Chelsea, rival del Barça en semifinales, y Liverpool construyeron en Stamford Bridge un monumento a la épica, al pundonor, al fútbol en estado puro, sin especulación, sin trampa, típicamente británico aunque con varios protagonistas españoles. Un duelo inmenso, repleto de alternativas, en el que los 'reds' murieron en la orilla y durante muchos minutos rememoraron la histórica final de Estambul en la que se coronaron ante el Milan pese a perder 3-0 en el descanso.
Con un 1-3 adverso en la ida, y en feudo de la poderosa 'franquicia' de Abramovich, lo más recurrente es dar la eliminatoria casi por perdida. Y no digamos ya si te pones 0-2 en el descanso, acaricias el gloria, pero te remontan en un visto y no visto y resulta que pierdes 3-2 (6-3 en el total) a falta de apenas diez minutos. Pero los 'reds' jamás se rinden, incluso sin Gerrard de titular. Mientras haya vida, tienen esperanza.
A Benítez se le reprocha, quizá con razón, ser tan táctico que encorseta a sus equipos, pero sabe adaptarse a cada registro. Si toca defender, no hay manera de meterle mano. Y si corresponde atacar, el Liverpool se desenfrena, incluso con Lucas, Mascherano y Xabi Alonso como trivote. El caso es que los 'reds' sometieron desde el arranque a los 'blues' a una presión extraordinaria. No les dejaban sacar el balón fácil y los robos eran constantes.
Tras un taconazo de Benayoun, Torres avisó enseguida de que habría lucha. Pero su rosca no cogió el efecto esperado. Llegó luego una falta sin aparente peligro, pero Fabio Aurelio sorprendió a Cech, que se esperaba el centro. Con casi una hora y cuarto por delante, había eliminatoria. Más aún cuando Ivanovic abrazó a Xabi Alonso en el área y Medina Cantalejo indicó el claro penalti que transformó el guipuzcoano. No acertó la UEFA al elegir a un trencilla español para un partido del Liverpool, o al menos así lo vieron en Londres, pero su decisión es irreprochable.
Hiddink debió abroncar a los suyos en el descanso y en la reanudación al fin apareció el Chelsea, ayudado, eso sí, por una acción desgraciada de Pepe Reina. El obús lanzado por el brasileño Alex en una falta devolvió cierta calma a la eliminatoria, que parecía definitivamente resuelta cuando Lampard culminó una gran acción de Drogba. De pronto, Lucas y Kuyt encogieron el corazón de unos y otros. Hasta que Lampard, de soberbio disparo que golpeó en el palo, cerró una noche fantástica. La imagen postrera de Essien salvando un gol casi sobre la raya, de cabeza y en plancha, representó lo que fue un partido heroico.