Aparentemente suenan a magia (o tongo). Prometen acabar con los kilos de más, la celulitis, la baja forma física... con sólo unas pocas sesiones de exposición a las vibraciones que emiten las plataformas. Quince minutos, tres veces a la semana, son suficientes, dicen sus promotores, para conseguir la figura de Claudia Schiffer. Grandes resultados en poco tiempo... ¡y encima sin esfuerzo!
De vuelta al mundo real, lo cierto es que las máquinas vibratorias se están configurando como un buen complemento para el entrenamiento en las sesiones de fitness. Ya están haciendo furor en los gimnasios más 'cool'. Estados Unidos y otros países europeos se han rendido desde hace años al poder de la vibración y ahora la moda llega a España. Los expertos reconocen los aspectos positivos de estos innovadores equipos siempre que se combinen con el ejercicio puro y duro, el de toda la vida. Sudar seguirá siendo necesario para ponerse en forma... pero la buena noticia es que existen nuevas herramientas para hacerlo un poco más fácil.
El funcionamiento de esta tecnología se basa en el principio de la locomoción. Las plataformas transmiten microvibraciones u ondas energéticas a través del cuerpo que producen una aceleración de las contracciones musculares. Imitan de esta manera las vibraciones beneficiosas que nuestro cuerpo genera habitualmente con el ejercicio físico. Las contracciones provocan un «incremento de la fuerza muscular, una mayor movilidad articular y anatómica, y una mejora de la masa mineral ósea», según indica Jordi Ribas, jefe de estudios de la Escuela de Medicina del Deporte de la Universidad de Barcelona.
Invento soviético
No es una tecnología puramente nueva. Se desarrolló en los años 60 en la Unión Soviética, en el contexto del programa aeroespacial ruso. En plena Guerra Fría, el uso de estas máquinas en misiones espaciales permitía que los astronautas rusos pudieran aguantar temporadas más largas en órbita que los estadounidenses, ya que con ellas combatían los efectos debilitantes que causa la ausencia de gravedad en los músculos. Tras décadas de investigación, su uso se extendió a los centros de alto rendimiento, donde se demostró que resultaba muy útil para la recuperación de lesiones en los deportistas. Equipos de la NBA, clubs de fútbol profesional y numerosos deportistas de élite -entre los que se encuentran el tenista Rafa Nadal y el jugador de baloncesto Pau Gasol- lo incorporaron a sus sesiones de entrenamiento.
A partir de ahí las virtudes de las plataformas llegaron a oídos de las grandes estrellas, que no dudaron en permitirse el lujo de adquirir un equipo de última generación para ejercitar con él en su casa, cuando todavía su precio era tremendamente desorbitado. Madonna, Julia Roberts, Gwyneth Paltrow, Jennifer López, Claudia Schiffer, y entre el 'star system' español Alejandro Sanz, Bertin Osborne y Ainhoa Arteta... han reconocido sin tapujos que las utilizan cotidianamente para mantenerse en forma.
En parte por culpa de esta gran atracción que las plataformas despiertan en los famosos, en los últimos años su uso se ha popularizado y ahora el gran público puede acceder a ellas a través de varias cadenas de gimnasios, centros de salud y belleza, clínicas de rehabilitación y centros especializados en estos equipos. También es posible adquirirla para uso particular, aunque su coste sigue siendo bastante elevado -se sitúa entre los 2.600 y los 14.000 euros, dependiendo de los diferentes modelos y prestaciones-.
La retahíla de objetivos que pueden llegar a alcanzarse gracias a un uso adecuado de las plataformas es interminable. En cuestiones de salud, sirven para «combatir la osteoporosis, y mejorar la calidad de vida de personas mayores, para las que es más difícil hacer ejercicio físico cuando llegan a cierta edad», según señala Gerard Mora, investigador del Instituto Nacional de Educación Física de Catalunya (INEFC). Es además recomendado su uso para mujeres que han pasado o se acercan a la menopausia, pues el «microimpacto repetido y controlado que ofrecen los equipos provoca calcificación en los huesos».
Dieta y ejercicio
En el campo del fitness y el deporte son «un complemento al trabajo de la fuerza, que permite dar más variedad al entrenamiento y trabajar en menos tiempo un grupo muscular, con unos resultados que no podrían conseguirse con otros ejercicios en ese corto espacio de tiempo»- apunta Néstor Serra, jefe de producto del grupo de gimnasios DIR, uno de los centros pioneros en la incorporación de las plataformas en sus salas de fitness. Serra también indica el uso beneficioso de esta tecnología para la «recuperación de lesiones y operaciones o problemas con roturas» y para «reafirmar zonas del cuerpo, como los glúteos, abdominales, piernas o pectorales». La tan deseada pérdida de peso puede lograrse «siempre que se combine con una dieta adecuada y otros ejercicios complementarios».
Existen dos tipos de máquinas: La plataforma vibratoria, que vibra en las tres dimensiones del espacio, es la más común; suele ser utilizada en los centros de fitness y de alto rendimiento, y su marca más conocida es Powerplate. La plataforma oscilatoria, que oscila de un lado a otro, es más usada en rehabilitación y se comercializa principalmente con la marca Galileo. Ofrecen varios niveles de potencia y exigen posiciones diferentes sobre su superficie, dependiendo de la zona del cuerpo que se quiera trabajar. Será necesario colocarse de pie, si se pretende reforzar la musculatura de las piernas o los glúteos, o apoyarse sobre los brazos, cual si se realizaran flexiones, en el caso de que se quieran trabajar las extremidades superiores.