Salvar la vida en un accidente de circulación no siempre es una bendición. Las estadísticas de heridos graves de cada campaña de tráfico esconden vivencias traumáticas como la que supone la pérdida de un miembro. Adultos y niños que han sufrido amputaciones en accidentes de tráfico o de otro tipo y sus familiares quieren formar una asociación de afectados en Vizcaya para concienciar a la sociedad de su diferente trato respecto a otros colectivos, y demandar algunas mejoras.
Un joven de 25 años que padezca la amputación de una pierna a causa de un siniestro de tráfico tendrá que esperar una media de cinco años para que se celebre un juicio y poder cobrar una indemnización. «La calidad de vida de estas personas queda en manos de los seguros», explica un portavoz. Un niño que pierde una mano en un accidente tiene un tratamiento inferior al que hubiera recibido si la malformación fuera de nacimiento. En este último caso, aseguran, la Seguridad Social le cubriría la prótesis desde el primer momento.
Manos biónicas
En Madrid o Barcelona existen asociaciones de amputados, lo que no sólo ayuda a los afectados a encontrar información sobre los últimos avances, sino que también les sirve para compartir experiencias y encontrar comprensión. «Un niño suele aceptar mejor que un adulto las consecuencias de un accidente traumático», afirman.
Algunos de los impulsores de la agrupación vizcaína se conocieron en una ortopedia o en el médico. Una de las principales preocupaciones de estas familias reside en mejorar la calidad de vida del amputado, y eso pasa necesariamente por «los avances tecnológicos, como manos biónicas o mioeléctricas», que permiten la movilidad de los dedos, tienen buena apariencia y pueden cambiar la vida de una persona a la que le falte un miembro. «No vas a dejar a tu hijo con una pata de palo si en el mercado hay algo mejor», explica de forma gráfica una afectada.
Alemania es la referencia en fabricación de prótesis. En su opinión, la Administración española debería ser «más ágil» a la hora de incorporar estos ingenios a la Seguridad Social. También les resulta difícil encontrar a «profesionales que trabajen con amputados» y necesitarían nuevos centros de rehabilitación en Vizcaya. La clínica con mayor reputación en el sector, San Juan de Dios, se encuentra en Barcelona y «la gente opta por ir allí en busca de una mayor calidad de vida, pero no por capricho, sino porque aquí no les cubre nada». De momento, la asociación, que pretende «concienciar más que reclamar», aún está en proceso de gestación (eplaza@hotmail.com).