui más fiel que con el guatemalteco», ironizó. Lleva más de veinte años entregada en cuerpo y alma al Zacapa.
'La casa de las nubes'
Su vida transcurre en dos coordenadas, separadas por un eje que atraviesa dos latitudes. Gran parte del año la pasa en Suchitepequez, una pequeña ciudad al sur de Guatemala. Situada a 600 metros sobre el nivel del mar, Lorena ve crecer allí las cañas de azúcar, a las que saca todo el jugo posible. Pero con una particularidad que le diferencia del resto de la competencia: utiliza únicamente la primera prensada de la caña: la miel virgen. «La mayoría de productores -remarca- emplean la melaza resultante de prensar la caña tres o cuatro veces».
Tras una «hábil» destilación y una fermentación a base de levadura de piña, Vásquez emprende un largo viaje y asciende hasta las montañas, a más de 2.300 metros de altura, donde está situada la bodega. Evidentemente, no se trata de un lugar cualquiera. En Guatemala todo el mundo lo conoce como 'La casa por encima de las nubes'. La 'master blender' pasa allí una semana al mes, en «la unión de la tierra y el cielo, de lo físico y lo espiritual». Allí deja envejecer el ron para preservar todos los matices y sabores y alcanzar una «lenta y perfecta» madurez que puede eternizarse. Hay rones que descansan hasta 23 años. Otros no pasan de los seis. Lo hacen de una manera «compleja». Es otra de las cualidades que distingue a los Zacapa, una de las 'familias bien' guatemaltecas que utiliza el 'sistema solera' que ya se empleaba en España, hace más de 500 años, para añejar jerez.
Vásquez mezcla y almacena el ron en barriles donde antes maduraron otros licores: bourbon, jerez y Pedro Ximénez. «Me gustan las barricas usadas porque las nuevas proporcionan demasiada agresividad y el ron ya no es sólo para machos muy machos. Ahora es más sutil», razona.
Gracias a estas barricas, Zacapa traslada al paladar aromas de ciruelas, pasas, higos, albaricoques, cacao tostado... Con la nariz se consiguen atrapar aires que recuerdan «a cuando entrábamos en esas carpinterías antiguas que olían a madera tostada recién cortada», argumenta Lorena. «Este licor es como la vida: un mundo de sensaciones», afirma. Y aunque sigue «locamente enamorada» del ron, da pistas sobre cómo degustarlo. «¡Solo, sin mezclarlo con nada, pero siempre en buena compañía!».