El PNV volvió a cargar ayer con extrema dureza contra el pacto suscrito entre el PSE y el PP, que permitirá a Patxi López ser el próximo lehendakari. Durante el Aberri Eguna celebrado en la Plaza Nueva de Bilbao, la formación jeltzale calificó la alianza entre socialistas y populares de «zarzuela española» y vaticinó que el futuro Ejecutivo gobernará «contra la mayoría política y social de este país», que sigue siendo «abertzale».
Fue un Día de la Patria vasca que llegaba cargado de expectación pero que despejó pocas incógnitas. Ni se desveló el futuro de Juan José Ibarretxe ni la estrategia que pondrá en marcha el PNV durante los próximos meses, condicionada, precisamente, por la decisión que al final adopte el lehendakari en funciones: si permanece en el Parlamento como jefe de la oposición o abandona la Cámara, una posibilidad que la cúpula del partido da por hecha.
Se esperaba, también, que fuese un acto de profundo carácter esencialista después de que a lo largo de esta semana el PNV hubiese recuperado su discurso más soberanista y de los encendidos reproches lanzados contra el PSE desde que se confirmó la intención de Patxi López de acceder a Ajuria Enea. Y, asimismo, en la antesala de perder por primera vez en su historia el Gobierno vasco, se vaticinaba una mayor emotividad ambiental.
Sin embargo, no fue así. Cuestiones como el derecho a decidir o las alusiones a la «nación vasca» de siete territorios quedaron relegadas a un muy secundario segundo plano. El eje central del discurso fue otro: el del reproche generalizado al PSE y al PP por «inventarse» una «nefasta coyuntura que nos pretenden imponer», según señaló el presidente del partido, Iñigo Urkullu, quien en todo momento se esforzó en poner a socialistas y populares la etiqueta de «españoles».
En el mismo tono de dureza que viene utilizando desde el 1 de marzo, el máximo responsable del Euzkadi buru batzar insistió en que se ha reforzado «el concepto de excepcionalidad de lo vasco» con un pacto que se «ha cocinado desde Madrid» y que es «frentista». Una «nueva etapa» que el PSE y el PP van a iniciar «desde la trampa y el engaño» y «contra la mayoría social» porque Euskadi «es algo secundario» para ellos. En tono peyorativo, admitió que se había equivocado al definir el acuerdo entre Patxi López y Antonio Basagoiti de «antinatura». «Es el pacto español», subrayó.
Incluso volvió a aludir a una supuesta motivación partidista e interesada en los procesos de ilegalización de las marcas de la izquierda abertzale afín a Batasuna. Según Urkullu, socialistas y populares «han urdido» una Ley de Partidos «a conveniencia de ellos» y en «su propio beneficio».
Un discurso que sintonizó con el que minutos antes había ofrecido Ibarretxe. Vitoreado por el público que abarrotaba el recinto del Casco Viejo bilbaíno, el lehendakari en funciones insistió en que el PNV es el «líder natural de este país» y que, aunque el pacto PSE-PP tiene «legitimidad», se trata de una alianza para «quitarnos y quitarme de enmedio». Una entente que, advirtió, no está diseñada para el «corto plazo», sino que aguantará a pesar de las discrepancias que PSE y PP puedan mantener en el resto de España porque, según Ibarretxe, estas dos formaciones están dispuestas a establecer en Euskadi un «microclima». Frente a este escenario, subrayó que «con serenidad, nos toca liderar este país».
«Centralidad»
Pero también fue un Aberri Eguna destinado a sosegar los ánimos de los afiliados más pragmáticos, de los que, aun rechazando la alianza PSE-PP, temen un radicalización en los planteamientos peneuvistas. «Desde este discurso que es muy crítico con los socialistas, queremos emitir también un mensaje tranquilizador para el conjunto de la sociedad vasca y motivador para la militancia del PNV», afirmó Urkullu, quien realizó un esfuerzo dialéctico y pendular para conjugar en un único discurso dos argumentos, no contradictorios, pero sí distantes.
Junto al lado más reivindicativo, el presidente del PNV aseguró que su partido actuará en la oposición desde la «responsabilidad». En un intento de desbaratar los vaticinios de quienes sostienen que el partido jeltzale se 'echará al monte' tras perder el poder, Urkullu comparó la actual situación con la que hubo durante la Guerra Civil. «Somos los herederos de quienes se opusieron a destruir la industria y la economía de nuestro pueblo ante la inminente llegada de Franco. Por encima del fascismo estaba el pueblo», proclamó Urkullu. Si el PNV actuó entonces de esta manera, ahora «sabremos tomar, desde la centralidad, las decisiones correctas».
Aun así, el líder del EBB mandó otro mensaje a navegantes. Esa «responsabilidad» no tiene por qué conllevar un acercamiento a los socialistas. «Que no se confunda con sacarles las castañas del fuego», recalcó antes de recordar a los militantes que «pronto, la bandera española ondeará en Ajuria Enea». «La nuestra es la ikurriña», matizó.