En un país en el que el sueño americano y el celuloide han creado la mayor cantera de héroes de ficción no hace falta mentar ni a Batman o Superman. El capitán Richard Phillips ha conseguido demostrar que en muchos casos la realidad supera con creces a la ficción. Si hace unos meses fue el piloto Chesley B. Sullenberger III, quien consiguió milagrosamente hacer aterrizar un avión comercial en pleno río Hudson, ahora Phillips se ha erigido como la intrépida figura que plantó cara a los piratas somalíes.
Haciendo gala de la tradición marítima y sin perder un ápice de sus sentido del humor, este hombre de 53 años no dudó ni un segundo en ofrecerse a sus captores a cambio de la libertad del resto de su tripulación, un hecho que le convirtió al instante en el nuevo héroe de la sociedad norteamericana. Sin embargo, Phillips no es un lobo de mar al uso, ya que buena parte de su vida la pasó lidiando con las calles de Boston, ciudad en la que ejerció de taxista.
Algunos de sus amigos de la infancia no han dudado en poner de manifiesto su parecido con estrellas de Hollywood como Gary Cooper y lejos de haber pasado inadvertido durante su paso por el instituto, Phillips se erigió como uno de los atletas clave de su escuela, eso sí, siempre fue modesto sobre sus logros. Quizá por esta misma razón dejó claro a su jefe, John Reinhart, cabeza de la compañía naval Maersk, tras ser rescatado por las autoridades de Washington que no quiere que se le tache de héroe. Ya es demasiado tarde.
Phillips siempre tuvo el corazón de un justiciero. Durante sus años universitarios a punto estuvo de inclinarse por las leyes internacionales, sin embargo, finalmente optó por ser transferido de la Universidad de Massachusetts a la Academia Naval, donde se graduó en 1979. Desde entonces, ha capitaneado descomunales barcos de carga y otras naves comerciales valoradas en cientos de millones de euros.
Este norteamericano, casado con una enfermera y padre de dos hijos, ha tenido otros encontronazos cercanos con la muerte. Hace tan sólo dos años se rompió el cuello cuando se lanzó a por una pelota de fútbol y a punto estuvo de quedarse tetraplégico. Una lesión de la que no le quedan ningún tipo de secuelas, ya que antes de poner rumbo a Oriente Próximo y tomar las riendas del 'Alabama' se pasó buena parte del invierno esquiando y practicando snowboard, dos de sus deportes favoritos.
Prometen represalias
Pese al heroico rescate de Phillips, Abdi Garad, el jefe de los piratas somalíes que mantuvieron secuestrado cinco días al capitán estadounidense, prometió ayer atacar a ciudadanos norteamericanos para vengar la muerte de tres de sus hombres durante una operación de la Marina de Estados Unidos. «Estos norteamericanos mentirosos mataron a nuestros amigos que habían aceptado liberar al rehén sin rescate, pero les digo que este asunto llevará a medidas de represalia y perseguiremos en particular a ciudadanos estadounidenses que viajen por nuestras aguas», declaró a la agencia AFP.
Por su parte, las autoridades de Washington se plantean la posibilidad de bombardear las bases de estos piratas para evitar nuevos acontecimientos en el futuro. El presidente, Barack Obama, se declaró «decidido a poner fin a la amenaza de la piratería» tras el rescate del capitán Phillips. En unas breves declaraciones tras mantener una reunión en el Departamento de Transporte, el inquilino de la Casa Blanca expresó su «orgullo» por la operación militar en la que murieron tres de los secuestradores.
El mandatario demócrata subrayó que la seguridad del capitán de la marina mercante fue siempre la principal preocupación de su Gobierno durante todo el episodio, y destacó su «desinteresada preocupación por su tripulación».