«De ser 'el partido' a ser 'un partido' es un tránsito largo, duro y doloroso». El abogado Txema Montero sintetiza con esa frase la reflexión abierta en el seno del nacionalismo institucional ante el nuevo escenario que plantea su previsible pase a la oposición frente al Gobierno de Patxi López. Montero disecciona las claves de actualidad, desde la crisis económica a la situación de una izquierda abertzale radical en la que intuye cambios y que no ve en el futuro como aliada del PNV.
-Usted dijo que el tránsito de ser 'el partido' a ser 'un partido', por el PNV, suele ser «largo, duro y doloroso».
-Lo he señalado en un escrito dirigido al propio PNV. Lo encuadro en lo que califico la tectónica de placas en el sistema de partidos políticos en este país, Por un lado, el tránsito del PNV, en su tránsito de ser 'el partido' a ser 'un partido'. Por otra parte, la izquierda abertzale que, finalmente, ya no tira de la manga del PNV como el hijo pródigo con el padre, sino que ha llegado a la conclusión, creo que feliz para todos, de que tiene que salvarse sus propias alubias políticas por sí misma. Y es una situación que tiene aspectos positivos y negativos para el PNV. El positivo es que pasa a la oposición con un buen resultado electoral y con la unidad interna recompuesta. Y negativo, que esto no es coyuntural. El Gobierno del PSE con el apoyo del PP es estratégico, de largo recorrido. Yo discrepo de quienes piensan que es flor de un día y que de aquí a unos meses va a saltar. La paradoja es que ocurre en el momento en que el Ejecutivo de Zapatero está más débil.
-¿Cree que el PNV está sabiendo interiorizar la pérdida del poder?
-Sí, pero ese proceso le está durando ya demasiado. Y este debate sobre la falta de legitimidad de Patxi López para ser lehendakari me empieza a recordar muy desagradablemente a la posición del PP después del 14 de marzo del 2004. En una democracia representativa, legalidad es igual a legitimidad. Te parecerá justo e injusto el resultado, pero no puedes cuestionar, sin cuestionar todo el sistema democrático, que lo que es legal no sea legítimo. Si se pensaba que esa hipótesis de un gobierno acordado entre el PSE y el PP era ilegítima porque no se podía presentar la izquierda abertzale lo coherente hubiera sido no presentarse a las elecciones, algo que jamás de los jamases se les ocurrió a ninguna de las formaciones que ahora están diciendo esto. Y además es estéril, porque al final la percepción que tiene la sociedad es que estos son unos malos perdedores. Yo puedo comprender que la solución de un gobierno de Patxi López con un apoyo del PP sea incorrecta, lo menos interesante, polémica, con un PP jugando ser gobierno-oposición. Pero el retraso en el duelo es políticamente estéril y bastante desconcertante. Es un debate que debe zanjarse.
Las reglas de juego
-Desde el PNV se dice que este Parlamento tiene un déficit al excluir a esa izquierda abertzale ilegalizada.
-Yo no he visto ninguna propuesta para que el lehendakari sea elegido de una forma directa. Se actúa contradictoriamente. Por un lado, está lo que se desea para la comunidad autónoma, por otro se hace otra cosa en Álava... Si alguien no está de acuerdo con las actuales reglas de juego electorales, que haga propuestas concretas.
-Argumentan que la Ley de Partidos ha alterado las reglas de juego.
-A la izquierda abertzale ilegalizada la vi en posición muy crítica con Ibarretxe. El sentido de su voto no era de apoyo a Ibarretxe. Yo considero inaceptable la Ley de Partidos, pero es otra cuestión. La izquierda abertzale se ha emancipado políticamente del PNV. Si vuelve a la legalidad, lo que puede ser posible si desaparece ETA de la escena política o queda minimizada su influencia, y es algo que puede ocurrir bastante pronto, no va a coincidir con la dinámica planteada entre nacionalismo y antinacionalismo. Esa izquierda abertzale del futuro no va a ser la aliada del PNV.
-¿Teme que la llegada de Patxi López suponga de verdad un retroceso en el autogobierno o el euskera?
-No me atrevería a decirlo, eso tendría que verlo por mí mismo, pero por la mala compañía con la que accede, el PP, sí. El PP sabe que no se puede hacer algo sustancialmente diferente en las políticas económicas y sociales. El problema es si la presión del PP va a incidir sobre elementos de alto capital simbólico, sobre las cuatro 'E': euskera, Ertzaintza, EITB y Educación. Y los populares van a actuar como el mercader de Venecia: pedirán que la deuda se salde por una libra de carne lo más próxima al corazón. El PP ha descubierto en Euskadi que es casi más importante tener influencia que tener poder. Y eso en un país como el nuestro, en el que nunca hemos tenido un conflicto comunitario sino un conflicto ideológico, se puede ver como un retroceso. Detecto un peligro de frentismo, aunque con un elemento, la gran capacidad de autocontrol que tiene la sociedad vasca. Los vascos hemos aprendido una gran lección en los últimos 30 años, sabemos que la utopía tiene un precio y si ese precio es alto no estamos dispuestos a pagarlo.
-Mire la polémica por la elección de Arantza Quiroga.
-Pudiendo tener una candidata bilingüe como Laura Garrido, el PP ha antepuesto sus intereses territoriales. Pero, además, me parece igual de relevante que la presidenta del Parlamento vasco sea una católica integrista. Es un mal comienzo. Que la presidenta de la segunda institución en nuestro país tenga este perfil católico integrista se da de patadas ante una sociedad vasca que es cada vez más laica y más abierta.
