De un tiempo a esta parte, el intercambio de casas en vacaciones está empezando a cuajar en España. Y ahora que la crisis económica invita a la austeridad, las empresas del sector ya se frotan las manos. El asunto tiene gancho: las familias se ahorran el alquiler de un apartamento o la estancia en un hotel, lo que puede suponer cerca de un 50% de los gastos habituales del veraneo. Muy tentador. A estas alturas, cada vez más gente apuesta por el trueque; lo mismo si son de Hanoi que de Camberra, Estocolmo, Caracas, Nueva York o Bilbao.
A ellos no les asusta dar las llaves a unos extraños, coger las maletas y pasar una temporada en el hogar de quienes ocupan su lugar. ¡Que cada uno se sienta como en casa! Vaya invento. Surgió hace más de 50 años en el norte de Europa y en los países anglosajones, sobre todo entre profesores, y ahora se ha generalizado a velocidad de vértigo gracias a Internet.
No hay más que navegar un rato por la Red para toparse con un sinfín de páginas web, ya sean gratuitas o de pago, donde inscribir los datos personales y detallar las características de la vivienda, bien la habitual o la segunda residencia. Usted decide. ¿Que le apetece irse a San Francisco? ¿O mejor a Sevilla? Busque entre los socios, mande un correo electrónico a los candidatos ideales y espere. Tranquilamente, por supuesto. Le hará falta paciencia y mucha suerte. Hay anuncios que llevan meses ahí colgados, sin un triste mensaje en la bandeja de entrada. Otros, en cambio, han recibido una docena desde Navidades.
Claro que una vez que obtenga respuesta, la intriga seguirá sin resolverse. Es importante despejar unas cuantas incógnitas: ¿Hay que cuidar a los gatos que conviven con la familia? ¿El intercambio también incluye el coche? ¿Y el yate? Todo eso y mucho más se resuelve entre los particulares, con un pacto entre caballeros que «no suele dar mayores problemas, sólo alguna que otra cosilla...», apunta la directora y fundadora de Intercambiodecasa.es, Estíbaliz Martínez Urrutia.
FAMILIA INSUA
Legutiano
«Me apunté al verlo en una película»
Muchos habrán visto las pasadas Navidades 'The Holiday' ('Las vacaciones') en la tele. Pero muy pocos se habrán animado a seguir los pasos de Kate Winslet y Cameron Díaz. ¿O no? De entrada, aquí tenemos a Carmen Ortiz, una alavesa que no tardó ni media semana en tirarse de cabeza a la Red, en busca de una página web donde apuntarse. «Sí, sí, todo fue por la película. Me enganchó la idea de sumergirme en otra cultura, vivir como la gente de allí, comprar en la panadería de su barrio...». Es decir, ni sufría de mal de amores ni esperaba encontrarse con Jude Law, como le pasaba a Cameron Díaz en el film.
Carmen es una mujer que se anima sola, sin necesidad de que nadie ni nada le dé un empujoncito. Al contrario: es ella quien arrastra al personal. Su marido, Fran Insua, tenía sus dudas pero ni se le ocurrió ponerle trabas. Tanta energía no se puede contener así como así; a Carmen se le queda pequeña su vivienda habitual, un adosado en Legutiano. «Es que me aburro. Me han dado una minusvalía por un problema que tengo en el brazo derecho y ahora no paro de hacer cosas. Mientras mi marido trabaja de operario en Michelín, yo restauro muebles, pinto, estudio inglés por Internet...» Esto último, dice, le vendrá de perlas cuando se vayan de intercambio a Amsterdam entre el 25 de abril y el 5 de mayo. Eso para empezar, pues en julio acogerán en Legutiano a una familia parisina y, al mes siguiente, serán ellos quienes vivan como huéspedes en la Ciudad de la Luz.
De modo que van probar los dos tipos de intercambios: el simultáneo y el que suelen llamar 'de hospitalidad'. «Con el primero, vas a tu aire. Tú estás en la casa de ellos y ellos en la tuya. El otro te obliga a ejercer de anfitrión. ¡Eso me encanta! Yo ya tengo muy buena relación con Muriel, la francesa con la que contacté; es de París, ha fundado una ONG en Vietnam y yo recibo a dos niñas de Chernóbil en casa durante el verano. Hemos descubierto que tenemos muchas cosas en común».
