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Sociedad

12.04.09 -

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La Cruz Roja le ayudó a presentar la solicitud de retorno humanitario en octubre pasado y espera regresar a Bolivia a finales de este mes o a comienzos de mayo; pero lo considera un paréntesis vital. «Volveré dentro de unos años», asegura Facundo Canabiri, inmigrante de 35 años, casado y con tres hijas, que llegó solo a Bilbao durante la Navidad de 2006 y que desde entonces ha subsistido en la economía sumergida, pues no ha conseguido el permiso de residencia.
El caso de Facundo, que acepta conversar sobre su situación, pero es remiso a hacerse una fotografía, es el de muchos 'irregulares' que, al carecer de estabilidad laboral y personal, emprenden el viaje de vuelta consumidos por la añoranza de su familia. «En Bolivia, al menos, estás en casa. Tengo una hija de 5 años y quiero verla crecer», explica el inmigrante, a quien la Administración central paga el billete, pero no puede beneficiarse de la capitalización del seguro de paro, porque nunca cotizó. «A los compatriotas que quieren emigrar a Europa, les diría que se lo piensen primero -comenta-. Pero no serviría de mucho. Hasta que no lo vives, nadie te convence».
«Envié algo de 'plata'»
Facundo Canabiri se ha mantenido en el País Vasco a base de trabajos que le duraban entre dos meses y una semana. «Me llegaba para alquilar mi propia habitación: 300 euros al mes. Aunque durante unos meses me ayudó Cáritas. También envié algo de 'plata' a mi familia y pagué una parte de lo que había pedido prestado para venir al País Vasco. Te cobran 2.200 euros por avión y por un 'tour' de hoteles. Todo por adelantado, aunque luego no los utilices. Hay gente que se hipoteca para hacer el viaje».
Cuando no encontraba empleo, Canabiri, que en su país trabajaba en la construcción, se apuntaba a cursos de formación del Gobierno vasco: de cocina, de albañilería, de pintor. «Pero pasaba el tiempo y no conseguía 'papeles'. Y para los trabajos te piden documentación», se lamenta.
Reconoce que la crisis 'aprieta', sobre todo a los 'irregulares' como él. «Pero si me vuelvo a Bolivia no es exactamente por la economía», precisa. «Es cierto que influye, y más si la sufres en un país que no es el tuyo. Pero mis hijas están creciendo y no puedo estar con ellas».
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