-¿Cómo cree que puede influir en el nacionalismo histórico la pérdida del soporte de las instituciones?
-Pues para empezar nos vamos a situar en algo novedoso. Es la primera vez que el nacionalismo pasa a la oposición sin hecho traumático o una acción de armas. Es un aprendizaje que siempre tiene aspectos positivos. Los últimos 30 años de acción institucional del nacionalismo vasco han sido muy importantes. El PNV ha aportado la bandera, el Gobierno vasco, EITB, la Ertzaintza..., pero le queda algo pendiente, que es dotar al Parlamento de su auténtico contenido como el foro del debate nacional vasco.
-Usted también le pide un examen introspectivo.
-En 30 años ha estado en las instituciones y ha gestionado, pero eso no es hacer un país. Lo que falta es ensanchar los términos de la democracia participativa. Estoy pensando en los Estados Unidos, en donde las comunidades pueden discutir hasta las políticas de seguridad.
-Usted ha sido crítico con determinadas iniciativas del nacionalismo institucional. ¿Cree que hace falta una mayor autocrítica?
-Yo no pido a nadie que haga un 'strip-tease' político, pero se equivocan los nacionalistas que piensan que querer es poder. Primero porque no es cierto, pero segundo porque si fuera así tendríamos el conflicto permanentemente establecido en este país. Esas iniciativas han sido en parte revoluciones desde arriba, propuestas políticas interesantes y novedosas, pero que no estaban asumidas como tales por una gran parte de los ciudadanos, que incluso les parecía bien pero no estaban dispuestos a comprometerse. Faltaba entusiasmo. Y esa falta de entusiasmo era definitoria de un país que estaba en proceso de cambio y en el que el elemento central de la política es que ha dejado de ser el dosel central de la vida pública.
-Se suele decir que lo que necesita el PNV es su Bad Godesberg, el congreso del SPD alemán en el que renunció al marxismo.
-Todos los partidos lo necesitan. Pero aquella renuncia no supuso la renuncia a la lucha por la libertad, por la igualdad, por la participación de los ciudadanos en la vida pública... Si al PNV se le pide renunciar al independentismo, que sería el equivalente del marxismo, creo que no debería hacerlo si no tiene claro cuáles son las alternativas. Si por independentismo se entiende tener un Estado vasco independiente, sí creo que es un objetivo renunciable, como fue Bad Godesberg. Pero si esta renuncia al independentismo supone rechazar a partir de ahora la reclamación de un mayor poder político para una comunidad, no estoy de acuerdo. Paradójicamente no hay otra cosa que revele con claridad el hecho diferencial vasco que la constatación de que Euskadi es el único sitio donde se ponen de acuerdo PSOE y PP. Para mí el objetivo pasaría por tener nuestra propia planta institucional dentro del Estado español teniendo reconocido constitucionalmente el hecho constitucional vasco, es decir constitucionalizar el nacionalismo dentro de la Constitución española desarrollando la Disposición Adicional de los derechos históricos y, por otro lado, tener reconocida nuestra institucionalidad dentro del proceso de constitución europea.
Búsqueda de Jerusalén
-ELA afirma que el derecho de autodeterminación debe ser objetivo estratégico.
-Se nos tiene que decir qué se nos promete. ¿El largo recorrido por el desierto 30 años como Moisés? No es ni adecuado, ni necesario ni interesante. La sociedad está reclamando cosas concretas para cinco a diez años. Meter a la sociedad vasca en la búsqueda de Jerusalén es someterla a una gran esquizofrenia. La clarificación política en este país pasa porque la vida personal y la social y política vayan lo más en paralelo posible.
-¿Usted vislumbra movimientos en la izquierda abertzale?
-Lo que está pasando en la izquierda abertzale es como si el Papa se levanta un domingo por la mañana convencido de que ya no cree en Dios y se pregunta cómo tiene que decírselo a los fieles desde la plaza de San Pedro. La izquierda abertzale ya no cree en la lucha armada. La cuestión es cómo se acaba esta historia. Unos piensan que si se acaba con una desafección total, una condena de ETA, se niega su inmediato pasado político. Y el segundo problema no menor es que quede un sector 'auténtico' que puede seguir. Ninguna de las dos cosas les va a suceder si hacen esa desafección. La derrota policial y judicial de ETA es un hecho. La cuestión no es que vaya a haber rescoldos, que puede haberlos. Tienen que tomar decisiones las personas que por su conocimiento, su liderazgo, no pueden esperar que los demás decidamos por ellos y les pongamos una pista de aterrizaje. Y creo que no lo están haciendo así. Todos en el Parlamento, por eso estoy hablando de la importancia que tiene ese foro, debemos hacer el gran debate de cómo incorporar a la sociedad civil a toda esta gente. Tengo claro que, si hay cualquier nueva cosa, tiene que empezar por el final. Lo primero que debe hacer ETA es entregar las armas y decir que se disuelve. A partir de ahí hay que ver cómo en sede parlamentaria buscamos la participación política.
-¿Otegi le resulta creíble?
-No, a Otegi es al que menos credibilidad le doy porque es un hombre que ha tenido zigzagueos. Prefiero que hablen los que han estado callados en el seno de la izquierda abertzale.