Le pone empeño, aunque a veces se desanima. «Es que me gustaría incluir buenos 'links' en mi página... Pero en Euskadi no tenemos 'webs' atractivas, con fotos que llamen la atención y vídeos. ¡Qué mal nos promocionamos!», se queja. Sobre todo piensa en el padre de la familia holandesa, que es etnólogo «y se muere de ganas por conocer las costumbres y gastronomía de el País Vasco». Carmen, mientras tanto, sigue estudiando inglés. No pierde comba.
FAMILIA SÁNCHEZ
Bilbao
«La experiencia fue muy bonita»
A Luis Sánchez le costó consolar a sus hijas. Las pequeñas, de 8 y 10 años, se habían ilusionado con irse una temporadita a Venecia. Y no de hotel, sino a una casa. No era mala idea. «Después de lo bonita que fue nuestra primera experiencia de intercambio, en París, estaban animadísimas. Pero, ay, no pudo ser. Lo dejamos para 2010». Se tendrán que conformar con Niza, donde pasarán quince días en agosto.
Las niñas no querían repetir país, pero su padre ya las ha encandilado con «un paseo por el norte de Italia». Y es que Luis siempre suena convincente: «Este sistema me parece muy valioso, sobre todo para ellas. Me interesa que conozcan otras formas de vida; cosas cotidianas como ordenar la basura de una manera diferente, hacer los recados, ver otras gentes... ¡Eso enriquece mucho!». Por eso se inclinó a favor de la permuta. Le dio unas pocas vueltas y se convenció.
«Me registré en una página web hace un par de años. ¿Por qué no? En esta vida hay que saber confiar. Después de todo, tú vas a la casa de ellos. ¡Es algo recíproco!». Ni se le pasaba por la cabeza hacer un inventario de sus pertenencias para verificar, al regreso, que no faltara nada. «No merece la pena. Lo único de valor que tengo es el piano y eso nadie se lo va a llevar».
Su mujer, Carmen Etxezarreta, no lo veía tan color de rosa. Le llevó su tiempo hacerse a la idea. «Pero ahora se lo recomienda a todo el mundo. Es una defensora entusiasta del intercambio», aclara su marido. Ambos son profesores -ella en un colegio de Primaria, él en un instituto- y piensan viajar tan lejos como se lo permita su presupuesto. «De momento, Canadá y Australia están descartados. Eso sí, paso a paso, no pensamos parar. Siempre habrá para elegir. Nos están llegando bastantes ofertas». Ahora bien, el año que viene toca Venecia. Sin falta. Que las reinas de la casa, Inés y Amaia, no se han olvidado de las góndolas.
FAMILIA ETXEBERRIA
San Sebastián
«Tengo un amigo que les dejó hasta el barco»
Siempre le han gustado las fórmulas alternativas a la hora de pasar las vacaciones. Busca comodidad y ahorro. ¿Quién no? La diferencia es que Joseba Etxeberria da el salto. O al menos, lo intenta. «Con la multipropiedad no me fue bien. No llegué a tramitar nada porque, en fin, los míos no terminaban de entender eso de comprar una casa sólo por unas semanas». Ahora ha tenido más suerte: su pareja, Nerea Erkiaga, no ve con malos ojos el trueque. Aunque igual no se preocupa por la sencilla razón de que todavía no han apalabrado nada.
«Hace dos meses, colgué en Internet los datos de mi apartamento de Donosti. Pensaba que nos llegarían muchas propuestas... ¡Pero no pierdo la esperanza!», confiesa relajado, mientras apura su jornada de descanso en la cooperativa donde trabaja. Ya habrá tiempo de que cuadren las fechas. De momento les toca quedarse en Euskadi; y en el verano, se darán una vuelta como casi siempre por Andalucía. Un cielo despejado tira mucho, de ahí que les haga especial ilusión «conseguir un intercambio en las islas». Aunque está de acuerdo en que un piso con vistas al mar en San Sebastián no es mal consuelo. Si hace buen tiempo, claro.
La pequeña Ane, de cuatro años, lo sabe muy bien. Seguro que no le importaría disfrutar de unos días lejos, muy lejos de los nubarrones, y dormir «en un sitio acogedor, un hogar como el suyo». Joseba está convencido de que eso no se paga con dinero; y nunca mejor dicho. «¡Es un chollo! Tengo un amigo que marchó de intercambio al norte de Europa y le fue estupendamente. Les dejó la casa, el coche, el barco... La confianza fue total. Yo, la verdad, también me atrevo. Todo es cuestión de probar».