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Alemania pide a EE UU que retire las bombas nucleares de su territorio
12.04.09 -

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Fin a las reliquias de la guerra fría
Un tanque norteamericano sale de un avión de transporte en una base germana. / AP
La pequeña localidad de Büchel ubicada en la idílica región de Eifel en el land de Renania Palatinado tiene 1.263 habitantes y sólo 12 son extranjeros. Pero este pueblo goza ahora del raro privilegio de haberse convertido en una atracción política nacional y europea por un discurso que pronunció Barack Obama hace una semana en Praga. El mandatario estadounidense expuso, en la capital checa, su visión de un mundo libre de armas nucleares.
La recuperada fama de Büchel se sustenta en que es la base del escuadrón de cazabombarderos 33 de la Lutwaffe. Según la página oficial en Internet de la Fuerza Aérea germana, su misión es asegurar, con la cooperación de los aliados de Alemania, la paz en Europa y vigilar desde el aire las instalaciones militares que aún posee Estados Unidos en el país.
Pero la Lutwaffe elude la existencia de un moderno depósito subterráneo construido por el hombre a comienzos de los noventa y cuyo acceso está vigilado las 24 horas del día de manera electrónica. En este lugar reservado y protegido por un centenar de especialistas estadounidenses, descansan unas 20 bombas atómicas yanquis del tipo B-61, que pueden ser transportadas por los aviones de combate teutones.
Como es lógico, la existencia de estos proyectiles es un secreto militar. Y jamás Washington y Berlín han querido reconocer de modo oficial que Büchel es el último 'santuario' en territorio teutón que alberga parte del arsenal atómico que desplegó el ejército estadounidense cuando reinaba en el viejo continente el fantasma de la guerra fría.
Secretismo
Pero ese secretismo concluyó gracias al discurso de Obama frente al Castillo de Praga. «Declaro claramente y con convicción el compromiso de EE UU de buscar la paz y la seguridad en un mundo sin armas nucleares», dijo el presidente ante más de 20.000 personas. «Como potencia nuclear, como el único poder nuclear que ha hecho uso del arma atómica, Estados Unidos tiene la responsabilidad de actuar», añadió.
La visión de Obama de un mundo sin explosivos de este tipo cautivó al ministro de Asuntos Exteriores alemán y vicecanciller, Frank-Walter Steinmeier. Sin pensarlo dos veces y tampoco sin consultárselo a la canciller, Angela Merkel, el socialdemócrata anunció que activaría una delicada negociación con la Casa Blanca para retirar las reliquias de la guerra fría de territorio germano.
«Desde un punto de vista militar, esas armas están obsoletas», aseguró el ministro y actual candidato de su partido para el cargo de canciller. Este anuncio, que persigue lograr que Alemania destierre el arsenal atómico 20 años después del final de la guerra fría, fue aplaudido por los tres partidos de la oposición, Los Verdes, La Izquierda y el partido Liberal. Desató, sin embargo, una nueva polémica interna en el Gobierno de gran coalición y una abierta confrontación con la jefa del Ejecutivo.
Merkel y su grupo, la CDU, sostienen que la existencia de este arsenal refuerza la influencia del país en la OTAN. «Sólo los países donde se encuentran guardadas bombas atómicas estadounidenses pueden hablar con autoridad en la OTAN», reza el postulado oficial del partido.
La polémica que nació en Berlín puede contaminar a Bélgica, Holanda, Italia y Turquía, cuatro países miembros de la OTAN y donde aún hay varias decenas de artilugios nucleares.
La base italiana de Aviano, por ejemplo, sigue estando considerada por Washington como un punto estratégico. Habría, de hecho, unos 50 proyectiles, según fuentes no oficiales. El otro centro militar transalpino en Guido Torri, que alberga unos 40 artefactos, estaría a punto de ser declarado territorio libre de armas atómicas, si Washington accede a la petición de retirar su arsenal.
Los asentamientos de Volkel en Holanda y Klein-Brogel en Bélgica, con entre 20 y 40, se encuentran amparados por un interesado manto de silencio, pero su aparente tranquilidad podría llegar a su fin si Alemania tiene éxito en la cruzada que anunció el ministro Steinmeier. ¿Qué gobierno europeo podría resistirse a la tentación de exigir la retirada del arsenal nuclear estadounidense si Berlín logra que Washington desmantele sus bombas de Büchel?
Sin valor militar
Turquía, en cambio, representa un caso especial. Aunque la presencia de artefactos atómicos en la base militar ubicada en Inçirlik, que alberga unas 50 bombas, es bastante impopular en el país, la élite militar otomana la considera un componente importante de su relación con EE UU. «Una retirada podría afectar a la percepción que tiene Ankara de su seguridad en caso de enfrentarse con un Irán con capacidad nuclear», señala un estudio reciente del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.
El número total de explosivos nucleares que Estados Unidos tiene desplegado en Europa -una información clasificada como secreta- puede variar entre 150 y 350. Eso sí, todos se encuentran bajo control norteamericano, aunque el armamento es transportado por aviones militares europeos.
Pero según un informe de una comisión de expertos que llegó en diciembre pasado a manos del actual secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, el arsenal nuclear conservado en Europa carece de «valor militar» y su custodia y mantenimiento consumen un «dineral».
Peor aún, el miedo al terrorismo fundamentalista obligó a los responsables a replantearse la cuestión de la seguridad en las bases nucleares, después de que se señalara que no en todas las instalaciones se cumplía con los parámetros de seguridad en el perímetro que se encuentra bajo responsabilidad del país anfitrión, como es el caso de la base de Büchel.
«Declaro con convicción y claridad el compromiso de buscar la paz y la seguridad en un mundo sin armas nucleares», dijo Barack Obama en Praga. Una pequeña parte de su magnifica visión podría hacerse realidad en Europa, si Frank-Walter Steinmeier consigue cobrarle la palabra.
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